Carabanchel, el barrio obrero que se vuelve bohemio: "Están viniendo artistas y está bien, son gente sana y no dan guerra"

Carlos Cartaxo comparte un antiguo taller industrial con otros cuatro artistas como local de trabajo y pequeña sala de exposiciones.
Carlos Cartaxo comparte un antiguo taller industrial con otros cuatro artistas como local de trabajo y pequeña sala de exposiciones.
Jorge París | jparis
Carabanchel, uno de los distritos con la renta media más baja de la capital.
JORGE PARÍS/PATRICIA ANTÓN

En el bar del callejón Julia Nebot, a Ildefonso Cabrero le conocen como "el alcalde". Ha pasado toda una vida en el barrio de Vistalegre, corazón del popular distrito madrileño de Carabanchel, donde llegó cuando tenía un año. Su padre tenía aquí un taller en el que hacían "las primeras puertas blindadas de Madrid" y, ahora, él es de los pocos artesanos que aún quedan en la zona. 

"Esto era una zona de talleres, mucha industria, sobre todo dedicada a la madera", explica Cabrero desde un callejón ahora descuidado y vacío, pero que hasta los años 80 fue una ajetreada zona de trabajo y comercio. "Había luego ahí, una panadería, un planchador por el otro lado, había también industria textil, había un bar enfrente que era donde la gente del barrio pues desayunábamos, en fin, era un barrio más bien de trabajadores, como un pequeño polígono".

Todos esos locales, amplios espacios diáfanos pensados como lugares de trabajo, han estado vacíos durante décadas. Algunos se han reconvertido en viviendas, pero el cambio empezó a producirse hace ocho o diez años, cuando unos inquilinos nunca antes vistos por Carabanchel empezaron a llegar al barrio.

"Está viniendo muchos artistas de fuera, del centro de Madrid", cuenta Cabrero. "Está bien porque son gente buena, gente sana, no dan guerra. Con el tiempo yo creo que esto cogerá otro auge y puede que se retome otra vez otra actividad de cara a un futuro mejor".

Carabanchel, uno de los distritos con la renta media más baja de la capital, está acogiendo desde hace unos pocos años una cada vez más nutrida comunidad de artistas visuales que llegan atraídos por los amplios y diáfanos locales y unos precios mucho más asequibles que los del centro.

Su llegada ha sido generalmente bien recibida por los vecinos, aunque hay quien teme que sean solo la puerta de entrada a la gentrificación del barrio, un proceso que acabe por sustituir a los vecinos tradicionales de esta zona de clase trabajadora por una nueva población más pudiente.

Ildefonso Cabrero, vecino del distrito de Carabanchel.

Los pioneros

Al fondo de un patio, junto a un taller de ebanistería aún activo, está el estudio y vivienda de Eduardo Barco. Este artista que produce obras de pintura, escultura, cerámica y muebles y, además, da clases en la facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid, adquirió, hace seis años, este viejo taller en estado de abandono.

"Necesitaba un espacio de unas características determinadas, sobre todo espacio, y surgió la posibilidad, casi por casualidad, de venir a este barrio. Me he fabricado un ejemplo de vivienda-estudio que no creo que lo pudiera hacer en otras partes de Madrid", cuenta Barco en el salón de su vivienda, decorada con sus propias obras e iluminada por la luz que entra por los amplios ventanales de la entrada.

El artista Eduardo Barco ha construido su estudio y su vivienda en un antiguo taller en el barrio de Vistalegre, Carabanchel.
El artista Eduardo Barco ha construido su estudio y su vivienda en un antiguo taller en el barrio de Vistalegre, Carabanchel.
Patricia Antón

Él fue uno de los pioneros, los primeros artistas que llegaron al barrio y que fueron recibidos con una mezcla de curiosidad y hospitalidad por los vecinos de la zona. "En mi caso ha sido una simbiosis como no he tenido nunca en ninguna otra parte en la que he estado viviendo. He vivido en París y en Nueva York y lo que me ha ocurrido en este barrio no tiene parangón".

Al salir del estudio, es la hora del vermú y la bodega Calatrava está repleta de parroquianos. La mayoría llevan toda la vida trabajando y viviendo en la zona. Nadie percibe aquí a los artistas recién llegados como un peligro. "Es posible que esto acabe cambiando como pasó en Malasaña o en Chueca, pero para eso tienen que pasar muchos años", declara un cliente.

Barco, por su parte, ve la gentrificación como un proceso "inevitable" y a los artistas como él, como actores activos en ella. "Tú vienes buscando una un beneficio personal y luego te das cuenta que esa decisión tuya de trasladarte a un sitio de estos acompañado de más gente crea un una dinámica social y demográfica de cambio de uso del barrio, que probablemente acabe cambiando el valor del barrio”, declara. “Pero para el barrio no tiene por qué ser malo. Creo que son como dos ruedas dentadas que encajan perfectamente. Puede ser beneficioso para todos, ¿no?".

Eduardo Barco, artista asentado en Carabanchel.

La comunidad artística

Tras la llegada de los primeros artistas que, como Barco abrieron camino, el distrito de Carabanchel se ha ido llenando de espacios de producción artística, muchos de ellos empleados por varios artistas que han unido fuerzas para hacer frente a los precios del alquiler.

