El recibo de la luz subió 22 veces más en España que en Portugal pese a tener los mismos precios en el mercado mayorista

Un hombre observa el cableado de la red eléctrica en Bilbao.
Un hombre observa el cableado de la red eléctrica en Bilbao.
LUIS TEJIDO / EFE
Los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea abordarán este jueves la escalada de los precios energéticos.
Europa Press

Mientras que los hogares españoles llevan meses echándose las manos a la cabeza, preocupados por el imparable ascenso de los precios de la electricidad, sus vecinos portugueses han visto cómo su factura de la luz apenas se ha movido en todo este tiempo. Y todo ello, a pesar de que España y Portugal comparten mercado mayorista y tienen, por tanto, los mismos precios en el 'pool'.

Los datos de lo que gastan los hogares en electricidad según el IPC -uno de los indicadores más fiables para analizar cómo han variado los precios a falta de métricas más concretas- son bastante elocuentes. Mientras que en España el pasado septiembre el gasto eléctrico fue un 45% superior a lo registrado un año antes, en Portugal el incremento apenas fue del 2,3%. Si se elimina el efecto distorsionador de la pandemia y se toma como referencia 2019, el repunte en la factura española asciende al 43,8%, mientras que la portuguesa se elevó tan solo un 1% en ese mismo periodo. 

Además, los incrementos registrados en la factura de la luz han sido muchos más pequeños en las principales economías europeas. En Italia el IPC eléctrico repuntó en septiembre un 15,5% respecto a 2020, una cifra que se reduce hasta el 2,2% en Francia y al 2% en el caso de Alemania.

El encarecimiento de la electricidad 22 veces superior en España que en Portugal resulta especialmente llamativo. Sobre todo si se tiene en cuenta que los dos países comparten el mismo operador del mercado mayorista (OMIE), una característica común que ha provocado que en la última década ambos países hayan tenido los mismos precios de la energía mayorista con diferencias que apenas son apreciables. 

Por tanto, si el vertiginoso ascenso en los precios mayoristas de la energía lo han sufrido por igual los dos países, ¿por qué la diferencia en lo que paga el consumidor final es tan grande? La explicación está en los diferentes mecanismos que emplea cada país para trasladar los costes mayoristas al consumidor final.

Mientras que en Portugal el regulador del mercado (ERSE) fija a finales de año los precios y tarifas que estarán vigentes el ejercicio siguiente, en España la modalidad de servicio más frecuente es la de precios dinámicos. Esto quiere decir que, mientras que un hogar portugués pagará a lo largo del año una cuantía fija por la electricidad -a no ser que el Gobierno intervenga para cambiar el precio de referencia-, en España lo que paga el consumidor medio suele estar vinculado de forma directa a los resultados del mercado mayorista diario.

El sistema minorista español es una rara avis en el ecosistema europeo. Es uno de los seis países de la UE -junto a Estonia, Suecia, Finlandia, Dinamarca y Países Bajos- que ofrecen opciones de suministro con precios dinámicos. Además, se da la circunstancia de que la tarifa regulada española (a la que están suscritos el 40% de los consumidores) es la única en todo el Viejo Continente que aplica este sistema de precios.

Según un estudio de la Comisión Europea que cita datos de la CNMC, en 2018 el 75% del consumo final de energía en España (incluido el uso comercial) estaba basado en precios dinámicos, un dato que explica en gran medida por qué España se ha convertido en el segundo país de la UE donde más se ha encarecido la factura de la luz. El único Estado donde la electricidad ha subido más es Estonia (74,5%), un país en el que el sistema de precios dinámicos es también el más habitual. Algo parecido ha ocurrido en Suecia (23,8%), donde este sistema tiene un peso relativo importante entre los consumidores.

Aunque es cierto que en tiempos de crisis energéticas con precios mayoristas altos el bolsillo de los españoles lo nota más que sus vecinos, también ocurre lo mismo cuando el mercado mayorista se desinfla. Prueba de ello es lo ocurrido en los meses más duros de la pandemia, cuando los precios mayoristas se desplomaron en todo el mundo. En abril de 2020 la factura de la luz para el consumidor español fue un 20% más baja que la que tuvo que pagar en el mismo mes de 2019. En comparación, en Portugal los precios se redujeron un 2,3%, mientras que en Alemania, Francia o Italia llegaron incluso a repuntar, eso sí, por debajo del 1%.

Pese a la volatilidad que genera, el sistema de precios dinámicos ha sido recomendado por algunos organismos de prestigio, tal y como recuerda el Banco de España. El Consejo de Reguladores Europeos de la Energía -al que está adscrita la CNMC- y algunos informes de la Comisión Europea lo defienden porque, sostienen, facilita que los consumidores adapten su consumo a la situación del mercado, porque hace al mercado más transparente y porque permite gestionar la demanda de manera más eficiente.

Entonces... ¿Dónde se paga más en España o Portugal?

Los datos del componente eléctrico del IPC permiten saber lo que suben y bajan los precios pero no dan respuesta a qué nacionales pagan más finalmente en su factura. La única forma de saber esto es esperar a que Eurostat publique su estimación semestral, algo que la institución estadística hizo el miércoles.

Los últimos datos de Eurostat, correspondientes al primer semestre de este año, reflejan que el hogar medio español pagó la luz a 0,23 euros el kilowatio hora (€/Kwh) en ese periodo, mientras que el portugués lo hizo a 0,2 €/Kwh, una diferencia del 11,2%. Esta tendencia se ha mantenido en los últimos tres años y medio -concretamente desde el segundo semestre de 2017-, en los que el hogar español ha pagado la electricidad algo más cara que su vecino peninsular.

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