Sánchez, Calviño, Díaz, sindicatos y CEOE: lo que gana y lo que pierde cada uno con la subida del salario mínimo

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz.
EUROPA PRESS

Ha costado meses de tira y afloja del Gobierno con sindicatos y patronal y también en el propio seno del Consejo de Ministros, pero el acuerdo para subir el salario mínimo hasta los 965 ya es una realidad y se trasladará al Boletín Oficial del Estado (BOE) en los próximos días. La confirmación del pacto se produjo el jueves al filo de las nueve de la noche, tras un día de negociaciones frenéticas para cerrar los últimos flecos del texto con los sindicatos, una vez confirmado que la patronal se descolgaba del mismo. 

Tanto el Ejecutivo como los sindicatos, firmantes de la propuesta final, han mostrado en las últimas horas su satisfacción con el incremento de 15 euros, que se aplicará con efectos desde el 1 de septiembre. No obstante, lo cierto es que en el acuerdo final nadie consigue todos sus objetivos ni tampoco puede darse por totalmente derrotado: patronal y sindicatos, pero también el presidente Pedro Sánchez y las vicepresidentas Nadia Calviño y Yolanda Díaz -los cinco principales actores que han determinado estas negociaciones- han ganado y perdido en diferentes asuntos.

Pedro Sánchez

Al ser la subida del salario mínimo una decisión que exclusivamente depende del Gobierno y que no tiene que pasar por el Congreso, su responsable último es el presidente, Pedro Sánchez. De hecho, fue Sánchez el que, a principios de mes, confirmó que habría un aumento de este índice, lo que le permitió comenzar el curso político con una noticia positiva y, además, atribuirse la decisión de poner en marcha el incremento de manera "inminente", como prometió.

No obstante, no todo ha sido favorable para Sánchez en estos más de nueve meses de toma y daca que se han resuelto con la subida del salario mínimo. Pese a que la responsabilidad de argumentar en contra de un aumento en 2021 recayó fundamentalmente en ministros socialistas, lo cierto es que Sánchez estuvo desde el primer momento alineado con la idea de que subir el salario mínimo este año perjudicaría la recuperación económica. Y, por ello, se ha visto sometido durante meses a la presión el ala del Gobierno de Unidas Podemos y también a la de los aliados parlamentarios del Ejecutivo, que han recordado en varias ocasiones que únicamente Mariano Rajoy, antes que Sánchez, congeló el salario mínimo cuando era presidente.

Nadia Calviño

Precisamente fue la vicepresidenta primera y ministra de Economía, Nadia Calviño, la principal defensora de que el salario mínimo no subiera en 2021. Desde finales del año pasado, y pese a la presión de los morados, Calviño sostuvo públicamente que el Gobierno debía centrarse en consolidar la recuperación, y afirmó que precisamente elevar el salario mínimo iba en contra de ese repunte de la economía. Hasta el pasado julio, la vicepresidenta no se abrió a modificar su posición, eso sí, ya en septiembre. E incluso así, en los últimos días ha batallado para que el incremento del salario mínimo fuera de aplicación solo desde octubre y no desde septiembre.

Por ello, lo cierto es que Calviño ha visto derrotados sus postulados, ya que el salario mínimo no seguirá congelado y, además, los trabajadores que lo cobren podrán percibir la nueva cuantía ya en la nómina de septiembre. Pero también es verdad que la vicepresidenta ha logrado retrasar hasta prácticamente el último trimestre del año el incremento, y además ha logrado limitar una subida que no cubre el aumento de los precios -la inflación acumulada supera ya el 3%, los sindicatos creen que se moderará hasta el 2,4% al cierre del año y la subida del SMI no llega al 1,6%- y que ni tan siquiera es la más alta que el comité de expertos del propio Gobierno había recomendado para este año -el órgano aconsejó un aumento de entre 12 y 19 euros-.

Yolanda Díaz

Si Calviño es la cruz de la moneda, Díaz es la cara, ya que ha conseguido que el Gobierno pacte una subida del salario mínimo para este año tras muchos meses de insistencia. No obstante, lo que la ministra de Economía tiene en su haber, la titular de Trabajo lo incluye en el debe. Pese a plantear por primera vez la necesidad de elevar este indicador en diciembre del año pasado, Díaz no ha conseguido que el salario mínimo para 2021 crezca hasta septiembre, lo que ha revelado una cierta impotencia a la hora de presionar a Sánchez. Tampoco ha conseguido que la subida compense el efecto del aumento de los precios.

La ministra, eso sí, se ha pertrechado con una herramienta que le ha otorgado capacidad de negociar la subida del salario mínimo para este año y que, asimismo, le da argumentos para que en 2022 y 2023 el indicador crezca: el comité de expertos. Este órgano, reclutado por el propio Gobierno, elaboró un informe que fue publicado el pasado junio. Y, en él, establece un escenario medio en el que la subida de 15 euros acordada este año debe acompañarse de otros dos aumentos durante los dos próximos años, en este caso de 31 euros cada uno. El objetivo final de esta senda es que el salario mínimo se sitúe en 2023 en 1.027 euros al mes en 14 pagas.

Los sindicatos

CCOO y UGT pueden presumir de que, en contra de lo que parecía en hasta hace apenas unas semanas, el salario mínimo en 2021 crecerá. Pero las centrales sindicales tampoco han conseguido sus principales objetivos negociadores y, de hecho, se han visto obligadas a ceder para que esta subida se ponga en marcha.

Inicialmente, los sindicatos exigían un aumento del salario mínimo que cubriese la inflación de los precios, lo cual equivaldría a un alza de unos 30 euros. No obstante, CCOO y UGT se avinieron a aceptar una subida de 15 euros si eso implicaba asegurar aumentos en 2022 y 2023 y, de hecho, en los últimos días el retraso en el acuerdo se ha producido por el intento de los sindicatos -especialmente de CCOO- de que el Gobierno fijase ya tanto la cuantía como la fecha del incremento del salario mínimo para el año que viene.

Los sindicatos no han conseguido ese objetivo: la subida será solo hasta los 965 euros y el acuerdo únicamente recoge la promesa de seguir subiendo el salario mínimo en 2022 y 2023 y una mención a la senda de crecimiento marcada por el comité de expertos, pero no una cuantía concreta. Pero ahora CCOO y UGT se han convertido en el interlocutor privilegiado del Gobierno, habida cuenta de que la patronal se ha descolgado de esta subida y de que no parece probable que los empresarios consideren conveniente un nuevo aumento del salario mínimo en enero de 2022. Eso ofrece a los sindicatos mayor capacidad negociadora, ya que sin ellos se desvanece la posibilidad de alcanzar un nuevo acuerdo en el diálogo social, la herramienta que la vicepresidenta Díaz ha convertido en su seña de identidad.

La patronal

En líneas generales, CEOE y Cepyme parecen los perdedores de una negociación en la que han planteado desde el inicio que este año no debía producirse una subida del salario mínimo por la delicada situación de las empresas. No solo se ha cerrado este aumento, sino que además se ha hecho con un acuerdo con los sindicatos, dejando a la patronal como el actor del diálogo social que no ha firmado el pacto y provocando las críticas del Gobierno.

Sin embargo, este rechazo podría reforzar la posición del presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, frente a los sectores del empresariado que piden mayor confrontación con el Gobierno. Y eso es importante de cara al futuro próximo, cuando no solo tendrá que negociarse la subida del salario mínimo para 2022, sino también la derogación de la reforma laboral, unas conversaciones que deben terminar en las próximas semanas y que suponen el gran hito del Ejecutivo en materia laboral de la legislatura.

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