Zona de exclusión aérea: qué es, por qué se niega la OTAN ante la petición de Ucrania y qué precedentes han existido

Imagen de uno de los cuatro aviones de combate F-18 del Ala 12 del Ejército del Aire que intervendrán en el establecimiento de una zona de exclusión aérea en Libia.
Un avión F-18.
EFE / Iñaki Gómez

Un cielo ucraniano intransitable para evitar el ataque aéreo del Ejército ruso. Es uno de los principales objetivos del presidente Volodímir Zelenski para defender su país y una de sus peticiones a la Alianza Atlántica -de la que su nación no forma parte- desde los primeros días de la invasión. Sin embargo, la OTAN se niega reiteradamente a prohibir la circulación de aviones sobre el territorio, al considerar que tal decisión redundaría en una escalada del conflicto y una guerra en toda Europa.

Pero... ¿en qué consiste exactamente la zona de exclusión aérea en la que tanto insiste Zelenski? Se trata de un área que las aeronaves no pueden atravesar y para ponerla en marcha es necesario el uso de medios militares, como sistemas de vigilancia, defensas antiaéreas y aviones que neutralicen a quienes ingresen indebidamente en el espacio restringido. 

La prohibición suele aplicarse a vuelos militares, aunque en otras regiones en diferentes momentos se ha extendido a aviones civiles. La finalidad es evitar misiones aéreas de ataque, de vigilancia o de observación. A lo largo de la historia, se ha impuesto en tres países distintos, en Irak tras la Guerra del Golfo, en Bosnia durante el conflicto y en Libia, y no siempre la ha decretado el mismo organismo. 

¿Por qué la pide Ucrania?

Desde el inicio de la invasión por parte de Putin, Zelenski ha reclamado la intervención de la OTAN para ayudar en la defensa de Ucrania frente al Ejército ruso. Al comprender, tras los primeros días de enfrentamientos, que la Alianza Atlántica no participaría activamente con el envío de tropas y aviones, sino que los países integrantes mandarían armamento y ayuda humanitaria, decidió pedir la declaración de una zona de exclusión aérea.

Lo hizo por primera vez el 28 de febrero, a través de un comunicado al medio estadounidense Axios. En ese documento, Zelenski aseguró que, si Occidente decretaba una zona de exclusión aérea sobre "partes significativas" del territorio de su país, este podría derrotar a Rusia "con mucha menos sangre". "Ucrania puede vencer al agresor. Lo estamos demostrando al mundo, pero nuestros aliados también deben hacer su parte", subrayó.

Desde un primer momento, la respuesta de los estados y de la OTAN fue rotunda: no adoptarían esa disposición. A pesar de todo, Zelenski no ha dejado de insistir en esta petición, por última vez este miércoles por la noche, a medida que se recrudecen los ataques en Ucrania, que han alcanzado hospitales infantiles, centrales nucleares y civiles mientras trataban de huir del horror de la guerra.

"Si (los países occidentales) están unidos contra el nazismo y contra este terror, deben cerrar (el espacio aéreo de Ucrania). No esperen a que yo se lo pida tantas veces, millones de veces. Cierren el cielo", dijo el presidente ucraniano, convencido de sus posibilidades de vencer con estas restricciones. Y añadió: "Empezará la Tercera Guerra Mundial y solo entonces harán una zona de exclusión aérea, pero será demasiado tarde".

¿Por qué se niega la OTAN?

Precisamente la voluntad de evitar una escalada del conflicto ha sido el motivo que ha llevado a la OTAN y a los países terceros a rechazar desde el principio cerrar el espacio aéreo ucraniano. Ante la primera solicitud, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Jen Psaki, afirmó en una entrevista con la cadena MSNBC que la imposición de esta zona de exclusión "significaría que el ejército de EE UU derribara aviones rusos", algo que Joe Biden "no quiere hacer". Desde entonces, todos los cargos estadounidenses han mantenido la misma postura.

