El conflicto se recrudece con decenas de civiles muertos mientras Rusia y Ucrania vuelven a fracasar en su negociación

El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, visita a soldados heridos en un hospital militar de Kiev.
El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, visita a soldados heridos en un hospital militar de Kiev.
PRESIDENCIA DE UCRANIA / EFE
Los bomberos de Kiev sacan su artillería pesada para combatir el fuego que calcina estas viviendas llenas de civiles que decidieron quedarse en este vecindario del norte de la ciudad convertido por los proyectiles rusos en una trinchera. Primer rescate en llamas. Por las ventanas ennegrecidas sacan a los heridos. Muchos son pensionistas. Hay prisa pero el gemido doliente de esta mujer ralentiza el rescate. Son estas muestras de afecto de los bomberos ucranianos las que ponen ese extra de humanidad a estas horas sombrías. El beso a la mujer que se aferra a su cuello, envolver el cuerpo que ha quedado en mitad de la calle... Porque la crudeza de la invasión no cesa. Los restos de un misil ruso interceptado impactan de lleno en este otro barrio de Kiev destrozando un autobús, sepultando bajo los escombros a una mujer y causando varios heridos que caminan aturdidos. El Ejército ruso deja claro con estas acciones que intenta establecer su posición en la capital donde aún resisten más de un millón y medio de personas que ven que muy cerca, en Bucha, a los muertos se les entierra en fosas comunes.
Atlas

Entre Kiev y Moscú hay 862 kilómetros por carretera, pero la distancia, ya de por sí larga en lo físico, también es inmensa todavía en la parte negociadora para parar la guerra. Rusia y Ucrania siguen hablando, pero lo hacen sin resultados tangibles y en pleno de una ofensiva del Kremlin que mantiene toda su expresión cruel, ahora cada vez más centrada en las grandes ciudades y con cada vez más ataques. Las partes, dada la dificultad para los contactos, mantuvieron este lunes una cuarta reunión, pero por videoconferencia. En la agenda, más altos al fuego -aunque la mayoría hasta ahora se han incumplido- y un cara a cara entre Volodímir Zelenski y Vladimir Putin.

Pero el frente bélico se recrudece más y más sin que haya el menor atisbo de freno. Al menos nueve personas murieron y otras nueve resultaron heridas en un ataque contra una torre de televisión en la ciudad de Rivne, y, además, el Gobierno de Zelenski asegura que los muertos en el asedio a Mariúpol ascienden a 2.500. También en las ciudad prorrusa de Donetsk, al este del país, se vivieron ataques del Ejército ucraniano que dejaron dramáticas imágenes. Las autoridades de la autoproclamada República Popular de Donetsk denunciaron este lunes la muerte de 23 personas en un ataque con misiles contra el centro de la ciudad. "Hay niños entre los muertos", sentenció. Kiev negó después cualquier responsabilidad. Mientras, Naciones Unidas tiene registrada ya la muerte de al menos 636 civiles en Ucrania, entre ellos 46 niños, y más de 1.125 heridos.

En ese intercambio, Rusia anunció que había destruido un "depósito" de municiones de las tropas ucranianas en las inmediaciones de Kiev, donde además perdieron la vida otras dos personas. Según informó el Kremlin, el Ejército acabó con 145 vehículos aéreos no tripulados, cerca de 1.300 carros de combate y otros vehículos blindados, 124 lanzacohetes, así como unas 470 piezas de artillería y más de mil vehículos militares del Ejército ucraniano. Así, la OMS confirmó 31 ataques contra centros sanitarios en Ucrania, con 12 muertes y 34 heridos. Asimismo, Moscú apuntó que prepara "más ataques quirúrgicos contra mercenarios extranjeros" que estén desplegados en territorio ucraniano.

Ante esto, Kiev ya ha vuelto a pedir a Estados Unidos más sanciones contra Moscú y mantiene como una de sus principales demandas que se apueste por una zona de exclusión aérea, una opción que Occidente todavía descarta pero que ya ha encontrado el apoyo de Estonia (que se convierte en el primer país en reclamarlo abiertamente). Precisamente EE UU mantuvo un encuentro de alto nivel con China en Roma y alertó a los aliados de que Pekín está dispuesto a apoyar militarmente a Rusia.

