Una fortuna, varias casas y la publicidad: Roger Federer más allá del tenis

Federer, en el Open de Australia.
Roger Federer.
EFE

Difícilmente alguien puede, en un solo artículo, hablar del legado de Roger Federer ahora que deja el tenis, justo cuando acabe la Laver Cup que está teniendo lugar este fin de semana. Por títulos, por Grand Slams, por historia, por rivales, por elegancia, por fair play y por puntos que serán recordados durante generaciones, el tenista suizo ha sido una de las piedras angulares del deporte mundial. Y ahora ha dicho adiós tras dos temporadas en las que no era capaz de dejar atrás las lesiones y las molestias.

24 años en activo y más de 1.250 partidos le han aupado al Olimpo del tenis. Pero no únicamente de la raqueta ha vivido y va a vivir el helvético nacido el 8 de agosto de 1981 en Basilea, quien fuera de las pistas en las que tan feliz ha sido y ha hecho ser a todos sus seguidores ha conseguido ser también un número 1 en lo que se refiere a la cuestión más crematística.

Y todo ello, además, desde unos orígenes de clase media y en los que no estuvo completamente enfrascado en aprender a jugar al tenis. Hijo de Lynette, sudafricana, y Robert Federer, de origen suizo, se crio junto a su hermana mayor, Diana, con el sueldo que ganaba su padre como representante de los laboratorios farmacéuticos Ciba-Geigy (Novartis).

Ninguno de los tres le animó efusivamente a que se dedicase a la raqueta, sino a que tuviese los pies en el suelo, así triunfase en cualquiera de los deportes que practicaba: skate, natación, ping-pong, fútbol o bádminton, como señaló Bill Gates en su blog, añadiendo que ahí residía "parte de la grandeza de Roger".

Pero aquel chaval rebelde (solía soltar palabrotas y lanzar la raqueta cuando perdía, contó su padre) fue forjando un carácter disciplinado que le llevó a empezar a profesionalizarse a los 14 años. De ahí, ahí que saltar a los Juegos Olímpicos de Sídney 2000. Prácticamente siempre que se habla de un hombre que ha hecho historia es porque detrás había una mujer que se encargaba de todo lo demás que no fuera la razón del mito de su marido.

En el caso de Roger fue otra tenista suiza, Mirka Vavrinec, quien después de algunas lesiones decidió priorizar su vida marital. Se casaron nueve años después de conocerse y tienen cuatro niños: dos gemelas, Myla Rose y Charlene Riva, nacidas aquel mismo 2009, y otros dos gemelos, Leo y Lenny, que vinieron al mundo en mayo de 2014.

Con ella tiene una alianza tal que, admitió, si le hubiese dicho que parase antes lo habría hecho. Pero para qué, se hubieron de preguntar, si mientras ha estado en activo, según los datos de la ATP, Federer se ha embolsado alrededor de 30 millones de dólares. Exactamente, 130.594.339 dólares.

Una cifra que puede alcanzar Rafa Nadal, pero que no debería dejar en shock a nadie que supiese que el helvético entró el año pasado en una exclusiva lista: la de deportistas que han generado más de 1.000 millones de dólares en toda su carrera, junto con dos futbolistas (Cristiano Ronaldo y Leo Messi), el jugador de baloncesto LeBron James, el golfista Tiger Woods y el boxeador Floyd Mayweather.

El brillante legado que deja Roger Federer.
El brillante legado que deja Roger Federer.
Carlos Gámez

Federer sigue siendo, por 17º año consecutivo, el tenista mejor pagado según Forbes, ingresando en el 2021 aproximadamente 90 millones de dólares. Pero haber conseguido más de 1.000 millones es fruto, en su mayoría, de sus contratos publicitarios. A veces con decisiones asombrosas: a sus 37 años, en 2018, abandonó la marca que siempre le había vestido, Nike, que le había dado 150 millones de dólares durante ese tiempo, por un contrato de casi 280 millones de dólares con Uniqlo: unos 30 millones por año, ya que la duración del contrato es de una década.

Pero Roger es imagen de otras tantas empresas que le reportan unos impresionantes beneficios anuales: 8 millones le pagan tanto la marca de relojes suiza Rolex como la compañía cafetera Barilla como el champán Moët & Chandon; 7 millones, la empresa de telecomunicaciones Sunrise; 6 millones la empresa de aviación NetJets; cinco millones y un coche nuevo cada seis meses Mercedes-Benz; los chocolates Lindt son 4 millones al año; y un par de millones más gracias a su acuerdo con el banco Credit Suisse. Por último, Wilson solo le reporta 350.000 dólares, si bien le provee de todas las raquetas y pelotas que gasta y se desconoce cuánto gana por ser embajador del turismo de su país.

A ello hay que sumar dos de las empresas en las que ha invertido: la marca suiza de calzado On, de la que también es imagen y que en su salida a Bolsa el año pasado se estimó su valor en unos 6.000 millones de dólares; y Team 8, de la que es cofundador, y que funciona como intermediaria, agencia de otros tantos deportistas, organizadora de eventos (suya es, por ejemplo, la Laver Cup) y que compite, entre otras, con la Kosmos de Gerard Piqué.

Y tanto dinero también lo ha invertido en propiedades inmobiliarias, que tiene sobre todo en su país. Como explicaron desde el diario El País, Federer posee "un apartamento en el piso 50 de un lujoso edificio de Dubái, una casa de montaña en el pueblo suizo de Valbella-Lenzerheide y otra en Herrliberg, un municipio próximo a la ciudad de Zúrich", así como la más impresionante y la que más quebraderos de cabeza le ha dado: una espectacular casa de cristal en Wollerau, en el cantón de Schwyz, a orillas del gran lago Zúrich, por cuya ubicación varios grupos ecologistas intentaron detener, sin éxito, su construcción.

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