La industria sufre una crisis de precios sin precedentes en 41 años que amenaza con encarecer aún más el consumo

Cadena de montaje.
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Para encontrar un auge comparable habría que remontarse a mayo de 1980,
Wochit

La industria española sufre una tormenta perfecta que ha disparado los precios a un nivel que no se veía en los últimos 41 años. Según los datos del Índice de precios de la industria (IPRI), publicados por el INE este lunes, los valores en este sector eran el pasado agosto un 18% más elevados que el año anterior. Para encontrar un auge comparable habría que remontarse a mayo de 1980, cuando el país se hallaba en plena reconversión industrial.

El IPRI -también conocido como inflación industrial- mide los precios de venta de los productos a la salida de la fábrica, es decir, no tiene en cuenta los costes de transporte, comercialización e IVA que el consumidor acaba pagando más tarde cuando el producto terminado llega, por ejemplo, a la estantería del supermercado o al concesionario. Pero este índice no mide solo eso, también refleja los costes de las materias primas o de la energía que las empresas necesitan para elaborar productos o conceder servicios. "A veces son productos ya terminados que solo tienen que ir al minorista y otras veces son productos intermedios que van a ir a otras industrias", resume María Jesús Fernández, economista sénior en Funcas. 

Lo cierto es que la inflación industrial multiplica por seis a la que afecta a los bienes de consumo, que ascendía al 3,3% el pasado agosto y con la que está estrechamente relacionada. Y los motivos que impulsan a ambas son parecidos. Al igual que ocurre con la cesta de la compra, detrás de los repuntes en los precios de la industria está el encarecimiento de la energía -un 41,6% más costosa que el año anterior- aunque en este caso se suma también la carestía de ciertas materias primas, que son ahora un 16,1% más costosas que hace un año.

¿Qué está pasando en la industria?

Esta crisis de precios se explica por una conjunción de factores diversos que se han solapado en el tiempo. Por un lado, los elevados precios del gas han disparado los costes energéticos en todo el mundo. El coste de las materias primas también está disparado -además hay escasez de componentes industriales clave como semiconductores- y el transporte también se ha encarecido notablemente. En concreto, enviar un contenedor por vía marítima cuesta ahora cinco veces más que hace un año. A todo ello hay que añadirle que los consumidores se han lanzado a gastar sus ahorros con más fuerza de lo que la mayoría de analistas habían previsto, acentuando la subida de precios.

"Hay una tormenta perfecta de subidas de costes. Suben las materias primas, los productos energéticos, los fletes marítimos, hay dificultades de abastecimiento... Todo esto junto da lugar a estas tasas de crecimientos [de precios] que estamos viendo", destaca María Jesús Fernández.

"La recuperación de la demanda ha sido mayor y más rápida de lo esperado. Los stocks [almacenes] estaban vacíos y la recuperación se ha producido a mucha más velocidad, por lo que ha habido más demanda que oferta y esto ha generado un incremento de precios", explica, por su parte, Juan Antonio Labat, director general de la Federación Empresarial de la Industria Química Española (Fequie).

"[El alza de precios] tiene que ver de forma manifiesta con la subida de la energía y el tema de los suministros: hay un cuello de botella importante que afecta al transporte y comercio", añade Antonio Pedraza, presidente de la Comisión Financiera del Consejo General de Economistas. "Es un tema muy extraño, efectivamente no ocurría desde hacía mucho tiempo con este ímpetu", agrega.

Entre los sectores industriales que más se han visto resentidos se encuentran la metalurgia, la industria química y las industrias del papel o de la madera, destaca la economista de Funcas, que añade que estos productos "son componentes que van a la fabricación de muchos bienes de consumo".

Si afecta solo a la industria ¿dónde está el problema entonces?

Si la presión inflacionista sobre la industria se prolonga en el tiempo más de lo deseable, los consumidores lo acabarán sufriendo en forma de una cesta de la compra más cara, lo que se acabará reflejando en el IPC. 

"Los aumentos de precios y costes son tan intensos que va a ser inevitable un cierto traslado [al consumo]", apunta María Jesús Fernández, de Funcas, que ve estas la alta inflación industrial como algo "preocupante", aunque matiza que puede su influencia final sobre el IPC no sea tan intensa.

Por el momento, el trasvase de la crisis de la industria a los bolsillos está siendo limitado. Esto es así por que las empresas están optando por reducir sus márgenes de beneficios para seguir siendo competitivas antes que subir los precios de sus productos. Pero, como recuerda Antonio Labat, de Feque, "Cuando tu margen es cero ya no puedes seguir produciendo" y en ese caso es inevitable que suban los precios. Además, añade Fernández (Funcas), si los márgenes bajos se prolongan en el tiempo la rentabilidad de muchas empresas podría quedar cuestionada.

Los expertos apuntan a que será transitorio

La clave para saber si la crisis de la industria se traslada a los bolsillos de los consumidores es cuánto durará esta tormenta perfecta. "Hay cosas que van a durar bastantes meses. El desabastecimiento de ciertos productos o la insuficiente capacidad de transporte marítimo se prevé que permanezcan todavía hasta bien entrado en 2022", explica Fernández. El caso de las materias primas "es incluso más imprevisible", afirma.

Por su parte, Labat, ve indicios de que la demanda empieza a fluctuar y a ser menos fuerte, "sobre todo la china", aunque se muestra cauto. "Al final de año se irá normalizando", apunta.

"Creemos que es un tema que se debe resolver en el medio y corto plazo. No creemos que sea duradero", sostiene por su parte Pedraza. "Es circunstancial, pero mientras dure es un problema", concluye.

 

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