Una de autocrítica

La socialista Sanna Marin será la primera ministra más joven de la historia de Finlandia.
La socialista Sanna Marin, la primera ministra más joven de la historia de Finlandia.
SDP / EP

La noticia sonaba novedosa, fresca. La presidenta más joven del mundo arrancaba su mandato arriesgando y rompiendo tabúes. Era desde luego todo un golpe de efecto: mujer, 34 años y proponiendo apenas una semana después de llegar al cargo poder por fin conciliar vida y familia, vida y ocio, vida y trabajo. Muchos jóvenes de su edad creen que el modelo de vida establecido es demasiado absorbente, que trabajar largas jornadas apenas sirve, no es productivo, te convierte en autómata y anula tu creatividad. Por no hablar de que hace imposible, en muchos casos, el poder plantear un proyecto familiar o de pareja. Sanna Marin representaba a esa generación. Y por eso la noticia sonaba creíble.

"Sanna Marin proponía una jornada de 4 días y 6 horas diarias de trabajo [...] Tal noticia no existe"

Sanna Marin ha acaparado muchos titulares desde que logró conformar un Gobierno de coalición con mayoría de mujeres, pero este no era cierto. La noticia la recogieron infinidad de medios europeos y occidentales: Finlandia se iba a convertir en el primer país en registrar una jornada laboral de 4 días y de 6 horas diarias de trabajo. Y sin perder poder adquisitivo, cobrando lo mismo. Sanna Marin iba a demostrar que la forma de hacer política de una nueva generación era posible. Pero sonaba demasiado bien como para ser cierto.

No hay ningún proyecto del Gobierno ni de su primera ministra para lograr una jornada laboral reducida, cobrando lo mismo y logrando la conciliación. No es ni siquiera un proyecto que esté ahora mismo en su agenda más inmediata. Tal proyecto no existe. Entonces, ¿cómo ha podido viralizarse así una noticia que no es cierta?

¿Cómo ha podido viralizarse así una noticia que no es cierta?

En agosto Marin participó como ministra de transporte en un foro de su partido. Un foro de discusión sobre medidas para debatir, confrontar, explorar su viabilidad. Y fue ahí cuando Marin propuso efectivamente una jornada reducida, de solo 4 días a la semana y no de 8 horas, sino de 6. Se hablaba de productividad, de lograr que la gente fuera al trabajo feliz, con ganas y aprovechando al máximo el tiempo en su puesto de trabajo. Es la utopía sobre la que se vuelve una y otra vez a plantear esta idea. Pero nadie se atreve a implantarla. Demasiados intereses en juego, quizás.

Medios británicos, belgas, irlandeses, españoles, australianos recogieron la noticia. Y muchos no han rectificado todavía. Y aquí es donde yo sí veo un gran problema. Muchos vais a aprovechar para meternos a todos en el mismo saco, para sacudir a la prensa y ponernos de vuelta y media. Sí. Esta vez tenéis motivos. Y creo que debemos hacer autocrítica. No es momento de cometer errores. No así de graves. Y creo que, más que nunca, es necesario evitar las prisas y volver al oficio, a la base del oficio. Buscar las fuentes y preguntar. Es sencillo.

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