La falta de salidas para los jóvenes resucita la artesanía: "Me siento un privilegiado, ya nadie se dedica a esto"

Clara Doblas estudió Bellas Artes y nunca se había planteado acabar trabajando como artesana.
Clara Doblas estudió Bellas Artes y nunca se había planteado acabar trabajando como artesana.
Jorge París | jparis
Clara Doblas estudió Bellas Artes y nunca se había planteado acabar trabajando como artesana.
JORGE PARÍS

Han estudiado Diseño, Arquitectura o Bellas Artes, pero ahora emplean sus propias manos para fabricar productos cotidianos, con técnicas que, en muchos casos, no han cambiado en siglos.

Una nueva generación de jóvenes, a los que la larga crisis de la pasada década cerró las puertas de entrada al mercado laboral, han decidido reorientar su carrera hacia la artesanía, revitalizando un sector que adolecía de un envejecimiento crónico.

"Me empecé a dedicar a la joyería un poco por hobby, pero por circunstancias de la vida, llegó la crisis y decidí darle una vuelta de tuerca a mi profesión, que era diseño de moda", declara Olalla Fernández, una joyera de 38 años que tiene actualmente su propia marca: Ópalo Joyería de Autor. "Fui a Inglaterra a estudiar unos cursos de joyería, me encantó y vi que era feliz haciendo esto".

Los datos sobre el la artesanía en España brillan por su ausencia, ante las dificultades para encontrar cifras fiables de un sector que carece de una definición concreta. Fundesarte, la principal organización de empresas artesanas españolas, realizó dos informes sobre la situación del sector que resultan muy reveladores por haberse realizado antes y después de la crisis de 2008.

"Ha habido una entrada muy grande de nuevos perfiles, de jóvenes que vienen de otras áreas", explica Laura Miguel, responsable de Fundesarte en la Escuela de Organización Industrial (EOI), una institución dependiente del Ministerio de Industria. "No vienen ya tanto por tradición familiar, que siguen siendo el 55% de empresas artesanas, de padres a hijos durante varias generaciones, cosas que se heredan, pero lo que hemos visto es que van entrando nuevos perfiles al sector".

Olalla Fernández era diseñadora, pero decidió ir a Reino Unido a estudiar joyería y, ahora, ha creado su propia marca.
Olalla Fernández era diseñadora, pero decidió ir a Reino Unido a estudiar joyería y, ahora, ha creado su propia marca.
Jorge París | Jorge Paris
"Lo que hago es enfatizar en el hecho de que son piezas únicas, hechas de manera artesanal, y no en una cadena de montaje"

Estas nuevas generaciones y perfiles han traído influencias estéticas y formas de comercialización que han dado un nuevo aire al sector, pero también se han encontrado con las dificultades que lastraban a los artesanos tradicionales como las dificultades para rentabilizar su trabajo ante los altos costes y los impuestos y la fuerte competencia de los productos industriales cada vez más baratos.

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"Es complicado, es mucho tiempo invertido, mucho trabajo y también dinero porque al final cuando creas tu propia marca tienes tú que hacer las piezas desde un principio y aportar tú ese dinero que cuestan las piezas”, explica Olalla. "Yo, con mi marca, personalmente, lo que hago es enfatizar en el hecho de que son piezas únicas, hechas de manera artesanal, y no en una cadena de montaje, que si yo te hago una pieza no la van a tener 10 millones de personas igual que tú".

Olalla Fernández muestra un detalle de una de sus piezas de joyería.
Olalla Fernández muestra un detalle de una de sus piezas de joyería.
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La irrupción de las redes sociales

Entre esos nuevos perfiles, según el segundo de los mencionados estudios, sobresalen las mujeres, que en el año 2010 representaban solo un 27% de los trabajadores del sector y en 2014 eran ya el 37,1%. Además, la llegada de una nueva generación más joven de artesanos al sector ha supuesto la eclosión de las redes sociales como canal de comercialización, comunicación y venta.

Clara Doblas tiene 32 años y lleva cuatro comercializando sus piezas de cerámica. Ha montado su propio taller en su casa. Iluminados por un amplio ventanal, Clara tiene allí todo lo que necesita para producir las cerámicas que tiene expuestas en unas estanterías: un horno, un torno y una mesa alargada donde moldea sus piezas.

Clara Doblas estudió Bellas Artes y nunca se había planteado acabar trabajando como artesana.
Clara Doblas estudió Bellas Artes y nunca se había planteado acabar trabajando como artesana.
Jorge París | jparis
"Con cualquier autónomo que hables te dirá que la tasa de autónomos es algo que tiene que cambiar ya"

"Desde que soy pequeña, me ha gustado hacer cosas con las manos, iba a cerámica con mi madre cuando éramos pequeñas y era el mejor momento de la semana", declara Clara, que, cuando empezó sus estudios de Bellas Artes, nunca se había planteado acabar dedicándose profesionalmente a la artesanía.

