La vida de Greta (Brian)

Greta saluda desde el catamarán a su llegada a Lisboa, donde la esperan medios y ciudadanos.
Greta saluda desde el catamarán a su llegada a Lisboa.
RODRIGO ANTUNES / EFE

A mí el fervor desatado por Greta Thunberg me recuerda un poco al de Brian, el protagonista de una comedia de los Monty Python, al que confundieron con el Mesías, con la diferencia de que este huía de la multitud mientras negaba serlo: "No tienen que seguirme, no tienen que seguir a nadie", gritaba.

No entro en si la menor es producto de lobbies, como publica The Times; o si ella y su familia son generosidad pura. Lo que me deja perpleja es la reacción social suscitada. Por seguridad, en Portugal se tuvo que ocultar dónde se alojaba la menor y, en España, se vio obligada a abandonar la marcha por el clima.

Decía Confucio que cuando el dedo señala la Luna, el necio mira el dedo. Estamos en una situación de emergencia climática, el nivel del mar sube y las emisiones de CO2 también, mientras los científicos alertan de que nos acercamos a un punto de no retorno. En este contexto, Madrid acoge una Cumbre del Clima a la que los jefes de Estado de los países más contaminantes –EE UU, China y Rusia– ni se han acercado; y, sin embargo, nosotros ponemos la lupa en Greta, en si llega en catamarán o en burra.

Pueden hacer la prueba: pregunten en su entorno por la estancia de la menor en el país y les ofrecerán todo lujo de detalles, pero cuestionen por lo debatido en la cumbre y la respuesta será el silencio. ¡Una pena! Dicho esto: ¡Ojalá Greta contribuya a concienciar a la sociedad sobre la necesidad de proteger el planeta! y, ¡ojalá también!, un día se alcance un acuerdo sólido para ello. Mientras tanto, como concluía La vida de Brian, intentemos mirar el lado bueno de las cosas: "Always look on the bright side of life" ("Mira siempre el lado bueno de la vida"). ¡Qué remedio!

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