Uno de estos espacios es Corner Gallery & Studio, un antiguo taller ubicado en el barrio de San Isidro que cinco artistas han convertido en su espacio de trabajo. Además de ser un estudio autogestionado de producción artística, Corner está sirviendo como vínculo de unión con otros creadores instalados en la zona gracias a su pequeña sala de exhibición.

Corner Gallery & Studio es un espacio autogestionado por cinco artistas que se han asociado para pagar el alquiler en Carabanchel.
Corner Gallery & Studio es un espacio autogestionado por cinco artistas que se han asociado para pagar el alquiler en Carabanchel.
JORGE PARÍS

"Tenemos alrededor una serie amplia de estudios de artistas de diferentes disciplinas y este es un espacio más de producción artística", declara Carlos Cartaxo, uno de los artistas que lleva Corner. "Lo que tiene de especial es que tiene dos espacios divididos ligeramente diferenciados: el estudio y un espacio de proyectos de exhibición donde invitamos a artistas tanto de la comunidad de Carabanchel, amigos y demás, como artistas de fuera".

Su extenso escaparate a pie de calle está atrayendo, poco a poco, además de a profesionales del arte como críticos y comisarios, a algunos vecinos de la zona que entran con curiosidad, en ocasiones con las bolsas de la compra. Según Cortaxo, siguen siendo "minoritarios, pero ya se van animando a entrar" y a ver también a los artistas trabajando in situ.

"Nosotros tenemos un buen feedback de los vecinos, nunca nos hemos encontrado con nadie que diga algo negativo", declara Cortaxo que no ve a la nueva comunidad artística como culpable de una potencial gentrificación del barrio, sino como otra víctima más si los precios se disparan, obligándoles a hacer de nuevo las maletas. "Ha pasado en otras partes del mundo, en el Soho de Nueva York, en Chelsea, en muchas zonas que han venido los artistas, lo han ocupado y, después, aquello ha subido como la espuma. Al final, apuestas, vives el momento no pensando en que, en un futuro, te pueda afectar".

Carlos Cartaxo, miembro del estudio Corner Gallery & Studio.

El salto cualitativo

La llegada de esta nueva comunidad artística no ha sido el primer gran cambio que ha experimentado Carabanchel en las últimas décadas. Desde finales de los 90, la inmigración latinoamericana ha cambiado la fisionomía de la zona, creando un poso cultural que ya es difícilmente extraíble del imaginario del Carabanchel actual.

Una pareja de vecinos latinos se acercan con una mezcla de curiosidad y timidez a la puerta de Veta, la galería de arte más grande de Madrid que abrió sus puertas en el barrio de Opañel el pasado mes de noviembre. Fer Francés, el joven galerista que gestiona el espacio les invita a pasar.

- A la galería se entra por aquí-, les indica.

- Pero… ¿Es gratis?

- ¡Claro! Bienvenidos.

"Mucha gente de la zona se está acercando sin saber si hay que pagar o no porque nunca habían podido acercarse a una galería de arte" explica Francés, ya en el interior de esta antigua fábrica de cocinas. Desde su llegada al barrio, la intención de Veta ha sido integrar lo máximo posible a los vecinos, organizando comidas populares y hasta acondicionando un parque de perros en la parte trasera de la nave.

Fer Francés, galerista de la galería 'Veta'.

Aunque no se trata de la primera galería de la zona -Sabrina Amrani inauguró la primera en 2011-, para la escena artística de Carabanchel que se ha ido fraguando en los últimos años la llegada de Veta, donde se exhiben las obras de artistas locales junto a la de creadores internacionales es un salto cualitativo que podría asentar al distrito definitivamente como un núcleo cultural en la ciudad.

"Este era un edificio del que ya venía muy enamorado por la luz que tiene y por estas posibilidades que da tener un espacio de estas magnitudes", declara Francés. "Como aquí, en Carabanchel, ya se estaba tejiendo un núcleo de creadores bastante interesante, creíamos que era igual el sitio donde podíamos hacer una visión internacional dentro de Madrid con más sentido".

Un espacio inusual en el barrio ha creado también situaciones inusuales. A la salida de la nave, frente al solar presidido por un enorme mural obra de Santiago Ydáñez, hay un pequeño edificio donde se reparte comida gratuita los fines de semana. Algún curioso, con la bolsa con la comida en la mano, ha entrado en la galería y ha acabado, según describe el propio Francés, comentando una de las obras con algún galerista trajeado que nunca se había aventurado por estos lares.

"(Los vecinos) están muy contentos porque dicen que tampoco tenían nada que hacer en Carabanchel más allá de ir a bares", declara Francés. "Muchos nos están dando las gracias porque realmente lo están sintiendo como suyo".

- ¿Y la famosa gentrificación?

"Realmente no creo que el hecho de que nosotros vengamos a aportar algo cultural, gratuito al barrio sea algo negativo. Las ciudades se tienen que expandir, ¿no?. Sigue habiendo muchos espacios súper vacíos. Las ciudades se van activando y, siempre y cuando se respete a los vecinos que están ya ahí… Todo puede funcionar bien para todo el mundo". 

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