Cómo motivar a los perros a jugar con sus juguetes y evitar que muerdan el sofá o los cables

Un perro mordiendo su juguete.
Un perro mordiendo su juguete.
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Un perro mordiendo su juguete.

Cuando convivimos con perros, una de las mayores preocupaciones que se tiene es que no muerda nuestro mobiliario o pertenencias. Lejos de ser una conducta negativa, nuestros compañeros de cuatro patas se dedican parte de su día y tiempo a mordisquear objetos, ya que utilizan la boca para explorar y conocer su entorno. 

Es una práctica que viene innata en estos animales por lo que, roer huesos les encanta pero, además trae muchos beneficios, entre ellos el alivio del aburrimiento y el estrés, la limpieza de sus dientes y la ejercitación de los músculos de su mandíbula.

No obstante, nuestros peludos a veces pueden escoger cosas de casa que no queramos que muerdan, como zapatillas, la manga de nuestra chaqueta o incluso objetos más peligrosos, como cables conectados a la corriente. Además, también pueden toparse con las patas de las sillas o parte de nuestro mobiliario.

Y, ¿qué podemos hacer si nos encontramos con que nuestro perro (ya sea cachorro o adulto) no para de mordisquear todo lo que se encuentra por su camino? Sonia Losada, profesora en activo del curso profesional de Educación canina y Adiestramiento de l’Escola d’oficis de Catalunya y conocida como Xila's Training, nos explica cómo reaccionar para evitar que nuestros perros nos destrocen la casa.

Hacer lo contrario de lo que nos pide el instinto

"Hay dos motivos habituales por los que un perro pueda morder objetos en casa: o para llamar nuestra atención o para liberar estrés", afirma la educadora. "En ambos escenarios la solución está en sus juguetes, aunque hay que saber hacer la asociación adecuada".

Losada explica que la reacción habitual de la gente cuando ve morder algo a su perro es decirle algo al perro. "De mejor manera u otra, hay gente que se enfada, otros gritan, otros simplemente les riñen suave... No hay que hacer nada de esto", explica.

"Al hacer esto estamos dándole atención a nuestro perro y le estamos reforzando el comportamiento", detalla. "Además, si le damos un juguete (intercambiando lo que está mordiendo por él) estamos hasta recompensándole".

Le pedimos que haga algo muy fácil y el premio va a ser entregarle el juguete para que lo muerda y pueda liberar estrés

En vez de esto, Losada propone retirarle la atención a nuestro perro. "Lo correcto es aplicar un castigo negativo, retirarle algo que quiere o que le gusta (en este caso nuestra atención) y, después, darle algo para liberar estrés", comenta.

"Si vemos que nuestro perro está mordiendo el sofá, nos levantamos y lo abandonamos (salimos de la habitación)", aconseja la educadora. "¿Que va a hacer el perro automáticamente? Dejar el sofá y seguirnos. Aquí entraría la segunda fase del proceso".

Después de salir de la habitación e incluso cerrar la puerta por unos segundos (según la experta en conducta canina basta con contar hasta tres), debemos "disimular un poco y coger un juguete (un hueso de roer, un rellenable, lo que sea que le guste)".

"Para dárselo, le pedimos que haga algo muy fácil, como que se siente y, cuando lo haga, el premio va a ser entregarle el juguete para que lo muerda y pueda liberar estrés", explica Losada. "Además, como le gusta nuestra atención, podemos acariciarlo mientras lo muerde para reforzar ese comportamiento".

La experta en educación canina asegura que esto funciona tanto en perros cachorros, como en adultos. "Lo importante de esta conducta es irse, cerrar la puerta, para que el perro nos siga y recompensarle con nuestra atención cuando esté con su juguete", agrega.

"Si hacemos esto mal y le reñimos (que es una forma negativa de darles nuestra atención), nuestro perro va a repetir esa conducta", asegura Losada. "Además, gritarle o apartarlo solo va a romper el vínculo, lo que puede desembocar en un problema de agresión y de estrés".

En este sentido, la educadora advierte del problema que supone para el perro no saber llamar nuestra atención de otra forma. "Se va a estresar cada vez más, porque no sabe cómo hacer para que le hagamos caso y, aunque la reacción que va a recibir no le guste o le de miedo, lo va a repetir para terminar haciéndonos señales de calma de apaciguamiento (como tumbarse con las patas bocarriba", concluye.

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