Almudena Cid: "A los prejuicios por ser actriz y venir del deporte les he bajado el volumen"

Almudena Cid, en los Teatros del Canal.
Almudena Cid, en los Teatros del Canal.
Jorge Paris

La exgimnasta y ahora actriz Almudena Cid estrena hoy la obra Una historia de amor (Teatros del Canal de Madrid, hasta el 19 de diciembre) dirigida por Alexis Michalik, ganador de diez Premios Molière, donde trabaja con Loreto Mauleón, Aura Garrido, Silma López, Félix Gómez y Nacho López. Dulce, resuelta y reflexiva, Cid nos cuenta cómo es la función, su personaje y su renacer personal y profesional.

¿Qué vamos a ver en esta obra? Una historia de amor es precisamente eso, una historia de amor que habla sobre todo de las segundas oportunidades, de cómo uno reacciona al cambio de vida repentino y por necesidad y de cómo de inexplicable puede llegar a ser y de que con el paso del tiempo todo se coloca.

¿Y quién es Clara, su personaje? Clara es la pareja de William [un escritor atormentado] y es como su voz de la conciencia, su forma de pensar, quien le reconduce y le encauza, quien le entiende… tiene todos esos matices.

Actúa y baila durante la representación... Esta obra tiene un componente súper importante para mí y es que puedo trabajar con lo corporal, con el movimiento, porque ella es bailarina. Es un súper regalo porque aúna la herencia de mi etapa deportiva con la interpretación y es un híbrido que para mí era un sueño que ha llegado.

¿Cómo es prepararse para una función, calienta voz y cuerpo? Caliento la voz y el cuerpo, pero no porque lo que hago en el escenario sea algo complejo, todo lo contrario es muy etéreo, muy tranquilo, sencillo, llano… y el hecho de que el movimiento sea así hace que no necesite grandes movimientos, son tan sutiles que no precisan de una preparación concreta, pero sí me gusta calentar porque me sitúa en cómo prepararme para la función y lo que me genera salir al escenario. Me coloca y me ayuda a hacer los pasos previos para estar lista.

Ha actuado ante miles de personas y jugándoselo todo en un minuto y medio, ¿le ayuda a afrontar el escenario? Hay algo que te sitúa en la misma posición como deportista de élite o como actriz y es saber que ese es el momento exacto en el que tienes que enseñar el trabajo. Hay un vínculo muy directo con las dos sensaciones.

¿Y diferencias? A mí me ayuda mucho que el patio de butacas no esté iluminado, porque en el pabellón o en un estadio en una competición la luz es super fría y ves con claridad al jurado, al juicio del otro, al público, al aplauso. Pero en el escenario del teatro no siento ni la admiración ni el rechazo y me permite estar y es algo que tenía que controlar mucho en competición.

¿Cómo lo hacía? Veía puntos, me creaba una burbuja de cristal que me imaginaba para protegerme, generaba estímulos para salir y poder rendir. Aquí la iluminación ayuda mucho.

¿Cuando le aplauden es como cuando le puntuaban? Eso ocurre al final, pero antes hay carcajadas, porque Una historia de amor es un melodrama, y a mí eso me flipa. Cuando es un gag mío no lo escucho, sólo me entero del de mis compañeros. Y cuando salgo y me dicen ‘están a tope’ yo no he oído nada (risas). Están tan en lo tuyo… creo que aún me falta tomar conciencia de lo que pasa mientras actúo, pero creo que aún no quiero hacerlo, prefiero estar centrada en el trabajo.

Es una historia de amor, pero de distintos tipos de amor… Sí, son las distintas formas de amar y desde los distintos lugares desde los que podemos llegar a amar. Siento que hay mucho de esa segunda oportunidad de todo los personajes, incluida Clara. Es una función que está muy redondeada, es como matemáticas, me ha dejado maravillada.

¿Hay algo de la obra, una frase o reflexión que le haya calado a Almudena Cid? Sí, me resuenan muchas y depende de cómo llegas a la obra con tus problemas personales. Ayer me pasó que en la canción de inicio mi estrofa tenía un significado totalmente distinto al que tenía hace un mes.

Almudena Cid, en los Teatros del Canal.
Almudena Cid, en los Teatros del Canal.
Jorge Paris

¿Y de las protagonistas y su historia? Hay un momento en el que Katia está hablando a Inés y dicen algo así como "pero si nos queríamos, te quería, te admiraba" y el problema era un exceso de admiración. Y es que hay veces que la persona necesita no sentir el peso de la admiración del otro. Y yo nunca había leído entre líneas eso y por cosas de mi vida de repente pienso que tiene sentido. Pero es que puedo hablar así casi de cada frase de la obra.