"Esto intensificará de forma significativa la guerra en Ucrania, pero también, por supuesto, arriesga una guerra total en Europa, con los miembros de la OTAN"

Es la misma posición defendida por el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, que respondió inicialmente que el organismo que lidera no tiene intención alguna "de ingresar a Ucrania ni por tierra ni por aire". Este miércoles, más de una semana después, aseguró en la Conferencia de Ottawa sobre Seguridad y Defensa que la decisión de la Alianza Atlántica de no establecer una zona de exclusión aérea fue "dolorosa", pero busca evitar una "guerra total" con Rusia.

Stoltenberg explicó que imponer una zona de exclusión intensificará el conflicto actual y exigiría la confrontación directa con los aviones rusos y que la Alianza Atlántica tendría que atacar "de forma masiva" las defensas aéreas rusas situadas en Ucrania, Rusia y Bielorrusia, lo que supondría una "guerra total en Europa con los miembros de la OTAN".

Por su parte, el presidente ruso ya advirtió el pasado sábado de que vería como cobeligerante a cualquier nación tercera que adoptase una medida de este tipo y no dudaría en emplear los medios militares a su alcance contra ella. "Oímos por ahí que es necesario implantar una zona de exclusión aérea sobre Ucrania. Hacer esto es imposible desde su propio territorio, solo es viable desde algunos Estados vecinos. Sin embargo, consideraremos cualquier movimiento en esa dirección una participación en el conflicto armado por parte de ese país desde el que se crean amenazas al nuestro", subrayó.

¿Qué precedentes han existido?

Esta no es la primera vez que se plantea la posibilidad de decretar una zona de exclusión aérea con el objetivo de salvaguardar la integridad física de los civiles y de facilitar el suministro de material humanitario. Desde la década de los 90, se han establecido con esta finalidad estas áreas sobre diversos países, siempre bajo circunstancias de beligerancia y a instancia de las Naciones Unidas o de terceros Estados.

La primera ocasión en la que se aplicó esta zona de exclusión aérea fue en 1991, una vez terminada la Guerra del Golfo. Tras el levantamiento de las poblaciones kurda y chií contra el debilitado régimen de Sadam Hussein en Irak, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas adoptó el 5 de abril de ese año la resolución 688, en la que expresaba su preocupación y condenaba los actos de represión perpetrados contra la población civil en muchas zonas del país.

No obstante, fueron EE UU, Reino Unido y Francia los que añadieron la prohibición de vuelos militares iraquíes al norte del paralelo 36, ya que la resolución de la ONU no incluía ninguna autorización explícita a una zona de exclusión aérea. Más tarde, esta restricción se amplió al sur del paralelo 33. La primera limitación se prolongó hasta 1996 y la segunda, hasta 2003. Ya en aquel momento, el entonces secretario general de Naciones Unidas, Butros Butros-Ghali, no dudó en calificar de "ilegal" a la medida.

La segunda vez que se recurrió a una zona de exclusión aérea fue en la Guerra de Bosnia. En 1992, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la resolución 781 para instaurar un área sobre el país en la que no se permitiese el vuelo de aeronaves militares. Consideró esta medida un "elemento esencial para la seguridad de la prestación de asistencia humanitaria y un paso decisivo para el cese de las hostilidades". Sin embargo, no fue suficiente y las Naciones Unidades tuvieron que ampliar las restricciones a los helicópteros y a los aviones civiles. 

Igual que en Irak, esta medida, que duró hasta 1995, fue muy cuestionada. Aunque la OTAN justificaba estas limitaciones en la necesidad de frenar los ataques serbios, los críticos las tacharon de ineficaces o poco adecuadas a la situación, al considerar que no lograron evitar algunas de las mayores atrocidades del conflicto, como el asedio de Sarajevo y la masacre de Srebrenica.

La última ocasión en que se ha aplicado este cierre del esapacio aéreo fue en 2011, en la Guerra de Libia. Después de que los rebeldes, la Liga Árabe y varios estados occidentales solicitasen la imposición de esta área sobre el país magrebí, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó la resolución 1973, con el "fin de ayudar a proteger a los civiles". Quedaron excluidos de esta prohibición los vuelos con ayuda humanitaria y los destinados a evacuar ciudadanos extranjeros. La medida se prolongó durante siete meses.

Desde entonces, hace ya más de diez años, no se ha vuelto a decretar ninguna zona de exclusión aérea y no parece que, por el momento, las autoridades de los distintos países y de la OTAN caminen en esa dirección

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