Sarah Morris  Corresponsal británica en España

En el terreno de Mr. Feliz

Activistas por el clima ataviados como zombis en George Square, Glasglow, durante la COP26.
Activistas por el clima ataviados como zombis en George Square, Glasglow, durante la COP26.
Andrew Milligan/EP

La primera vez que visité Glasgow, la actual anfitriona de la COP26, fue en los años 80 y yo tenía unos ocho años, pero jamás olvidé aquella ciudad escocesa. Todas las calles estaban llenas de pegatinas e imágenes de un personaje que conocía bien, Mr. Feliz, de los cuentos infantiles del autor Roger Hargreaves traducidos a numerosos idiomas. El círculo amarillo sonreía desde papeleras, paradas de autobuses y grandes carteles. Encima de él, el eslogan "Glasgow’s miles better", un juego de palabras con "millas" y "sonríe": “Glasgow es mejor por millas”.

Aquella fue una campaña de marketing que daría envidia a cualquier ciudad o país. Capturó la imaginación no solamente de una niña pequeña viviendo entonces en Edimburgo, sino también la de los propios ciudadanos de Glasgow e inversores y turistas, locales e internacionales. Como contó su entonces alcalde laborista, el Dr. Michael Kelly, a la BBC: "Las personas empezaron a ver la ciudad desde una perspectiva más adecuada y pudieron tomar las decisiones económicas correspondientes, así que recibimos inversión, empleo". 

Probablemente sin aquella campaña, acompañada de una limpieza de los edificios victorianos manchados por contaminación y de la apertura del museo de arte The Burrell Collection en 1983, Glasgow no hubiera sido la ciudad elegida estas semanas para albergar la COP26, la cumbre más grande hasta ahora en territorio británico. Tiene lugar en un momento clave para el Reino Unido postbrexit que busca un nuevo encaje en el mundo. Es otra oportunidad para brillar para la ciudad apodada como "el querido lugar verde", tarea nada fácil dado el reto que supone para la infraestructura de una ciudad de menos de un millón de habitantes recibir a más de 25.000 delegados y hasta 100.000 manifestantes de todo el mundo durante una pandemia global.

"La COP26 tiene lugar en un momento clave para el Reino Unido post-Brexit que busca un nuevo encaje en el mundo"

Ha habido quejas por la falta de alojamientos y los precios altísimos (fue noticia en BBC Scotland una habitación cuyo precio por noche subió desde los 49 hasta los 1.600 euros), lo que excluye justamente a las personas de los países más necesitados y más afectados por el calentamiento global. Muchos participantes han tenido que aguantar largas colas a temperaturas escocesas durante los primeros días, con la culpa en el tejado de las verificaciones adicionales por la Covid-19. De hecho, el desarrollo de los elementos prácticos de la cumbre está demostrando hasta qué punto lo hizo bien Madrid en 2019 cuando organizó el evento en tiempo récord para sustituir a Chile.

En definitiva, "¿tiene Glasgow lo que hace falta para ser una ciudad mundial?", preguntó David Leask en el periódico escocés The Herald. El periodista subrayó que, aunque se consideró en su momento la segunda ciudad más importante del imperio británico, no llama la atención tanto de las televisiones norteamericanas como la más pequeña Edimburgo, capital de Escocia. Valga de ejemplo la estrella de la CNN, Wolf Blitzer, transmitiendo sus reportajes sobre la COP26 con el castillo de Edimburgo de fondo, para gracia de muchos en Twitter.

Los glaswegians también se sienten incómodos con el foco mundial puesto en su ciudad, escribe Leask, mientras sus políticos se pelean por tonterías y hay basura pudriéndose en la calle por una huelga. Él aconseja tranquilidad: "Glasgow y Escocia no tienen el monopolio sobre la basura, sea en la calle o en la política".

Ciudades y regiones tienen un papel clave en las soluciones para proteger el medio ambiente y por eso asisten alcaldes como Ada Colau, entre otros. Glasgow, en concreto, es una comunidad idónea para aportar a la transición ecológica, dada su experiencia de pasar de zona industrial importante responsable de muchas emisiones de carbón al declive.

"Creo que ser una ciudad mundial es más que nada una actitud cultural", argumenta Leask. "Se trata de abrirse internacionalmente. Se trata de ser abierto a los extranjeros y a las ideas extranjeras". Estos días veremos lo que pueden conseguir todas las culturas del mundo colaborando juntas en Glasgow y los que seguimos la cumbre desde nuestras casas. Quizás haya que tirar del éxito de la actitud positiva de Mr. Happy. Necesitamos colaborar todos para conservar el planeta y saber que estamos construyendo un futuro que es "mejor por millas".

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