Borja Terán Periodista
OPINIÓN

La primera decisión inteligente del nuevo Telecinco para recuperar al público perdido

Imagen de la estructura de las nuevas promos de Telecinco
Imagen de la estructura de las nuevas promos de Telecinco
Mediaset
Imagen de la estructura de las nuevas promos de Telecinco

Parecía que Telecinco tenía una inercia imparable para el liderazgo. Su programación se había construido con un gran formato de tele-realidad presidiendo la emisión, que alimentaba de dimes y diretes a toda la cadena. Gran Hermano daba paso a Supervivientes... La factoría de conflictos y personajes nunca paraba. Pero el espectador iba cambiando con el paso de los años, y el canal no. Mediaset se estaba quedando por detrás de la sociedad y las señales no fueron captadas. El cambio se precipitó con la pérdida de Pasapalabra, que era un eje clave diario para Telecinco, pues apuntalaba la fidelidad de un público más allá de los personajes del confinamiento de la tele-realidad.

Y justamente el confinamiento colectivo por la pandemia de 2020 aceleró la pérdida de interés de la audiencia por realities de personajes atrapados en una casa. La "era" de Big Brother era pasado. Todos habíamos vivido el "experimento sociológico" de estar recluidos en primera persona y la evasión buscaba otras amplitudes. Más aún en tiempos en los que en nuestra propia mano tenemos una cámara lista para grabar. Las redes sociales han cogido el testigo del reality show. Toda la calle es un plató de reality en el que lo más genuino queda inmortalizado gracias a los móviles que portamos encima. Los momentos estelares de esa realidad autograbada por todos se consumen deslizando el dedo por la pantalla de TikTok de una manera tan fácil como impaciente.  Sin intermediarios, sin tener que esperar un horario de programación.

Mientras la tele-realidad se expande por todos los dispositivos móviles con los que interactuamos a golpe de 'like', el monopolio del reality show clásico de Telecinco se ha quedado vetusto. Aunque el problema se acrecienta porque, además, todos los programas de Mediaset se hacen en las mismas escenografías (tres platós manoseados: Supervivientes, Sálvame, Todo es mentira). Y encima con idénticos colaboradores. Se repiten los clichés. Así es difícil diferenciar unos programas de otros. En cambio, ahora, Antena 3 cuenta con una programación en que cada programa tiene una estética coherente con la línea visual del canal pero que permite distinguir a cada uno de sus programas. 

Telecinco necesita rebobinar hacia su pasado para coger carrerilla de cara al futuro. Los últimos meses, ya en crisis de audiencia, ha provocado que, si ya los programas no se distinguían bien los unos de los otros, se han desordenado todavía más los horarios de la programación. Incluso el reality estelar, que se asociaba a los jueves, ha ido pegando bandazos por el resto de los días.

Pero la nueva dirección de Mediaset ha tomado una primera decisión inteligente: ordenar la programación con paciencia. Las nuevas promociones del canal ya insisten en la rutina de cada programa. Se subraya el día y la periodicidad de emisión, que no se varía con el estrés de antes. Los spots empiezan con un gran rótulo que incide si es "esta noche" o "de lunes a viernes", como es el caso de '25 Palabras'. Sucede con todos los programas: un grafismo grande destaca el horario para ubicar en el recuerdo del espectador las citas de programación. 

A su favor, Telecinco cuenta con dos franjas reconocibles como son El Programa de Ana Rosa y Sálvame. Quizá necesitaría un late show moderno para seguir afianzando rutinas más allá de mañana y tarde. Un espacio que sirva para retroalimentar su oferta de contenidos desde otra óptica que no tienen sus competidores en abierto. Porque ahora en Telecinco toca incrementar la percepción de programación apta para todos los públicos en una cadena que se había focalizado casi en exclusiva al fan de la tele-realidad. Un fan que no es suficiente pero que tampoco puede peder, pues el gran capital de la marca Telecinco sigue estando en que es el único canal que se asocia al entretenimiento que acompaña desde el directo más popular. Una cadena que no necesita hablar subida a un tacón de aguja, su longevo éxito ha estado más unido a la capacidad de explorar la creatividad, los deseos y las sensibilidades de los barrios que quieren celebrar emociones. Aunque la vida no se lo ponga fácil.

Periodista

Licenciado en Periodismo. Máster en Realización y Diseño de Formatos y Programas de Televisión por el Instituto RTVE. Su trayectoria ha crecido en la divulgación y la reflexión sobre la cultura audiovisual como retrato de la sociedad en los diarios 20 minutos, La Información y Cinemanía y en programas de radio como ‘Julia en la Onda’ de Onda Cero y 'Gente Despierta' de RNE. También ha trabajado en ‘La hora de La 1' y 'Culturas 2' de TVE, entre otros. Colabora con diferentes universidades y es autor del libro 'Tele: los 99 ingredientes de la televisión que deja huella'.

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