Borja Terán  Periodista

Serrat y cuando "en el barullo terminan todos sintiéndose cómodos"

Serrat con Mercedes Milá
Serrat con Mercedes Milá
Movistar Plus

"Es más fácil dar leña, fuego y hachas, que calma y tranquilidad. No sé ya si alguien quiere marcar un camino o no quiere marcar nada y en el barullo terminan todos sintiéndose cómodos", reflexiona Joan Manuel Serrat con Mercedes Milá en 'Milá vs Milá' de Movistar Plus. Se refiere al procés catalán, pero a la vez retrata el rédito que se puede sacar al conflicto atrincherado. Quizá sirve hasta para perpetuarte sin rendir demasiadas cuentas. Da la sensación que no importa tanto construir para alcanzar un objetivo sostenible, directamente la meta es el recorrido infinito de la teatralización de un choque verbal que embauca, despista y del que, al final, es víctima la sociedad.

Un problema que se acrecienta con el modo de uso de las redes sociales. Plataformas como Twitter favorecen un consumo intenso en el que funciona mucho mejor la indignación apasionada que la reflexión serena. Así, como también recalca Serrat en la entrevista con Milá, se devalúan las palabras. Libertad, dictadura. Y pierden su trasfondo, el valor de su significado. Porque se utilizan "a la ligera" como mercancía simplificada para usar y linchar.

Son las consecuencias de la época del 'zasca', término que busca rebatir un hecho para el aplauso colectivo. Aunque lo que se refute sea a costa de olvidar matices y circunstancias de cada situación.

Como consecuencia, las redes sociales dejan en evidencia que la demagogia vende. Y mucho. No es nada nuevo, pero ahora nos influye más: porque lo demagógico que se expande en Twitter obtiene su altavoz en los medios de comunicación. La bola se hace más imparable, pues. 

Es más fácil aumentar audiencia, clics y seguidores exaltando una polémica que intentando argumentar constructivamente. Así que los propios usuarios de las redes se enganchan a lo que indigna porque sienten beneficios de forma instantánea en forma de comentarios, likes y followers, que engordan sus perfiles tuiteros. Es más sencillo crecer en visibilidad exagerando una pelea que planteando espíritu crítico. Lo que propicia otro daño colateral: estamos alimentando un lector creyente, que va a aplaudir o abuchear allí donde le dicen lo que quiere escuchar, mientras que se marcha el lector crítico. Aún no sabemos muy bien hacia qué lugar. Tal vez lejos de las redes a protegerse en la invisibilidad. 

"No sabemos diferenciar entre libertad y liberalismo, dictadura y democracia o derechos y tomar una caña"

Así: juntos, medios de comunicación y usuarios, entramos en una vorágine de enfrentamiento viral que no se reproduce en la convivencia en la calle. No representa a la cotidianidad. Pero lo parece, porque está en las redes sociales que son las actuales fuentes de incesante materia prima informativa. Lo que también se traslada a la política con una teatralización llamativa en busca del retuit exaltado, que (mal) marca la agenda. Y esta realidad sí nos afecta en el día a día, ya que se proyecta cierta sensación de que el enfrentamiento es más rentable para perpetuarse en el poder que el resultado de la buena gestión de lo público. Entonces, si no sabemos diferenciar entre, por ejemplo, libertad y liberalismo, dictadura y democracia o derechos y tomar una caña nuestro estado de bienestar y nuestro porvenir como sociedad va a terminar teniendo un problema. Y grave. Lo rentable del barullo no puede arrasar con todo.

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