"Sobre todo vendo a través de la web y en determinados momentos he tenido ventas puntuales físicas, pero lo vendo prácticamente todo a través de la web y la manera de darme a conocer son las redes sociales, por Instagram sobre todo", explica esta joven artesana.

Autónomos como ella suponen la inmensa mayoría del sector -casi un 70%, según los datos de Fundesarte- y comparten los mismos problemas que los trabajadores por cuenta propia de cualquier otro sector, casi todos relacionados con la cuota mensual, que actualmente no depende de la facturación que haga cada profesional, sino que es una tasa fija de 294 euros.

"Yo estoy bien siendo autónoma, es verdad que es muy duro y tiene muchísimas cargas, pero soy autónoma por decisión propia", declara Clara. "Pero con cualquier autónomo que hables te dirá que la tasa de autónomos es algo que tiene que cambiar ya, porque no es lo mismo que yo facturo que lo que factura una gran empresa y no puede ser que yo pague lo mismo".

Clara Doblas moldea una pieza de cerámica en el torno que tiene en su taller.
Clara Doblas moldea una pieza de cerámica en el torno que tiene en su taller.
Jorge París | jparis

El futuro de la artesanía

Una formación específica en artesanía que resulte atractiva sigue siendo una de las asignaturas pendientes para poder crear un sector con capacidad de generar un producto que se distinga del industrial y sea capaz de darse a conocer en una sociedad dominada por la mentalidad de usar y tirar.

Myriam Toledo dirige la Escuela de Arte 3, un centro público ubicado en el distrito Centro de Madrid, donde estudian actualmente 127 alumnos para aprender orfebrería, platería o joyería artística.

"Ahora mismo, hay un resurgir de todas las arts and crafts. Ha habido una temporada en la que nos hemos dejado llevar por las máquinas y se hacía todo de una manera muy igual e impersonal", declara Toledo. "Yo me estoy dando cuenta de que la parte más manual, más artesana, más con alma se está reivindicando y creo que hay un resurgir de todo esto desde hace unos años".

No todos los jóvenes artesanos, sin embargo, son de la nueva hornada. El sector sigue teniendo un fuerte componente familiar, de pequeños negocios que se transmiten generación tras generación.

Javier Jiménez trabaja junto con su padre en el taller de ebanistería que fundó su abuelo en 1924.
Javier Jiménez trabaja junto con su padre en el taller de ebanistería que fundó su abuelo en 1924.
Jorge París |
"Empecé a barrer, a afilar la herramienta a limpiar pinceles con 13 años y, luego, desde los 17, ya empecé a trabajar en el taller"

El taller de ebanistería en el que trabaja Javier Jiménez Victorio, ubicado en el popular barrio de Vista Alegre, en el sur de Madrid, fue fundado en 1924 por su abuelo. Cuando era un niño, su madre se iba a hacer la compra y le dejaba allí con su padre, que le sacaba unos pinceles o un martillo "para que enredase".

"Empiezas a barrer, a afilar la herramienta a limpiar pinceles con 13 años y, luego, desde los 17, ya empecé a trabajar", cuenta Javier, que ahora tiene 32 años. "Te vas familiarizando con esto porque el coche huele a barniz, vas a casa de alguien y ves que no tiene los mismos muebles que tú, es algo que siempre está ahí. Me siento un privilegiado, ya nadie se dedica a esto".

La labor principal que él y su padre realizan en el taller es la restauración de muebles, algunos de ellos de varios siglos de antigüedad. Un trabajo que choca de frente con el modelo de muebles baratos que apenas tienen unos pocos años de uso y que tienen líneas de diseño muy sencillas de producir en cadena.

Javier Jiménez pule un tablón de madera en su taller, ubicado en el barrio de Vista Alegre de Madrid.
Javier Jiménez pule un tablón de madera en su taller, ubicado en el barrio de Vista Alegre de Madrid.
Jorge París |

"Las grandes empresas te meten el minimalismo en la cabeza, que todo sea blanco y con líneas rectas porque es súper sencillo de hacer y ellos pueden hacerlo en masa y fabricarlo rápido", defiende Javier. "La gente tiene en la cabeza comprar muebles para un tiempo concreto cuando antes estaba el concepto de 'compro esto para toda la vida y esta es mi mesa y esta es mi silla para siempre' y la gente se gastaba más dinero porque eran cosas que estaban bien hechas".

- ¿Tiene futuro la artesanía en este contexto?

- "Esto se lleva haciendo durante milenios y no va a cambiar de un día para otro. Lo más humano que hay es el arte y eso no lo puede hacer una máquina. La artesanía tiene un factor humano y siempre va a haber gente que lo valore".

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