Borja Terán Periodista
OPINIÓN

Los valores que Telecinco no debe perder tras la marcha de Paolo Vasile

Paolo Vasile.
Paolo Vasile.
Teresa Peyri / Telecinco
Paolo Vasile.

Después de 24 años como emperador de Telecinco, Paolo Vasile deja la dirección de Mediaset España este 31 de diciembre. Con él al frente, la compañía ha vivido su propia reinvención al ritmo del reality show, ha construido un liderazgo que parecía no tener rival y, tras perder Pasapalabra, ha sufrido una devaluación de influencia que, entre otras historias, va unida a cómo ha cambiado la sociedad española tras la pandemia.  Viraje de intereses que el canal no supo leer a tiempo, ofuscado en la tele-realidad de siempre y en la rentable baja inversión en escenografías y programas espectáculo.

Para llegar a públicos amplios el espectador de hoy demanda que en un canal no dé la sensación que repite todo el rato los mismos clichés. Así sólo te quedas en un puñado de fans. Pero, en estas dos décadas, Telecinco ha cimentado un modelo de negocio que sigue fuerte. Porque el ADN de la emisora no se parece a ninguno de sus competidores y se sustenta en cuatro claves diferenciadas que Mediaset no se puede permitir perder o perderá todo.

Primer valor. La vida en directo

En tiempos del auge de la televisión bajo demanda, que se puede ver cómo y cuándo quieras, Telecinco es la antítesis. Así Mediaset España representa la esencia vigente de la tele clásica como ventana compartida en directo. El espectador ha interiorizado que si sucede algo, en Telecinco lo estarán viviendo en tiempo real.  Es más, se siente partícipe de aquello que acontece en los platós del canal, donde le hablan con sus mismos códigos. De hecho, a la mayoría de los espectadores fieles del canal ni se les ocurre cuestionar los contenidos de la emisora ni sus posibles dimensiones morales. Sólo buscan la compañía que anima. Incluso simplemente lo ven como mero entretenimiento que distrae

Segundo valor. Pluralidad en familia

Mientras que existen canales en los que parece que todas las presentadoras deben cumplir unos sexistas cánones de belleza y todos los presentadores deben reunir unos roles campechanos de manual, la familia de Telecinco ha apostado por fidelizar una pluralidad de miradas que representa al país sin paternalismos. Jorge Javier Vázquez, Toñi Moreno, Jesús Vázquez, Sandra Barneda, Carlos Sobera, Ana Rosa Quintana, Ion Aramendi, Terelu Campos, Christian Gálvez, Adela González, Joaquín Prat, María Patiño, Risto Mejide, Emma García, Santi Millán, Carlota Corredera...  Son tan diversos como la sociedad, se explican como la sociedad, son identificables por la sociedad. La mayoría ni siquiera buscan ser perfectos, pero sí cómplices. Pueden caernos mejor o peor, pero desprenden una cercanía que el público siente desde casa. Son como de la familia, hablan como familia.

Tercer valor. El recuerdo colectivo

Desde 1996, año del exitoso fichaje de María Teresa Campos, Telecinco empezó a ir haciéndose con pilares sólidos en la programación en mañana, tarde y noche. Aquella televisión que se sembró 'Día a día' sigue vigente. Sólo terminó desapareciendo el formato del late night, pues dicen que con la crisis publicitaria era más complicado rentabilizar esa tardía franja y, a la vez, más jugoso inflar el share estirando el prime time hasta las tantas. Aunque puede ser un buen momento para recuperar los late shows como marca distintiva de una cadena referente en televisión en directo y, así, potenciar ese esqueleto de formatos que están marcados en la rutina del recuerdo del espectador. Porque en televisión el orden es fundamental, esa organización que provocaba que en Telecinco siempre fuera fácil saber qué están emitiendo en cada momento.

Hasta hace bien poco, el espectador recordaba de manera muy sencilla qué ponían en cada franja de la programación de Telecinco. Eso ya no es así. Al menos, en el horario de máxima audiencia. A veces, los nervios de la pérdida del liderazgo provocan vaivenes de programación que se traducen en inestabilidad a ojos del público y terminan debilitando los puntales que hacen único a un canal.

Cuarto valor. La imprevisibilidad

Telecinco ha sido constante centro de polémicas, demandas... Y vosotros diréis que no hay virtud alguna en estos hechos, pero lo cierto es que Telecinco está siempre en boca de todos, con una relevancia en medios y redes sociales que ya querrían otros canales. Para bien o para mal, nunca pasa inadvertida y, por un asunto u otro, es noticia cada día. Tiene enormes cantidades de detractores, pero hasta estos detractores gastan mucho tiempo y energía en opinar sobre el primer canal de Mediaset, cuando sería más efectivo hacerle el vacío o simplemente cambiar de cadena cuando algo no te gusta. Ya lo dijo Oscar Wilde: "Que hablen mal de uno es espantoso, pero hay algo peor: que no hablen"

Ahora, Telecinco tiene que abrirse a nuevos personajes para seguir siendo representativa de la picardía social que tan bien supo calar. Lo debe hacer invirtiendo en más diversidad de formatos y rompiendo con sus círculos viciosos de peleas repetitivas, muchas desacompasadas de las sensibilidades de la ciudadanía de hoy. Pero la nueva dirección del canal también debe entender que su función como televisión única pasa por seguir huyendo de la previsibilidad de lo políticamente correcto. El nicho del liderazgo de Telecinco va unido a la incontrolable travesura, capaz de generar amores y odios con la misma intensidad. La astucia de Paolo Vasile transmitía saberlo, y exprimirlo. Así logró que ningún otro canal consiguiera parecerse a Telecinco. Aunque Telecinco se pareciera tanto a los barrios en los que vivimos todos.

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