Lo de Garzón

El ministro de Consumo, Alberto Garzón, interviene en una sesión de control al gobierno en el Congreso de los Diputados.
El ministro de Consumo, Alberto Garzón, en una sesión de control al gobierno.
Europa Press

En la política no basta con tener razón, además hay que saber defenderla, hay que acertar con las palabras para hacer llegar esa razón a los ciudadanos, trabajo que no está al alcance de cualquiera porque los ciudadanos constituyen un complejo magma de cerebro y corazón, razones y emociones. Si tienes razón pero no atinas con las palabras corres el riesgo de que otros, con menos razón que tú y mayor habilidad para manipular emociones ocupen antes el terreno que con tu razón pretendes conquistar.

Ocurre estos días, con las macrogranjas de Garzón. Todo el mundo sabe que tiene razón en lo esencial: si el futuro del sector agroalimentario depende de ese tipo de proyectos, mal futuro es ese. Pero no acertó con las palabras (un ministro no puede andar por ahí diciendo que de su país salen carnes de mala calidad) y pasa lo que pasa: que le están dando hasta en el cielo la boca con la falsa pero emotiva acusación de que "el Gobierno ataca a los ganaderos". Para mayor confusión, el presidente de ese gobierno en lugar de subrayar su coincidencia en lo esencial muestra su incomodidad con lo accesorio.

"Todo el mundo sabe que (Garzón) tiene razón en lo esencial: si el futuro del sector agroalimentario depende de ese tipo de proyectos, mal futuro es ese"

La guinda la pone la vicepresidenta Yolanda Díaz recomendando cuidar una coalición que acaba de cumplir dos años con una salud sorprendente. ¿A quién se lo recomienda, a Sánchez o a Garzón? A todos, porque usa la primera persona del plural y aunque en un primer instante parece una respuesta a Sánchez ("Cuidemos la coalición") el remate apunta a Garzón: "Seamos cuidadosos con nuestras palabras". Ahí, ahí. Cuidar las palabras no solo sirve para amarrar coaliciones sino también para evitar que otros se apropien del territorio a golpe de palabras retorcidas, fake news y demás componentes de la vigente y rampante política emocional.

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