Furor ovni

Carmelo Encinas  Asesor editorial de '20minutos'OPINIÓN
Imagen de un Objeto Volador no Identificado (OVNI).
Imagen de un objeto volador no identificado.
DEPARTAMENTO DE DEFENSA DE EE UU

Aquel objeto brillante bajó del cielo a una velocidad inusitada. Era la medianoche de un domingo de julio, había luna nueva y durante unos segundos lo iluminó todo como si se hiciera de día. Así lo percibieron las cinco personas que viajaban en coche por una vía secundaria de la provincia de Segovia y que observaron atónitos cómo el fenomenal fogonazo les permitió ver con nitidez a los vecinos de un pueblo próximo que paseaban por la carretera aprovechando la fresca nocturna de un tórrido verano. El objeto desapareció en la ladera norte de la cercana sierra de Guadarrama y no hubo más.

Si extraordinaria fue aquella visión, aún resultó más desconcertante el que nadie en aquel pueblo, que por unos instantes vieron completamente iluminado, viera nada y que ni siquiera advirtiera la claridad que les hizo momentáneamente visibles a kilómetros de distancia. Ni los servicios meteorológicos ni el grupo de alerta y control del Ejército del Aire registraron nada extraño aquella noche, y aunque ninguno de los cinco ocupantes del vehículo había probado una gota de alcohol, apenas comentaron su experiencia para no ser acusados de beber más de la cuenta, sufrir alucinaciones o ser objeto de chanza.

"Me cuesta imaginar que en un universo  poblado por miles de millones de cuerpos celestes sea el nuestro el único que albergue vida inteligente"

Sé que aquel inquietante episodio es verídico y que fue tal y como aquí lo cuento porque uno de los ocupantes de aquel vehículo era yo. Entonces solo tenía quince años y estaba lejos aún de ejercer el periodismo, pero lo ocurrido me enseñó a no despreciar ningún testimonio por inexplicado o inexplicable que resulte.

Si traigo a colación esta insólita vivencia personal es porque me lo acaba de rememorar el informe que trascendió hace unos días sobre las investigaciones del Gobierno de los Estados Unidos de los 120 fenómenos aéreos extraños presenciados por los pilotos de la Marina norteamericana. El documento, que avanzó The New York Times citando a altos funcionarios de la Administración, determina que la inmensa mayoría de esos fenómenos no tuvieron su origen en pruebas ni proyectos militares de alta tecnología y aunque no afirma que sean naves extraterrestres, tampoco lo descarta.

Este informe del Pentágono ha abierto allí grandes expectativas sobre un tema cuyo interés comparten senadores demócratas y republicanos, que coinciden en exigir una investigación a fondo del asunto y que se dispongan recursos para hacerlo científicamente y llegar hasta el final. Lo descrito por los pilotos de la Armada habla de aparatos con comportamientos erráticos, una capacidad de aceleración hasta ahora desconocida y luces que desafiaban las leyes de la física. Esto último de la luz es lo que más me ha recordado a la experiencia personal de mis quince años.

"El deber de la ciencia es investigar aquello a lo que no se le encuentra explicación"

No piensen que aquella visión de adolescente me sitúa entre los convencidos de las visitas a la Tierra de seres de otro planeta. Es verdad que me cuesta imaginar que en un universo inacabable poblado por miles de millones de cuerpos celestes sea el nuestro el único que albergue vida inteligente. Sin embargo, otra cosa muy distinta es que alguna de esas posibles civilizaciones haya logrado desarrollar una tecnología tan sofisticada como para trasladarse con naturalidad a planetas que están a millones de años luz y venga a la Tierra a hacer turismo espacial. Esto me resulta aún más difícil de imaginar.

El deber de la ciencia es investigar aquello a lo que no se le encuentra explicación y desentrañar los misterios que encierra. Lo de los extraterrestres resulta particularmente excitante y puedo entender el furor por los ovnis que han desatado los papeles del Pentágono. Es obvio que mi buen amigo Iker tiene programa para rato.

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