¿Alguien entiende lo que está pasando?

Un hombre se somete a un test de antígenos en la estación de Guixar de Vigo.
Un hombre se somete a un test de antígenos en la estación de Guixar de Vigo.
Salvador Sas / EFE

Se detecta ahora más concentración de coronavirus en aguas fecales que nunca. Las muertes están creciendo. Aun así, creemos que la situación mejorará en la segunda quincena de enero. 

Veamos los antecedentes. La Ómicron, que es la cuarta variante que va a ser mayoritaria en España después del virus original de Wuhan, la Alfa y la Delta, prolifera en los bronquios de un infectado hasta setenta veces más que la Delta. Sin embargo, en los pulmones prolifera unas diez veces menos. Así que a este virus le gusta dejarse ver, sale con muchísima facilidad para contagiar por doquier.

La proliferación de las variantes del virus SARS-CoV-2 en las 38 depuradoras de aguas fecales donde se analiza ha alcanzado récords; informan que, por primera vez desde que se comenzó la medición en junio 2020, se ha superado el millón de copias de virus por litro en las mediciones realizadas hasta el 18 de diciembre. Todavía no se conoce la proporción de Ómicron, pero dado que esta variante duplica su presencia cada dos o tres días, cuando conozcamos los datos que incluyan las celebraciones de Navidad podemos estar seguros de que su presencia será muy mayoritaria.

Los casos se están multiplicando y se van a multiplicar más, aun con el mejor escenario de gravedad, que es el que se deriva de un reciente estudio realizado en Sudáfrica, que reduce la probabilidad de hospitalización respecto a variantes anteriores un 80%.

¿Por cuánto se están multiplicando los contagios? Si comparamos con diciembre 2020, cuando era la variante Alfa la que prevalecía vemos que las hospitalizaciones han disminuido un 74%, los ingresos en UCI un 89% y las muertes un 92%.

Hospitalizaciones
 
L.B.

Estos valores relativos son significativos, pero hay que analizarlos con cuidado porque lo que esperábamos, cuando se alcanzara en verano 2021 el 70% de población vacunada, es que obtendríamos la inmunidad de grupo y la pandemia estaría controlada; los casos irían en disminución creciente y, en consecuencia, también lo harían las hospitalizaciones, ingresos en UCI y muertes.

Sin embargo, estamos lejos de alcanzar ese objetivo y tenemos unas ochenta muertes diarias, cuando hace un mes no llegábamos a treinta. Esta senda creciente de fallecimientos significa que las vacunas, aunque han permitido una contención del colapso sanitario y una disminución de la gravedad de los casos, para las nuevas variantes tienen una eficacia muy inferior a la que se anunció y tenemos que esperar a nuevas generaciones de vacunas.

 Mientras, los ciudadanos que decidan seguir con las pautas vacunales tendrán que recibir una tercera, una cuarta, una quinta..., las dosis que permitan contener el virus hasta la llegada de vacunas realmente eficaces frente al contagio. La buena noticia es que obtendrán una inmunización individual contra enfermedad grave, pero dado que seguirán contagiándose y contagiando, el grupo social no podrá alcanzar la inmunidad, aunque se acerque cada vez más a ella.

Es también significativo que, según los datos de la tabla, aunque los casos se multiplican por 5,89, las hospitalizaciones lo hacen por 1,56; constatamos, por otra parte, que, la cifra esperada de que al triplicar los casos de Ómicron respecto a Delta, las hospitalizaciones serán aproximadamente las mismas, se cumple aproximadamente, porque 5,89/1, 56 es 3,77, pero hay que tener en cuenta que hace un año prevalecía la variante Alfa que era menos contagiosa que la Delta.

Pero, además, esos hospitalizados cursan con menor gravedad y producen menos ingresos en UCI y menos muertes porque la tasa de ingreso en UCI respecto a hospitalizados es ahora menos de la mitad que hace un año y lo mismo la de muertes respecto a hospitalizaciones que es ahora más de tres veces menor que hace un año.

¿Qué debemos esperar en las próximas semanas?

Es fácil suponer que en un número muy significativo de las reuniones familiares de esta Navidad se habrán producido contagios, lo que se va a traducir en una superexplosión (explosión es la que ya tenemos) de casos en los próximos días. Pasó el año pasado con la variante Alfa y pasará, con mucha mayor probabilidad este año, con la Ómicron.

Por otra parte, la ola de contagios Ómicron afecta también a los sanitarios, que sustentan el Sistema Nacional de Salud. A fecha 22 de diciembre el acumulado de personal sanitario contagiado se eleva a 111.346 y en los últimos 14 días han sido diagnosticados 5.211 casos. Además, el cansancio acumulado estos dos años va a producir más ausencias que el año pasado.

Así que este año la cuesta de enero sanitaria, además de sumar récord tras récord de contagios, va a sumar récord tras récord de bajas sanitarias, lo que se traducirá en disminución de camas atendidas tanto en hospitalización como en UCI.

Aun así, para llegar al nivel de hospitalización del pico de la tercera ola, la que se produjo en Navidad 2020, con una incidencia acumulada el 27 de enero de 900, tendríamos que alcanzar en el pico de esta sexta ola una incidencia acumulada de 2.700. Y, en ese caso que parece desorbitado, con unas hospitalizaciones similares a las de entonces, los ingresos en UCI serian la mitad y las muertes la tercera parte. Y tal como ha venido ocurriendo, en cuanto pase la celebración de Nochevieja, incluso antes, habrá una mayoría que disminuyan sus contactos ante el aumento de riesgo para su vida y la de sus mayores.

Incidencia acumulada
Incidencia acumulada
L.B.

Con todas estas consideraciones, la estimación es que la ola de Navidad termine en la segunda quincena de enero o primeros días de febrero, como ocurrió en 2020. Llegaremos a un pico de unas 130 muertes diarias, que son muchas en un grupo social que tiene un porcentaje muy elevado de población vacunada, pero el número será menos de la mitad que el que tuvimos en las mismas fechas del año anterior.

Nos queda un mes para la prudencia.

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