Cucaracha
Una cucaracha. ARCHIVO

Según ha revelado un reciente estudio, parece que distintos tipos de insectos, una vez muertos, avisan al resto de los riesgos de acercarse al lugar. Lo hacen emanando un determinado y desagradable olor, que sus 'parientes' identifican al instante, ahuyentándoles y previniéndoles.

Parece ser que todos los cadáveres de  insectos pertenecientes a esta especie producen este efecto químico, resultado de una mezcla de ácidos grasos.

Este "sistema de reconocimiento de muerte" (así es como algunos investigadores lo han calificado) lleva produciéndose desde hace 400 millones de años, aproximadamente. Un sistema que permite vivir al resto de la especie que es alertada de las zonas en las que los predadores acechan.

Descubrimos que el 100% de las cucarachas evitaban agruparse donde había algún insecto muerto

El descubrimiento ha sido resultado del trabajo de un equipo de la McMaster University, cerca de Hamilton, Ontario, en Canadá. Y, como informan desde la web de BBC News, el estudio ha sido publicado en la revista Evolutionary Biology.

Durante la investigación, dirigida por el profesor David Rollo, los investigadores 'tropezaron' casualmente con dicho fénomeno. El estudio se centraba en el comportamiento en grupo de las cucarachas. Estos insectos emanan feromonas cuando localizan un lugar adecuado en el que refugiarse, de forma que atraen al resto.

Tratando de identificar las sustancias químicas envueltas en este proceso, el equipo examinó los químicos emanados de los cadáveres de cucaracha, tratando de averiguar si éstos provocaban alguna reacción concreta en sus compañeras.

"Nos quedamos atónitos al descubrir que el 100% de las cucarachas evitaban agruparse en los lugares en los que había cerca algún insecto muerto", contó el profesor Rollo. "Nos pusimos a trabajar para tratar de adivinar qué podía ser tan importante como para ahuyentarlas".

Después de que el equipo descartase otras posibilidades, como la de que las cucarachas pudieran producir una señal similar a una alarma, se consideró la posibilidad de que los cuerpos liberasen ciertos químicos.

Misma reacción en insectos completamente diferentes

"Recordé el antiguo y popular artículo del ecologista y siciólogo E.O. Wilson", explicó el profesor. "Wilson descubrió que las hormigas sacaban los cadáveres del hormiguero y los dejaban en una especie de cementerio. Además, también identificó la señal producida por el ácido oleico en estos insectos; ese ácido es el que les producía reaccionar de tal manera", continuó.

El recuerdo de este descubrimiento originó en estos investigadores, la idea de un fénomeno similar en el caso de las cucarachas. Los análisis realizados les dieron la razón. En las cucarachas se detectó una combinación de ácidos grasos, incluyendo oleico y linoleico, como principales componentes.

La evolución podría haber favorecido este reconocimiento por su fiabilidad y utilidad ante diferentes riesgos

Sin embargo, la principal cuestión permanecía. Se trataba de dos especies de insectos no vinculadas, y a las que separaban millones de años.  Así que, a partir de esto, se barajaban dos posibilidades: o bien, que se tratara de una casualidad; o que ese olor, una vez muertos, constituyera una reacción común en una amplia gama de insectos.

El equipo del profesor Rollo ha revelado que este fénomeno es más común de lo que se pensaba, y lo han detectado en el caso de otros insectos, entre ellos en las orugas.

Como conclusión, tras estas investigaciones, el equipo concluyó que la liberación de estos químicos, en señal de prevención, es compartida por distintos insectos, los cuales, a pesar de no estar vinculados de manera cercana, pertenecen a la familia de los crustáceos.

Los insectos y los crustáceos se llevan unos 400 millones de años, así que el estudio ha concluído que la reacción es, probablemente, heredada de un antecesor acuático; lo que explicaría por qué todas estas especies subsiguientes reconocen la muerte de la misma forma.

Un comportamiento que, sin duda, ayuda a la supervivencia de la especie; evitando posibles contagios, si es que la muerte fue producida por una enfermedad, o bien,  evitando aquellos lugares en los que merodeen los predadores. "La evolución podría haber favorecido este reconocimiento por su fiabilidad y utilidad ante diferentes riesgos", concluía el profesor Rollo.