¿Con qué sueñan las abejas?

Abejas (archivo).
Abejas (archivo).
Europa Press / Servicio Ilustrado (Automático)

Nunca me quedó claro si al final los androides sueñan con ovejas eléctricas. Es la famosa duda que lanzó el escritor Philip K. Dick en una novela sobre la que se basará la desconcertante película Blade Runner, ese impreciso límite entre lo artificial y lo natural, el desastre climático y el de una sociedad capaz de adaptarse a cualquier catástrofe. Si difícil es saber hoy en día con qué sueña un robot de Google, más complicado es imaginarse los sueños de una abeja. Porque estos insectos sueñan. Los científicos no solo han demostrado que tienen un pensamiento complejo que va más allá del instinto y les permite aprender por ensayo y error o copiando a sus compañeras más listas. También han comprobado que para fijar ese aprendizaje duermen. Y que como nos ocurre a nosotros, ese sueño debe ser reparador, tranquilo y sin sobresaltos.

¿Y con qué sueñan? No tenemos datos. Es de suponer que con colores y recompensas azucaradas, lo que los humanos llamamos flores. Pero es algo que cada vez escasea más en Europa por culpa de una agricultura industrial que considera malas hierbas a todo lo que no se puede comprar o vender, que ha envenenado los campos, fumigado lo salvaje, arrasado con el paisaje, llevado a la extinción a los insectos, abejas incluidas.

En Blade Runner no había abejas ni flores. Y un mundo así no lo quiero ni en mis peores pesadillas

Hay muchos europeos que en estos momentos también sueñan con flores. Y comparten esos sueños para promover un mundo mejor a través de la Conferencia sobre el Futuro de Europa. Llamadme soñador, pero pensar que lo que les va bien a los insectos (y a los pájaros, que también sueñan) nos viene bien a nosotros no es un disparate de androide obsoleto. En Blade Runner no había abejas ni flores. Y un mundo así no lo quiero ni en mis peores pesadillas.

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