El canal de comunicación, en todo caso, se mantendrá abierto y las delegaciones se han emplazado a un nuevo cónclave este martes. Mientras, estudiarán "detalles técnicos", según aseguró el asesor ucraniano Mijail Polodiak. Lo que pretende Zelenski es verse con Putin, donde sea y cuando sea, para elevar las conversaciones al máximo nivel. Los precedentes no solo muy halagüeños: la reunión en Turquía de la pasada semana entre los ministros de Exteriores de ambos países solo sirvió para evidenciar el estancamiento de la situación.

"Ahora que el ocupante todavía está en nuestra tierra, debemos vencerlo lo mejor que podamos. Para proteger las ciudades, para proteger los pueblos, para proteger cada metro de nuestra tierra. Y cada parte de nuestro corazón y alma ucranianos", expresó Zelenski, que además insiste en que Rusia sigue "acumulando material" para mantener el ataque contra la soberanía ucraniana. "Es una amenaza a nuestra forma de vida, a nuestro espíritu y a nuestro Estado", terminó el presidente ucraniano.

En una dualidad de mensajes que ambas partes lanzan al exterior, los bombardeos a varias ciudades ucranianas siguen siendo constantes, sin vistas a una pausa cercana y agravando la situación en el terreno. En la madrugada de este domingo se produjo el tercer ataque de los últimos días contra instalaciones militares en el oeste de Ucrania, acercando el conflicto a la frontera con la OTAN. La Alianza, en cambio, mantiene la calma. Insiste en que no cuenta con personal desplegado en Ucrania e incide en que su consenso es "defensivo", por lo que no está en sus planes entrar en el país pese a los avisos que llegan desde Kiev.

"Es cuestión de tiempo antes de que los misiles rusos caigan en su territorio, en el territorio de la OTAN, en los hogares de los ciudadanos de los países de la OTAN", sostuvo en un vídeo el propio Zelenski. tras el ataque a un centro militar a 25 kilómetros de la frontera polaca. En este bombardeo de más de treinta misiles han muerto 35 personas y hay más de 130 heridos, según fuentes ucranianas. En las cabezas de mucha gente siguen pululando las afirmaciones del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, en las que dijo que los aliados tienen "la obligación sagrada" de defender su territorio llegado el caso. Esa obligación, de momento, no se da. A nivel interno, el Ejecutivo de Zelenski ha insistido en que la capital "no está sitiada" ni rodeada de fuerzas rusas, pero al mismo tiempo denunció nuevas explosiones en la zona de la central nuclear más grande de Europa, en Zaporiyia, en teoría en manos de las tropas del Kremlin.

En cuanto a la respuesta de Occidente, la UE ya tiene listo el cuarto paquete de sanciones contra Rusia, que incluirá nuevos nombres de oligarcas (entre ellos el de Roman Abramovich, ya sancionado por EE UU y por el Reino Unido) y también medidas contra el comercio de bienes de lujo, un asunto sobre el que Italia y Bélgica han tenido siempre reticencias. En el caso de Europa, la vía diplomática sigue liderada por Emmanuel Macron, que ha sumado al canciller Olaf Scholz a la causa y que se mantiene pesimista sobre la deriva de Putin. Rusia insiste en que va a mantener sus objetivos. 

En cuanto a la situación humanitaria, los corredores se han reabierto un día más en varios puntos del país, aunque con el temor a que ese alto el fuego obligatorio se rompiera, como ya sucedió en ocasiones anteriores. La cifra de refugiados que han salido ya de Ucrania supera los 2,6 millones de personas, según los datos de Acnur, que además alerta de que dentro del país todavía quedan alrededor de tres millones de personas en situación de vulnerabilidad. 

En este escenario, el FMI ya avisa de que vienen problemas. "Se espera una profunda recesión y grandes costes de reconstrucción, en el contexto de una crisis humanitaria", comentó el organismo, consciente de que además la situación puede empeorar si la guerra se cronifica. Todos los frentes por tanto siguen abiertos: el bélico, el diplomático, el humanitario y el geopolítico. Y unos encuentran peores fines que otros.

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