Robbie Williams tira la toalla y admite su calvicie: "Parece el pompis de un bebé"

El cantante Robbie Williams, en un concierto en Hamburgo.
El cantante Robbie Williams, en un concierto en Hamburgo.
GTRES

A ciertas edades no aceptar la calvicie puede llegar a ser incluso extraño, algo que no debería estar ahí. No pasa nada en absoluto: la alopecia es solo sinónimo de que el tiempo ha pasado, que se ha vivido. Ni más ni menos. Y aunque hoy en día haya métodos para retrasar o paliar la caída del cabello, llega un momento en que es inevitable aceptarlo. Ese momento ha llegado para Robbie Williams.

El cantante, que en exactamente un mes cumplirá 48 años, se rapó en directo el pasado junio la cabeza con ayuda de su esposa, Ayda Field, y ahora ha hecho público que si lo hizo fue porque la calvicie ya le ha empezado a ganar la batalla y que tiene que aprender a aceptarla.

En declaraciones al periódico The Sun, el autor de temas como Angels, Feel o Rock DJ ha dejado claro que está "perdiendo el pelo" a marchas forzadas. "Cada vez que me da la luz desde arriba, [mi cabeza] parece el pompis de un bebé. Fui a hacerme un nuevo trasplante, pero me dijeron: 'Malas noticias, tu pelo es ya tan fino que no podemos sacar los injertos de ahí. No serviría de nada'", ha contado.

Asimismo, Williams ha admitido que en un principio se negó a aceptar el resultado y llegó a desembolsar "una pequeña fortuna" por dos viales que, inyectados, en teoría iban a ayudarle a volver a tener la densidad capilar de la que siempre hizo gala junto con más volumen. Pero no resultó.

"Costaron lo mismo que la casa de mi abuela. Me pincharon unas ampollas y me aseguraron que en cinco meses mi pelo empezaría a crecer mucho más espeso y voluminoso. Pero no ha hecho efecto. Ya han pasado siete meses y no ha pasado nada. Ni se nota", ha declarado Robbie, que ya en 2013, cuando aún estaba viviendo en Los Ángeles, se puso unos injertos de pelo que han perdido consistencia con el tiempo.

Ha explicado que siempre le ha podido la vanidad, pero que ahora necesita aprender a llevarlo con dignidad, signifique eso lo que signifique, dado que asegura que ver vídeos de su carrera es complicado porque todo le recuerda que se ha hecho mayor. "Ahora estoy en el escenario y tengo una pantalla de 12 metros a mis espaldas, me dedico a lo mío, bailando y tratando de ser sexy, pero de repente me giro y veo detrás de mí a un señor gigante con papada y sin pelo", se ha quejado finalmente.

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