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Melisa Tuya Redactora jefe de '20minutos'
OPINIÓN

Vivir con miedo

Niña
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GTRESONLINE
Niña

Ser madre, ser padre, es vivir con miedo, es empezar a sospechar que el mar está lleno de tiburones. Lo peor es saber que calles, gimnasios y colegios, también. Estos días coinciden en las portadas de los medios tres noticias terribles: la de un profesor investigado por grabar a sus alumnas desnudas; la de la pequeña Lola, hallada muerta en el interior de una maleta y la de Sergi, presuntamente vejado y violado por sus compañeros de instituto.

Los sucesos que atentan contra nuestros niños, encarnación del futuro y la inocencia, son especialmente dolorosos. Todos ellos. Confieso, no obstante, que cuando esos niños tienen además discapacidad, me hieren especialmente. El depredador se me antoja aún más perverso; su abuso del vulnerable suma malevolencia.  

Tengo una hija de 13 años. Una niña a la que hemos podido explicar que en el mundo existen los monstruos, con la que construir la confianza, la seguridad en sí misma, para que nos puede contar lo que le pasa, bueno y malo. También tengo un hijo con autismo, un feliz adolescente de 16 años que escucha canciones infantiles en su tablet, hace incursiones a la nevera en cuanto nos descuidamos y no habla, no tiene juego simbólico y  es incapaz de comprender que no solo la noche es oscura y alberga horrores, que los malvados también también acechan de día y desde muy cerca. 

Aterra pensar todo lo que le podrían hacer sin que él pudiera contarlo, sin  ser consciente siquiera de lo que está pasando. Las recomendaciones de los expertos para prevenir abusos alcanzan y sirven a su hermana y a los que son como ella, pero muy pocas son aplicables para él. Su vulnerabilidad es tanta, que lo más importante, casi lo único, es convertirnos en sus guardianes; que aquellos que le amamos y cuidamos velemos como halcones por su bienestar. 

Y al final volvemos a que ser madre, ser padre, es vivir con miedo, pero también a que no se puede vivir temiendo, porque eso no es vivir y porque se puede traducir en sobreproteger, en no atreverse a dejar nadar pese a lo azul y cálido que puede ser el mar.

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