Borja Terán  Periodista
OPINIÓN

La receta del éxito de Karlos Arguiñano: sus 7 ingredientes sin fecha de caducidad en televisión

Karlos Arguiñano.
Karlos Arguiñano.
Atresmedia

Karlos Arguiñano ha logrado un hito: 30 años en la televisión nacional triunfando en audiencias solo con una cámara y una encimera. Arguiñano no necesita más para cocinar una receta televisiva perfecta que se resume en 7 ingredientes guisados con ingenio, talante y mucho carisma.

1. GUISOS PARA TODOS LOS PÚBLICOS. Arguiñano podía haber elegido lucirse como chef, pero ha huido de esferificaciones y otras impresionantes piruetas gastronómicas para divulgar la cocina que está al alcance de todos. Todas sus recetas se pueden hacer desde casa sin sofisticaciones tecnológicas y con ingredientes que están en la tienda de la vuelta de la esquina. Al final, su programa es un homenaje a la cocina de siempre, al saludable guiso de la abuela. Es accesible, es útil.

2. LA GENEROSIDAD DE COMPARTIR. El buen comunicador no tiene reparo en compartir su vida. Arguiñano no se queda en la explicación técnica y argumenta desde la anécdota de su curtida experiencia. Así se le entiende mejor y genera un todopoderoso vínculo de complicidad con una audiencia que se siente implicada con su día a día. Porque conocen sus gustos, sus errores, sus ilusiones. Porque Arguiñano es transparente. No tiene miedo al qué dirán. Incluso se moja en temas políticos. Siempre marcándose con astucia el límite de huir de imponer trincheras e intentar tender puentes. Con la inteligencia de hacer el ejercicio de no caer en la mofa con aquello que no conoces. Y todo mientras no deja de cocinar para que no exista un silencio incómodo. Aunque esté solo ante la cámara, que él mismo limpia cuando se empaña la lente por el humo de la cazuela.

3. FRASES HECHAS, PERO PROPIAS. Arguiñano cocina bien, pero además se enrolla bien. No dice frases vacías para rellenar tiempo, directamente proporciona conocimiento profesional o personal. Sin embargo, cuando un comunicador está tanto tiempo solo delante de la cámara es fácil que caiga en frases hechas. Es normal, pero también puede ser fatal. Lo astuto es crear el as en la manga de tus propias frases hechas que se terminan convirtiendo en seña de identidad. Arguiñano lo hizo espontáneamente con sus 'rico, rico' y sus 'con fundamento'. Coletillas que se popularizaron socialmente. Como también fue sabio en firmar los platos con su popular perejil, otro símbolo. Arguiñano entendió la importancia de crear iconografía en la pantalla para no ser uno más, transmitir estilo propio y reconocible. En definitiva, calar con entidad en el imaginario colectivo.

4. GRABAR A TONO CON LA ACTUALIDAD. Un programa de cocina podría estar enlatado desde hace meses. Se graban todas las emisiones de un mes en una maratoniana jornada y listo... a vivir. Pero Arguiñano graba cada una de las entregas de su formato estrechamente cerca de la emisión para ir conversando con el espectador de aquello que acontece. Cada programa está conectado con la realidad del momento. Lo que propicia que en la cocina se produzca un clima especial de compromiso con aquello que preocupa. Un punto de encuentro donde se habla de todo con la tranquilidad de los fogones y sin la trascendencia de un plató de debate o información.

5. ROMPER LA CUARTA PARED. Otra de las claves de la buena televisión es la habilidad para saber cuándo se puede desmontar la propia dinámica del programa. Así Arguiñano implica a la audiencia mostrando su huerta o directamente grabando vídeos amateurs de él mismo, que retratan una estampa costumbrista de, por ejemplo, el puerto o el campo. Casi como cuando tu tío te envía un vídeo por Whatsapp. De esta manera, hace más partícipe aún a la audiencia de su trabajo. Es uno más de la familia.

6. CUIDAR LOS PERSONAJES SECUNDARIOS. Y, hablando de familia, los programas de Karlos Arguiñano desde sus inicios han incorporado otros personajes. Al principio, eran invisibles. Arguiñano en 1991 hablaba por una ventana del decorado con un vecino que, en realidad, ni existía. Rápidamente incorporó a su hermana Eva. También ahora sigue la saga su hijo Joseba. Pero incluso también comenta jugadas con la realizadora del programa, aunque no se la vea. O Ainhoa, que da consejos sin necesidad que nadie la presente. Los secundarios que arropan a Arguiñano irrumpen de forma muy orgánica para enriquecer el relato.

7. CANTAR Y REÍR. Cantar y reír se llamaba el primer programa de los payasos de la tele cuando llegaron a TVE en los setenta. Arguiñano tiene la buena ingenuidad del payaso. Cuenta chistes (malos), canta mucho (regular). No tiene sentido del ridículo, pero a la vez tiene sentido de la responsabilidad. La mezcla perfecta. Se atreve hasta a equivocarse. Sabe que divulgar no es incompatible con el entretenimiento que juega en pantalla. Al contrario, la buena divulgación es la que no aburre, engancha. Así ha conseguido tres décadas de éxito en televisión. Haciendo un programa de cocina pensando más en compartir con el espectador que en el lucimiento personalista del cocinero. Por eso a Karlos Arguiñano nadie le llama chef, es simplemente Arguiñano.

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