El 60% de científicos es acosado por hablar sobre covid: "Los antivacunas me dijeron que me cortarían en pedazos"

Una mujer trabajando en un laboratorio científico
Una mujer trabajando en un laboratorio científico
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El precio a pagar por hablar públicamente de la pandemia es alto. Los científicos, convertidos con la crisis sanitaria en portavoces e informadores de la covid-19, se han convertido en demasiadas ocasiones en la diana de los ataques y acoso por redes sociales. Amenazas de muerte, bullying en redes sociales y campañas de descrédito son algunas de las consecuencias que, según un estudio reciente, han sufrido los expertos que se animan a difundir sus conocimientos sobre el virus. 

Con el objetivo de analizar hasta qué punto los profesionales han estado sometidos a estos ataques, la revista 'Nature' realizó una encuesta a más de 300 científicos que han concedido entrevistas sobre coronavirus a los medios de comunicación o hablado del tema en sus redes sociales. Los resultados constataron que, en efecto, existe "una amplia experiencia de acoso o abuso".

Alrededor del 15% de los encuestados dijo haber sido amenazado de muerte, y el 22% había recibido amenazas de violencia física o sexual. Algunos incluso aseguraron que su jefe había recibido quejas sobre ellos o que la dirección de su domicilio había sido difundida en Internet; y seis de ellos contaron que fueron agredidos físicamente. 

El fenómeno, explicaron los científicos a la revista, no es nuevo. Hay otros asuntos, como el cambio climático o la vacunación de otras enfermedades, que suscitan también este tipo de ataques. No obstante, los expertos reconocieron que el acoso por temas relacionados con la covid-19 ha agravado la situación.

"Me dijeron que me cortarían en pedazos"

A Salvador Macip, investigador en la Universidad de Leicester (Reino Unido) y divulgador científico, le amenazaron por hablar de la vacuna contra la covid-19. "Fui uno de los primeros en hablar de vacunar a niños, y eso atrajo la atención de una serie de antivacunas que organizaron una campaña de acoso y derribo en redes sociales", relata a 20minutos. 

Salvador Macip

SALVADOR MACIP

  • Director investigador de la Universidad de Leicester (Reino Unido)y divulgador científico..
Profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud en la UOC.

Según explica, recibió cientos de mensajes "inquietantes" en muy poco tiempo. "Ya no solo eran para insultarme, sino que también me amenazaban diciéndome cosas como que sabían donde vivía, que vigilase por donde iba y que me cortarían en pedazos. Ya eran asuntos que daban un poco más de miedo", reconoce el también profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

Lo único que Macip pudo hacer entonces para frenar esos ataques fue cerrar todos sus perfiles de redes sociales durante semanas y bloquear a los usuarios que le acosaban continuamente. "Supongo que lo hacen para intimidar a la gente que piensa diferente que ellos. No creo que nadie esté realmente dispuesto a llevar a cabo sus amenazas, pero igualmente asusta".

Con todo, explica que este fue un caso aislado en su experiencia. "La verdad es que la mayor parte de las interacciones que he tenido a raíz de dar un poco la cara durante la covid han sido positivas. Salir en medios obviamente te expone más a que la gente te vea, pero puede ser positivo y negativo. Hasta cierto punto es algo con lo que ya sabemos lidiar los que hemos hecho divulgación", afirma. 

"Efecto paralizador" para las víctimas 

Ante esta problemática, los encuestados confiesan sentirse desprotegidos. Las probabilidades de recibir correos electrónicos amenazantes, llamadas telefónicas o ser víctima de una campaña de ataque y desprestigio coordinada en redes sociales, se disparan con la covid; y los científicos no creen que los gobiernos, agencias de financiación y sociedades científicas estén haciendo lo suficiente para defenderles. 

Además, hay que tener en cuenta el "efecto paralizador" del que advierten en la investigación. Y es que el resultado de las encuestas señala que, aunque los investigadores intentan ignorar el abuso que sufren, es inevitable que las víctimas no se replanteen volver a intervenir en cualquier medio de comunicación o incluso informar en redes sociales sobre el tema del que son expertos, por miedo al acoso. 

"Esto influye sobre todo en los que menos divulgación han hecho. Porque cuando son víctimas de ataques, muchos se preguntan hasta qué punto sale a cuenta pasar un mal rato por informar. Es uno de los peligros de estas acciones. Que desincentiven a algunos científicos a hablar de cómo funciona la ciencia. Porque al final, pese a que igual el impacto real no exista en la mayoría de las ocasiones, se sufre un impacto psicológico", asevera Macip. 

"Es una gran pérdida si un científico es sacado de un debate público en un momento en el que lo necesitamos"

Esto es una consecuencia "preocupante", según señala a la revista científica la directora ejecutiva del UK Science Media Center (SMC) de Londres, Fiona Fox. En un contexto de creciente desinformación, señala Fox, se hace mucho más importante la intervención y difusión de los científicos y expertos, sobre todo sobre un asunto tan importante como una pandemia mundial. 

"Es una gran pérdida si un científico que estaba comprometido con los medios de comunicación, compartiendo su experiencia, es sacado de un debate público en un momento en el que nunca lo habíamos necesitado tanto", asevera. 

Por su parte, la historiadora y experta en acoso 'online', Heidi Tworek, explica en el artículo que una de las explicaciones de este aumento del acoso es el "creciente estatus como figuras públicas" de los científicos, llevados a primer plano por la crisis. 

"Algunos aspectos de la ciencia de la covid-19 se han politizado tanto que es difícil mencionarlos sin atraer una tormenta de ataques", afirma el artículo, en el que se especifica que los desencadenantes de los mensajes de odio recibidos por los encuestados suelen ser declaraciones o publicaciones sobre vacunas o fármacos concretos muy polémicos. "Creo que he recibido más amenazas de muerte debido a la ivermectina [un fármaco cuyo uso se barajó contra la covid] que cualquier cosa que haya hecho antes", confiesa el epidemiólogo Gideon Meyerowitz-Katz, de la Universidad de Wollongong en Australia.

"Es una pena dejarse vencer, manipular, e influir por un grupo pequeño de radicales"

Otro tema que atrae altos niveles de acoso es la cuestión de los orígenes del virus SARS-CoV-2. La investigación señala que cada vez cuesta más encontrar científicos que estén dispuestos a comentar públicamente sobre el tema por temor a ser atacados. 

A pesar de los riesgos, incrementados con el anonimato de las redes sociales, el investigador Salvador Macip asegura a este periódico que el acoso no le va a impedir seguir difundiendo sus conocimientos. "No creo que tenga la suficiente importancia como para limitar la contribución que puedo hacer, que es positiva y puede ayudar a la gente. Si la cosa se intensificara, supongo que me costaría más, y entiendo que otras personas tienen el límite un poco más bajo. Pero es una pena dejarse vencer, manipular, e influir por un grupo pequeño de radicales", concluye. 

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