¿Que el espectador haga esas mismas reflexiones es su objetivo? Creo que no hay ninguna pretensión, al menos por mi parte, más que trasladar la idea que tiene el director. Pero tú eres la herramienta de transmisión y según estés tú hay matices que no se controlan, que se dan por cómo tú estás. Tu forma de decir una misma frase cambia. Las veces que ya hemos hecho la función he recibido comentarios de personas que nunca me habría esperado, pero no hacia mi trabajo, sino lo que le ha hecho sentir la obra.

Está con actores consagrados, ¿cómo es su relación con ellos? Al principio me sentía pequeña, pequeña. La gente me ve como muy echada para adelante, pero me infravaloro mucho, desde chiquitita, es parte de mi esencia, aunque intento empoderarme.

Ya les había visto actuar, ¿no? Miraba el cartel y decía "si a Loreto la vi en Patria y me moría por su trabajo", "Aura, otra que hace nada fui a verla a Malnazidos", Silma, Félix, Nacho… y pensaba "¿qué hago yo aquí?".

¿Y cómo sale de ese pensamiento? (Risas) Pues empiezo a decir "Almu, tu personaje baila, igual hay actores que esto no lo pueden hacer. ¡Te han hecho un casting, Almu, que te lo han hecho y lo has pasado!" (Risas) Me lo argumento. Así que es un lujo verles en su esplendor y en sus dudas también. Y decir "ah, vale, que no sólo me pasa a mí". Hemos hecho un buen grupo y nos hemos ido mimando.

¿Ha sentido prejuicios por venir del deporte? Sí, los noté mucho cuando salió públicamente por primera vez que era actriz. Cuando volví a salir seguían, pero siento que, o les he bajado yo el volumen o han ido disminuyendo. No te puedo decir cuál de las dos cosas es. Intento no tener la atención puesta ahí porque me destruye y no me deja avanzar. Tengo derecho a un reciclaje con coherencia como es este. Cuando la gente luego lo ve piensa que tiene todo el sentido, pero al principio no.

¿Es de las que guardan rencor? Lo perdono, porque soy la primera que tiene prejuicios sobre cosas. Pero hay que hacer el ejercicio de empatía y de sinceridad para superar los prejuicios.

¿Le satisface callar bocas? A efectos del exterior se demuestra sobre el escenario, pero en realidad lo hago para mí, para crecer, para sentirme dentro de un grupo, porque como gimnasta el peso lo tenía yo sola siempre.

Almudena Cid, en los Teatros del Canal.
Almudena Cid, en los Teatros del Canal.
Jorge Paris

Ahora no está sola cuando sale ante el público... ¿Sabes lo que es compartir el peso? Yo lo he sabido ahora, porque lo tenía antes yo todo sobre mi espalda. Lo viví con Sergio Peris-Mencheta en La cocina, que éramos 26. Fue mi primera experiencia teatral y dije ¡esto es la bomba! Yo tengo mis momentitos, cada uno tiene sus momentitos… al final se ha ido estrechando el cerco y he ido cogiendo más peso pero ha sido progresivo y me ha permitido ir contactando con el teatro de una forma muy sana.

¿Qué otras salidas se planteó después del deporte? Tuve una crisis muy gorda cuando me retiré y eso que me retiré donde quise, cuando quis y como quise, pero aún y todo el deportista pasa por una crisis de identidad, porque los demás siguen viéndote como quien eras, pero ya no eres esa persona.

Y usted siente que sí, ¿es eso? Tu mente mira hacia atrás y ve lo que fuiste y piensa ¿ahora qué soy? Pierdes la sensación de convicción que tenías con la profesión y tienes que volver a crearla. Es como una jubilación anticipada.

Había una salida que parece obvia por repetida... Todo el mundo me decía "entrenadora". Y no había otra cosa que me doliera más que que alguien decidiera mi futuro. Y dije "no, tengo que escucharme" y me di un tiempo y me di cuenta de que quería seguir contando historias. Con cada ejercicio yo contaba una historia y en lugar de expresarme con las palabras lo hacía con el cuerpo. Así que se trataba de trabajar la voz y reconducir y empecé a probar y llenó parte de mi vacío.

Es una obra que rompe prejuicios, pues la protagonizan dos mujeres que tienen una hija… Me gusta la naturalidad y la normalidad que muestra la función. Hay un momento en el que los dos personajes tienen la duda del “qué pensarán” y se hacen reproches. Está bien que se cuente y que si alguien tiene un prejuicio lo vea en los personajes y se lo plantee y el que no lo tenga se vea acompañado.

En La isla de las tentaciones hubo polémica con el tema de la bisexualidad, no sé si lo vio… Yo trato de no juzgar, porque he sido muy juzgada. Tengo esa manía de ser tolerante (risas) y de dejar que cada uno elija su camino, porque si le lleva a la felicidad no soy quien para juzgarlo. Hasta que uno no transita por ciertas situaciones es difícil que se ponga en el sitio del otro. Mientras menos daño hagamos, que a veces lo hacemos sin querer, mejor. Porque eso es luego culpa que te llevas al otro lado. Pero eso que dices no sé qué es, no lo vi. 

