Una fotografía de Kim Kardashian ayuda a resolver el misterio de un sarcófago egipcio

<p>Kim Kardashian, en la alfombra roja de la Gala del MET, en Nueva York en 2018.</p>
Kim Kardashian, en la Gala del MET, en Nueva York, en 2018.
JUSTIN LANE / EFE

Es casi imposible olvidar aquel vestido. Es cierto que cada aparición, año tras año, de Kim Kardashian en la gala del Museo Metropolitano, conocida como el MET, causa expectación porque raramente defrauda. Pero aquel año, 2018, en el que la temática de la fiesta era la imaginería católica a través de varios siglos hizo que la socialité rompiese moldes y se hiciese un hueco en la memoria colectiva gracias a un vestido dorado con corsé, diseño de Atelier Versace, con una cruz en el vientre y otra en la cadera.

Pues gracias a aquel vestido y a la necesidad de fotografiarse de la influencer se ha resuelto un misterio que concierne al Antiguo Egipto. Tal y como explica el periodista Ben Lewis en el podcast Art Bust: Scandalous Stories of the Art World, la clave está en un posado que hizo la más mediática de las Kardashian con el sarcófago de oro de Nedjemankh, que el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York había comprado un año antes.

La idea de Kimberly era mostrar con dicha imagen la similitud entre su atuendo y algo tan antiguo como el ataúd eterno de un sacerdote del dios Heryshaf en la época ptolemaica. Una instantánea tomada por el fotógrafo Landon Nordeman para el The New York Times que, al fin y al cabo, era una más de las que sube continuamente la empresaria.

Sin embargo, dicha imagen se viralizó y consiguió un hecho importante porque puso en el radar que ese sarcófago estaba, precisamente, en el Met. ¿Y quién vio la fotografía? El saqueador que desenterró el sarcófago en la ciudad de Menia, quien "había sido traicionado" por sus socios tras el golpe, que tuvo lugar durante la Revolución blanca, aquella que se dio en Egipto en 2011. 

Los contrabandistas había sacado el sarcófago de Nedjemankh del país clandestinamente a través de los Emiratos Árabes Unidos hasta Alemania, donde el dueño de la Galería Dionysos de Hamburgo, Roben Dib, supuestamente lo habría restaurado y proporcionado unos documentos de exportación que luego resultaría ser falsos. Con dichos documentos el sarcófago viajó hasta Francia, donde unos marchantes de antigüedades organizaron su venta al MET por 4 millones de dólares.

Una fuente con conocimiento de todo lo que se estaba cociendo envió toda la información necesario, en forma de soplo, al jefe de la unidad contra el tráfico de antigüedades de la Fiscalía, Matthew Bogdanos, añadiendo un punto crucial: nunca se le había pagado al saqueador por su trabajo y por haberlo sacado hacia Europa en secreto, habiendo sido este traicionado.

Bogdanos, cuentan desde el podcast, abrió el correo y miró ese "brillante icono" al lado de la celebrity "desconcertado, levantando la ceja como si fuese la primera vez que alguien veía ese sarcófago desde hacía 2.000 años". Bogdanos llevaba persiguiendo esta red de contrabando desde hacía cinco años.

Inmediatamente se pusieron manos a la obra y comenzaron a tirar del hilo de ventas, confirmando primero que se trataba del auténtico gracias... ¡A un hueso momificado del dedo del sacerdote que se quedó dentro después de que los ladrones arrojaran el cuerpo!

Al museo neoyorquino no le quedó más remedio que aceptar la impepinable verdad y devolvió en septiembre de 2019 el sarcófago a El Cairo, donde están ultimando la inauguración del nuevo e imponente Gran Museo Egipcio. Por último, el director ejecutivo del MET, Daniel Weiss, se tuvo que disculpar con el pueblo egipcio y, en especial, con Khaled El-Enany, actual ministro de Turismo y Antigüedades de Egipto.

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