La guerra del PP compromete la posición de Casado como alternativa a Sánchez y daña el plan futuro de Mañueco y Moreno

El presidente del Partido Popular Pablo Casado (2i), los candidatos del PP a la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso (d), y al Ayuntamiento, José Luis Martínez-Almeida (2d), y el secretario general del PP, Teodoro García Egea (i), el 26-M.
Pablo Casado (2i), Isabel Díaz Ayuso (d), José Luis Martínez-Almeida (2d) y Teodoro García Egea (i), el 26-M.
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Pablo Casado (2i), Isabel Díaz Ayuso (d), José Luis Martínez-Almeida (2d) y Teodoro García Egea (i), el 26-M..
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Hace tan solo un mes, el PP era un partido solvente que aspiraba a la mayoría absoluta en Castilla y León y miraba más lejos, hacia el sur, donde preparaba un adelanto electoral en Andalucía donde repetir la jugada. Eran los primeros pasos dibujados por su presidente, Pablo Casado, para amueblar en dos años la Moncloa. Primero en muchas encuestas, los pactos con Vox se consideraban un problema que abordar en el futuro, comprometido el presente más inmediato a teñir de azul las bombillitas de los escaños. 

Pero llegó febrero y el error del diputado Alberto Casero, el voto despistado que convalidó el decreto de la reforma laboral. Un "error informático" poco sostenible que rompió un posible rejonazo al Gobierno, que hubiera visto debilitada su viabilidad con una derrota en una ley crucial. Días más tarde, el 13-F fue una victoria amarga en Castilla y León que dejó al partido a 10 escaños de la mayoría absoluta y obligado a entenderse con Vox.

Sin embargo, la gravedad de lo sucedido este jueves complica unas proyecciones que no eran fáciles, pero sí asumibles. El día que el PP saltó por los aires e hipotecó los próximos pasos de la formación. "La situación de Ucrania es ahora mismo mejor que la del PP, porque allí no hay armamento militar", frivolizaba el expresidente José María Aznar. 

Pablo Casado y Teodoro García Egea 

Al cierre de esta edición, la sede del Partido Popular en la calle Génova era un lugar asediado por simpatizantes, pero no de Casado, sino de Ayuso, que pedían la dimisión del líder del partido. Las manifestaciones no son fotos completas, pero tras la refriega la cúpula del PP vive sus momentos más complicados desde que Casado ganara las primarias el verano de 2018.

Aunque muchos diputados, senadores y dirigentes territoriales han apoyado públicamente al presidente, otras voces discordantes como la diputada 'popular' Cayetana Álvarez de Toledo ya han pedido su dimisión tras lo ocurrido este jueves. Ángel Carromero, el nombre que sobrevuela el escándalo del presunto espionaje, ya ha renunciado. Esperanza Aguirre ha pedido la de Teodoro García Egea. 

La lucha por el electorado con Vox 

PP y Vox confluyen en un espacio electoral amplio. El PP, más que Casado, tiene un electorado fiel que asume la papeleta de su partido. Pero también Vox, que cada vez acoge a más votantes descontentos que, a tenor del auge, repiten.  Gran parte de sus electores simpatizan con un posible pacto en Castilla y León, es decir, son partidos cuyos electores guardan más similitud que sus líderes. La jornada de hoy es nefasta para los intereses demoscópicos del PP, perdido ya el monopolio de la derecha que ansía Casado. 

No obstante, Vox corre un riesgo: el de la pérdida de frescura asociada a los puestos de responsabilidad. El hecho de integrar un gobierno desde la minoría, la titularidad de consejerías supondría topar con la realidad, muy distinta a los programas electorales. 

La posición de Mañueco con Vox

Tras fijar el marco de negociación en los "principios" del partido, la detonación en Madrid compromete la posición negociadora de Mañueco en Castilla y León. Si bien remarcada la autonomía desde el primer momento y con los contactos iniciados, según algunas informaciones, la situación resta fortaleza al PP frente a Vox. Pablo Casado y Teodoro García Egea

Juega en favor de Mañueco, de cara a un acuerdo teleológicamente inesquivable, la sensación en las filas del partido de Vox. Santiago Abascal ha manifestado estos días que encuentra más hostilidad en Madrid que en Valladolid; no en vano, ha llegado a calificar el trato de Mañueco como "amable". Sin embargo, todavía no se conocen las concesiones que habrá que hacer el partido. Sí se conocen que todas las exigencias iniciales de Vox representan temas en los que el PP no está dispuesto a ceder. La posibilidad de una repetición electoral parece remota. La próxima semana comenzará la ronda oficial de contactos. 

El "no adelanto" en Andalucía

El tibio resultado en Castilla y León ha alterado los planes en Andalucía. "No es un atraso, es un no adelanto electoral", defienden fuentes 'populares' consultadas por 20minutos, aunque la sensación en el seno del partido sea que "Juanma Moreno no es Mañueco". Lo cierto es que tampoco Macarena Olona, la presumible candidata de Vox en Andalucía, es, a priori, Juan García-Gallardo, la apuesta anónima para Castilla y León. Después de que la derecha alcanzara el poder en 2019, un hito nunca antes conseguido en un territorio conquistado por el PSOE, perder el poder en Andalucía sería un batacazo inasumible. 

Moreno es ahora un líder consolidado que lidera encuestas y gestiona con solvencia apoyado en Ciudadanos. Permutar el socio de gobierno con Vox, con quien también ha de llegar a acuerdos para conseguir la mayoría, se antoja como un riesgo demasiado elevado visto el panorama. El PP, parece, esperará a que escampe el temporal y consumirán los plazos de la legislatura por ahora, que se cumplen en diciembre. 

La eterna recomposición del PP de Madrid

Pablo Casado fue el responsable de que una mujer prácticamente desconocida en política como Isabel Díaz Ayuso fuera elegida candidata a la Presidencia de la Comunidad de Madrid en 2019. Entonces, Casado y Ayuso eran amigos -se conocen desde hace 17 años, como ha recordado el secretario general, Teodoro García Egea-. La apuesta funcionó. Ayuso retuvo el gobierno a pesar de un pasado inmediato demasiado conflictivo para el PP de Madrid.

La brusca dimisión de Cristina Cifuentes tras la controversia del máster y el vídeo del supermercado, además del fin definitivo del aguirrismo, supusieron una etapa incierta que Ayuso, desde el Gobierno regional, y José Luis Martínez-Almeida, desde la Alcaldía de Madrid, supieron coser. Tras su apabullante victoria el 4 de mayo y su popularidad, Ayuso aspiraba a unificar definitivamente la bicefalia tradicional partido/gobierno en Madrid, Un foco de recelos para Génova.

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