Y usted quiere irse con la conciencia tranquila, ¿no? Me gustaría que el diga que esté viendo que mi vida ya se va, estar lo más ligera posible.

¿Qué tal le ha ido con Alexis Michalik? Es un crack. Tiene muy claro lo que quiere, tiene un ritmo muy calculado y nos dice 1,27 o 1,28 h y si dura más es que hemos hecho algo mal. Me ha encantado porque era crear una estructura teatral de una forma muy deportiva. Montamos la mecánica y luego ya nos ocupamos de los personajes y sus dificultades. Y en la Gimnasia rítmica es lo mismo: pones la estructura, los giros, los equilibrios, las transiciones y luego ya ves cómo respiras para llegar a todo eso. Y aquí era igual y no me generaba ningún conflicto.

¿Está más preparada para recibir órdenes por venir del mundo de la gimnasia? Creo que el ego de la persona ante un “no” lo tengo más amansado. Eso me ha generado muchas más oportunidades, porque igual he ido a un casting con una idea de mi prueba y me han propuesto todo lo contrario y no he sentido resistencia a ese cambio. Para mí el no… pocas veces tenía un sí (risas).

¿Tiene algún truco para estudiar los textos? No, primero me cojo la escena y me la leo muchas veces, hasta que empiezo a entenderla, a ver lo que hay entre líneas y empiezan a encenderse bombillas. Y a base de leerlo y entenderlo integras el texto.

¿Qué aficiones tiene? ¿Se vuelca tanto con Da Vinci como su pareja, Christian Gálvez? No. Me encantaría tener un tema que me vuelva loca, una afición que roce un poco lo obsesivo. Me gustaría encontrar algo con lo que estaría todo el día. Soy una persona inquieta y me considero alguien creativa, que salta más de una cosa a otra.

Paloma del Río se retira, ¿ha hablado con ella? Hablo con ella casi todos los días (risas). Ella me ayudó a reconciliarme con ver la gimnasia desde fuera y a hablar sobre ella. Una cosa es verlo y otra juzgarlo desde la posición de alguien que lo ha vivido y entiende al deportista. Ella me hizo una entrevista antes de retirarme y fue la entrevista de mi vida como deportista. Luego se la devolví en un vídeo que se hizo viral. Me gustó sacar a la persona más allá de la periodista.

¿Es un buen equipo el de deportista-periodista? Hay una tendencia muy sana de que los periodistas entiendan que hay cosas a las que no puede llegar porque no lo han vivido. Si no has sentido cómo duele un pie, cómo se estira una rodilla, cómo se corre detrás de un aparato que acabas de perder para retomar el ejercicio… eso te lo puedes imaginar, pero si no lo has vivido no lo sabes. Y hay una tendencia de que el periodista esté acompañado de un deportista experimentado y es un tándem muy bueno.

¿Se ve haciendo ese trabajo? No lo veo como trabajo. Me criticaron mucho que retransmitía junto a Paloma los juegos y que los hacía gratis. Y algunos periodistas se indignaron un montón, pero es que yo no soy periodista, estaba acompañando a una persona que había narrado mi vida, que había sido la voz de mi gimnasia y la acompañaba para aumentar el conocimiento del espectador. Y poco después se empezó a retractar todo el mundo. Yo solo quería que los espectadores amen mi deporte a través de lo que pueda narrar, pero no es mi línea de trabajo, aunque lo siga haciendo.

¿Ha mejorado la atención al deporte femenino? Sí y Paloma tiene mucho que ver. La rítmica siempre ha sido femenina y el problema lo hemos tenido muchas veces en deportes considerados masculinos, donde siempre ha habido mujeres, por cierto. Ahora hay un apoyo, una ventana un poco más amplia y no se puede cerrar. Ya ha pasado, durante la Primera Guerra Mundial los equipos femeninos de fútbol llenaban estadios y con la Segunda Guerra Mundial desapareció y las mandaron a las casas a cuidar de las familias. Han sido losas que se le han ido poniendo a cosas que eran orgánicas y naturales.

Usted también ha defendido lo contrario... Yo le doy visibilidad a los chicos en la rítmica, porque he visto que eso se lo hacen a las chicas en otros deportes. Ocurre poco al revés, pero pasa y entiendo el dolor, la incomprensión y las barreras.

¿Tuvo usted ejemplo de pequeña? Mi madre ha jugado al fútbol de joven y luego se cruzaba el pantano a nado cuando que la mujer nadara era raro. Yo lo veía normal, pero la gente tenía prejuicios.

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