Khadija Amin  Periodista
OPINIÓN

Ojalá fuera un sueño

Una niña sostiene a su hermano frente a su casa, Afganistán
Una niña sostiene a su hermano frente a su casa, Afganistán
GTRES

"Ojalá fuera un sueño, despertaría para ver que era mentira", dice Sahar Nbi Zada, refugiada. Sahar, una de las activistas por los derechos de las mujeres en Afganistán, vive en España desde hace ocho meses.

Sahar recuerda los días tan difíciles que experimentó en Afganistán, cuando cayó Kabul. Le resulta muy complicado hablar de aquellos momentos: "Me perdí en una ola de miedo y ansiedad. No sabía lo que iba a pasar. Escuchábamos malas noticias en todas las provincias. El día que cayó Herat, llamé a mis amigos que vivían cerca para saber más sobre la situación. Todos creían que Kabul no caería, incluso si grandes ciudades como Mazar, Herat y Kandahar eran entregadas a los talibanes".

"Escuchar las noticias, con fake news y rumores campando por el ciberespacio, me preocupaba más", continúa, "tratábamos de estar juntos, en familia. Nadie sabía con qué complicaciones nos encontraríamos. Mi hermana menor, que es doctora, trabajaba en el hospital por la noche y todos estábamos preocupados por ella. Le dije a mi otra hermana, que es maestra, que se quedara en casa unos días porque la situación no era buena. Cada vez que iba al balcón encontraba la ciudad vacía. Cuando escuché en la oscuridad la caída de Kabul, borrosa al mundo entero, lloré por todos mis deseos rotos. Mi madre trató de consolarme, con poco resultado, porque ambas sabíamos que habíamos perdido nuestro país. Habían entregado Afganistán a los talibanes. ¡Qué gran error! El dolor por esa traición aún perdura en mi corazón". 

"Finalmente, mi madre me tranquilizó, a pesar de que ella misma no estaba calmada. Rápidamente llamó a mi hermana y le dijo que volviera a casa. Estaba en el hospital y se notaba el miedo en su voz. Nos decía: "No tengo una burka, ¿qué debo hacer?, ¿han venido los talibanes?". Poco después, llegó mi otra hermana de la escuela diciendo que los talibanes habían tomado Kabul y que fuera a buscar a nuestra hermana al hospital, porque la situación en ciudad era peligrosa, con saqueos en las tiendas, la gente huyendo y todos los caminos cerrados. Se oía de fondo la voz de mi sobrina de tres años: "han venido los talibanes y nos van a matar". Un llanto que nunca olvidaré". 

Sahar recuerda que en aquel agosto negro les quitaron todo, hogar, familia, amigos, camaradas y tierra, pero no ha perdido la esperanza de volver para asentarse en sus altos cerros y cumbres. "Cantaremos de nuevo el himno de la libertad. Me avergüenza no estar con las chicas luchadoras de Kabul o Herat, pero ellas hacen que la historia de las luchas de las mujeres afganas sea internacional. Las heroicas niñas Afganistán harán entender a los talibanes que las mujeres de este país son invencibles y lucharán".

Insiste Sahar en que no somos las mujeres de hace veinte años, en que luchamos por nuestros derechos y asegura que, mientras haya una gota de sangre en su cuerpo, combatirá a los talibanes. 

Tras la caída de Kabul, la inteligencia talibán le avisó y tuvieron que cambiar de casa todos los días, por miedo a que los talibanes les encontrasen. Las amenazas aumentaban cada día, tanto que, empujada por la preocupación de su familia, abandonó Afganistán"Tras tomar esa decisión sentí que no estaba viva, que me había convertido en un cuerpo sin alma".

Había tenido anteriormente muchas oportunidades de salir del país, pero nunca había querido, y hoy sueña con volver a su patria. "Cada vez que pienso en la situación de las mujeres en Afganistán, mi corazón se rompe en pedazos. A nuestras niñas se les prohibió ir a la escuela", se lamenta Sahar.

Sahar nos comparte uno de sus escritos: "Criaré a mi hija con las historias de las heroínas de Afganistán. Le hablaré de las luchas de sus mujeres. Con orgullo le contaré cómo, valientes, intrépidas y sabias, se enfrentaron cara a cara a los talibanes y defendieron nuestros derechos. Le diré a mi hija que no olvide esa lucha, que la conozca y que nunca deje paso al miedo en su corazón. Elegiré para mi hija el nombre de una de esas luchadoras y le enseñaré que lo perdimos todo, pero no fuimos espectadoras; que los traidores nos vendieron a un grupo terrorista, pero la lucha de las mujeres sorprendió a todos y es el inicio de la resistencia y del miedo de los talibanes. Enseñaré a mi hija a alzar la voz y proteger los derechos de todas las mujeres. No querré que mi hija se considere el sexo débil, que se sienta débil física y mentalmente, sino que se muestre como una mujer orgullosa, un ser humano libre que exige sus derechos". 

Enseñaré a mi hija que tiene derecho a estudiar y a trabajar; que tiene derecho a ser abogada, ministra o presidenta y perseguir la justicia para todos. Le diré que las mujeres tienen el poder y la capacidad de hacer grandes cosas y ningún obstáculo las debería detener. Le diré avanza, no mires atrás, sé fuerte y piensa en un mañana brillante y victorioso". 

Sahar Nbi Zada, activista feminista afgana y refugiada en España.
Sahar Nbi Zada, activista feminista afgana y refugiada en España.
CEDIDA
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