El robo de entrevistados en directo: así es la feroz batalla por las audiencias

Momento "patético" en 'Más vale tarde'
Momento "patético" en 'Más vale tarde'
Atresmedia

Iñaki López y Cristina Pardo se quedan atónitos. De repente, mientras realizaban una entrevista vía conexión en directo, un trabajador de otro canal empieza cambiar el pinganillo de su invitada, que se queda desconcertada. "Hay una persona de otro programa que le está quitando el micro, no lo entiendo muy bien", recalca Iñaki López indignado al observar tal interrupción.

Entonces, Pardo hace otro inciso y explica al espectador lo que está viendo y quizá no comprenda: "Estamos en directo con Beatriz y hay una persona de un programa de otra cadena de televisión que le está quitando el retorno para ponerle su retorno y que escuche al otro programa".

En 'Más vale tarde' de La Sexta están conversando con Beatriz Sánchez, hija de una mujer que ha fallecido por ser confundida con una enferma terminal. La crudeza de la historia no impide mercadear sin ética con una víctima que está siendo generosa al narrar cómo murió su madre por presuntamente una negligencia del servicio de urgencias. De hecho, al concluir la entrevista, la propia Cristina Pardo reflexiona: "el código deontológico de los medios de comunicación también es interesante. Porque lo que hemos vivido esta tarde, perdonenme, ha sido un poco patético".

Se ha visto en pantalla representada la presión que sufren algunos trabajadores de la televisión para no quedarse sin la declaración del día. Incluso terminando invadiendo la conexión con el programa rival. Es una situación más habitual de lo que parece, aunque se suela quedar escondida detrás de la cámara.

"La pelea por quitar el entrevistado al compañero es otro síntoma de cómo los programas pierden de vista al espectador"

Los grandes programas de actualidad compiten sin piedad por los entrevistados del día y son capaces de lanzarse a artimañas para que la competencia se quede sin ellos. A veces, lo más sencillo es empezar una entrevista antes que la cadena contraria y no soltar al invitado hasta cuando ya no tenga tiempo de emisión el otro programa. Aunque la entrevista no dé más de sí, se estira la presencia del convidado en conexión a sabiendas que están esperando otros compañeros. De esta forma, la otra emisora pierde la declaración estelar. Otras veces sucede justo a lo contrario: se descartan contenidos después de verlos en otra cadena.

Como consecuencia, en ocasiones se pide una exclusividad a personas que desconocen la feroz batalla por las audiencias y que sólo están haciendo el favor de contar su historia. El robo del invitado es una práctica que es más normal de lo que debiera y, también, evidencia la poca diversidad de prismas que enfoncan las televisiones de hoy: los magacines replican los mismos contenidos. En algunos casos es lógico, por la relevancia de la actualidad, como es el caso de Beatriz, pero otros temas simplemente son calcados por todos por falta de tiempo para esa creatividad que incide en que cada espacio cuente con su personalidad característica, tratamiento único y lenguaje propio.

La pelea por quitar el entrevistado al compañero es otro síntoma de cómo los programas pierden de vista al espectador. Una carrera hacia ninguna parte en la que muchas veces no se lucha por cuidar una entrevista porque se crea imprescindible para la gente. Al contrario, se trata como una egocéntrica moneda de cambio para arañar la décima de audiencia que restas al otro. 

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