Borja Terán  Periodista

Las lecciones periodísticas de la difícil tarea de retransmitir el funeral de Isabel II

Lo último no siempre es lo más importante.
Carlos Franganillo y Anna Bosch en la retransmisión de TVE
Carlos Franganillo y Anna Bosch en la retransmisión de TVE
RTVE

TVE mantiene su gran músculo en los servicios informativos. La retransmisión del funeral de Isabel II ha sido un notable ejercicio de periodismo televisivo. Una emisión complicada, pues en largos, a veces eternos, directos como es un funeral de estado es fácil acabar tirando del comentario súbdito y acabar lanzando tópicos sin contrastar. Eso no es periodismo, es otra historia. De hecho, mientras en algunos canales se especulaba con alharacas, en Televisión Española se huía del debate efectista y Carlos Franganillo y Anna Bosch aportaban contextos. Lo hacían con ritmo pero sin prisa, atendiendo a la imagen que recibían y, a la vez, otorgando el valor que merecen los silencios. Sabiendo que el sonido ambiente en televisión, más aún en un acontecimiento de esta solemnidad, puede ser más descriptivo que cualquier palabra. 

Franganillo y Bosch escuchan para poder situar a la audiencia sin que la velocidad de 'la última hora' tape lo relevante. Lo último no siempre es lo más importante. Pero, en una época en la que la información se elabora y consume a una velocidad de vértigo, a menudo no hay margen para pararse a intentar explicar "por qué sucede" y "cómo sucede así". Nos quedamos sólo "en qué pasa". Los apuntes durante la retransmisión de Anna Bosch intentan aportar ese matiz que ayuda a comprender las situaciones, concediendo conocimiento útil al espectador. Debería ser la práctica habitual, pero el problema es que la maquinaria de los informativos televisivos ha fomentado la búsqueda de la perfección estética a través de la información recitada de memoria sin necesariamente ser comprendida por quien la cuenta.  Y, claro, parece excepcional el profesional que explica desde la naturalidad de una argumentación fruto de la comprensión.

Aunque la crónica verbalmente sea imperfecta, se entiende mucho mejor por parte del espectador si el periodista no está replicando, está narrando desde su conocimiento y reflexión. La emisión institucional de Televisión Española ha aportado esa mirada propia, documentada, prudente y tranquila que debe ofrecer una cadena pública para diferenciarse de las privadas. Ese plus de poder ver todo el funeral sin interrupciones y con conocimiento gracias a las narrativas televisivas. En este sentido, ha funcionado muy bien dejar la señal del funeral casi limpia, sin el ruido de pantallas partidas y señales de vídeo compartidas. La imagen oficial a pantalla completa, sólo aderezada con la elegante composición de los grafismos semi transparentes que rotulan en pantalla los Telediarios y que guían al espectador. Porque la credibilidad también entra por los ojos.

Franganillo y Bosch representan ese visible rigor de RTVE que se crece con rostros curtidos en sus platós y, especialmente, en la calle. Así la tele pública ha ido más allá de explicar la pompa calculada y pronosticable de un funeral de tales dimensiones históricas y ha logrado documentar y radiografiar en directo la manera en la que una monarquía se proyecta como icono internacional. La liturgia de la despedida de Isabel II ha sido un acto de diplomacia que posiciona e impulsa la imagen del Reino Unido en el orden mundial. Porque, como ha subrayado Bosch, la monarquía británica no sólo es una corona, es una influyente marca.

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