La izquierda busca recuperar su sitio en Italia: más dividida pero intentando canalizar la herencia de Draghi

  • Enrico Letta trata de liderar un bloque que llega a las elecciones partido en tres mientras Conte crece en los sondeos.
  • Di Maio ha pasado de ganar los comicios de hace cuatro años a quedar diluido entre una amalgama de partidos.
Letta, Conte y Di Maio.
Letta, Conte y Di Maio.
Carlos Gámez

La izquierda en Italia no encuentra su sitio y en cierto modo por eso va a la deriva a las elecciones de este domingo. Se ha vuelto a la política de bloques en un país acostumbrado a ella, pero esta vez uno de los lados es mucho más fuerte que el otro. Y el débil es un centroizquierda que llega a la cita con las urnas partida en tres y con unos mensajes por la unidad que no son creíbles entre una amalgama de partidos en los que el PD lleva la voz cantante... pero la canción no suena del todo bien. Enrico Letta, que ya sabe lo que es ser primer ministro, es el capitán de un barco en el que no todos reman en la misma dirección. Y la derecha sí lo hace.

Letta es un quiero y no puedo. El Partido Democrático es el estandarte del centroizquierda y la única formación capaz de competirle las encuestas a Fratelli, pero ha terminado estancado. Letta quiso tirar de la herencia de Mario Draghi para prometer estabilidad y dibujó su campaña como una dicotomía: Italia tiene que elegir entre defender Europa y la estabilidad o votar por lo que quiere Putin, que es, según el PD, a Fratelli liderando el Gobierno. "Elige", es el lema de Letta. Aguanta el tipo y será el líder de la oposición después del domingo, pero está lejos de volver a ser primer ministro.

Durante las últimas semanas se han dado pocos debates entre candidatos y solo un cara a cara entre el propio Letta y Giorgia Meloni. La líder de Fratelli, cómoda en los sondeos, apenas notó los estragos de los ataques del candidato del PD. Letta, al final, ha acabado haciendo una campaña bastante plana, de muchos actos de calle, pero no ha conseguido movilizar al sector progresista de la población. Ni siquiera pese a tocar temas como la subida del salario mínimo, las ayudas a autónomos o una gestión responsable de los fondos europeos. El centroizquierda quiere asegurar la continuidad de lo que dio Draghi (cuya continuidad apoyaba un alto porcentaje de la ciudadanía): estabilidad, sobriedad y presencia en la UE. Pero Letta no es Draghi.

Lejos pero cerca -ideológicamente hablando- está un Giuseppe Conte al que le ha sentado bien la campaña. El Movimiento 5 Estrellas ya no es lo que era, pero con el (otro) ex primer ministro al frente ha recuperado cierto fuelle, precisamente porque ha sabido hablar de temas que otros partidos no han tocado. Bajo su lema de campaña, "De la parte justa", Conte aboga por el pacifismo respecto a Ucrania, en un punto que le distingue bastante de Letta, y ha tocado temas como la lucha contra el cambio climático, las ayudas a los jóvenes o la lucha contra las brechas sociales. Esto no solo le está haciendo tener espacio entre los desencantados, sino también mantener una proyección de apoyo importante en el sur del país.

El M5S ve recompensada esta aparente buena acogida y ya supera a la Lega en la mayoría de las encuestas. El acuerdo entre Letta y Conte fue imposible, en parte porque el primero acusó (con cierta razón) al segundo de ser parte responsable de la caída de Draghi. Ser parte de ese Ejecutivo tecnocrático al final ha sido más una desventaja que un acierto, y Conte, visto lo visto, considera que hizo bien en salirse a tiempo de esa fórmula. Con todo, al PD y al actual M5S son más cosas las que les unen que las que les separan, pero se han empeñado en enseñar mucho más las diferencias desde que se convocaron los comicios.

Más desdibujado ha quedado alguien que se emborrachó de éxito, mutó de populista a draghista y ahora se ve en un segundo o tercer plano: Luigi Di Maio. Su caso es particular, porque ganó con mucha holgura las elecciones del 2018 como líder del Movimiento, representando un momento populista que le llevó a compartir Gobierno con Salvini. Ahora, su carrera y su perfil han dado un movimiento de 180 grados. Di Maio estuvo en todo momento al lado de Draghi, incluso en los peores momentos y se ha convertido en el mayor defensor de sus tesis. El nuevo partido de Di Maio, Impegno Civico, se posiciona como una formación centrista, europeísta y que aboga por los grandes acuerdos. Para el domingo está al lado de Letta, pero sus previsiones de voto son realmente pobres.

Otra figura que aspiraba a ser importante en el bloque de la izquierda es Roberto Speranza. El ministro de Sanidad durante la pandemia es uno de los políticos mejor valorados del país, pero no ha tenido la presencia que se esperaba. Va de la mano del PD y en un hipotético Ejecutivo progresista ocuparía un puesto importante. Asume el discurso proeuropeo y abierto, pero el PD no se ha aprovechado lo suficiente de la simpatía que genera.

Y después aparece el llamado tercer polo, con Carlo Calenda y Matteo Renzi como cabezas visibles. Son, en teoría, las opciones de centro puras y duras, pero no han querido ir en coalición con las formaciones situadas a su izquierda. Ambos son ex del PD y en concreto Renzi es el tercer ex primer ministro -junto a Conte y Berlusconi- que se presenta a estas elecciones, pero sus posiciones no son decisivas para el resultado final, aunque sí agudizan la división del bloque. Desde la izquierda hacia el centro los nombres se suceden, pero sin la unidad que exige el sistema electoral.

El propio Letta, Renzi y Paolo Gentiloni representaron los años más recientes del centroizquierda italiano en el poder, pero ahora ese espacio ideológico parece lejos de él. Su discurso no cala, los hechos pasados (tuvieron que gobernar en momentos de profunda crisis) y la irrupción de una derecha unida frente a las divisiones progresistas ahondan en una herida que nadie ha conseguido taponar. Enrico Letta lo ha intentado, Conte sube como la espuma, pero la botella que va a descorchar no es la de la izquierda italiana.

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