Civiles palestinos e israelíes narran el horror de vivir bajo las bombas: "Tiembla todo. No solo edificios, toda la ciudad"

Dos palestinos revisan los daños de los misiles lanzados desde Israel.
Dos palestinos revisan los daños de los misiles lanzados desde Israel.
EFE
Dos palestinos revisan los daños de los misiles lanzados desde Israel.
EFE / ATLAS

Israel y las milicias palestinas se han lanzado definitivamente a una guerra abierta tras varios días de hostilidades y ya no muestran ninguna contención, pese a la muerte de civiles -incluidos niños- a causa del fuego cruzado y las llamadas internacionales. El recrudecimiento de los ataques en las últimas jornadas y el posicionamiento de tropas del Gobierno de Benjamín Netanyahu en la frontera encaminan este nuevo enfrentamiento a una cuarta guerra, después de las de 2008, 2012 y 2014.

En esta ocasión, la escalada de violencia no se ha circunscrito a la Franja de Gaza y sus alrededores ni se ha limitado al lanzamiento de misiles de Hamás a Israel y bombardeos de represalia. Desde los enfrentamientos en Jerusalén del pasado domingo en la Explanada de las Mezquitas, los conflictos se han extendido a otras ciudades mixta del país gobernado por Netanyahu, como Ramla, Akko o Lod, donde el alcalde ha calificado lo ocurrido de "guerra civil".

Mientras la tensión entre el Gobierno de Netanyahu y el de Hamás no deja de crecer, la población civil vive con "miedo" estos ataques -que dejan ya decenas de muertos y centenares de heridos- y ve "con angustia" cómo su vida se desdibuja, mientras parece encaminarse a un nuevo conflicto de grandes dimensiones a la espera de que una difícil mediación internacional pueda evitarlo.

Saad (Gaza): "Ni nos atrevemos a mirar por la ventana"

Calles desiertas sembradas de escombros y edificios destruidos o a medio derrumbar tras el intercambio de fuego entre las milicias palestinas e Israel. Ese es el escenario en el que vive Saad, que "desde hace cuatro días", al igual que sus conciudadanos, no se atreve si quiera a salir de casa por miedo al "bombardeo continuo" sobre la Franja de Gaza. Lo cuenta mientras escucha el silbido de un proyectil cercano cortando el aire: "No estamos seguros en nuestros domicilios. No tenemos refugios aquí y nos resguardamos en alguna habitación durante los ataques, como la cocina".

"Incluso salir de casa dos minutos para comprar comida nos da miedo, hasta el punto de que mi familia me ha pedido que no vaya. Ni siquiera nos atrevemos a mirar por la ventana", subraya, al tiempo que describe una ciudad de Gaza en la que nadie va al trabajo y las calles son difícilmente transitables para los coches, debido a los destrozos producidos por las bombas.

Entre las mayores preocupaciones de Saad, se encuentra su familia, pues ya perdió a su madre, tres hermanos y dos parientes más en las guerras anteriores. Ahora, su ansiedad se centra en sus hijos: "Explicarles qué pasa, calmarlos, intentar que se sientan seguros... es muy complicado. Están casi todo el tiempo llorando y sienten miedo con los gritos y el sonido de las bombas. No entienden qué ocurre. El otro día compramos ropa para celebrar el final del Ramadán, como es costumbre, y no comprenden por qué no pueden estrenarla".

Raji (Gaza): "Tiembla todo en una ciudad ensangrentada"

"Tiembla todo. No solo los edificios, no solo los muebles, sino toda la ciudad, tu propio ser". Son las palabras de Raji Sourani, que habla de una Gaza "ensangrentada" en la que "no hay un solo instante en que no se oigan las bombas". "Se ha convertido en una ciudad fantasma en la que no estás a salvo ni en casa ni fuera de ella. Ahora mismo, moverse aquí es imposible, es muy muy peligroso", se desespera ante la situación y la perspectiva para una zona donde el desempleo ya era muy alto antes de la pandemia y estas últimas tensiones con Israel.

"Tiembla todo. No solo los edificios, no solo los muebles, sino toda la ciudad, tu propio ser"

En la misma línea se pronuncia Nidal Musalame: "Yo he vivido las tres guerras anteriores y esta es la más fuerte y dura de todas". Se expresa así y menciona la intención "del pueblo de resistir en un mundo injusto", ante la peor escalada de violencia en siete años, cuando la ruina en las calles de la Franja de Gaza comienza a recordar cada vez más a las imágenes de los conflictos de 2008, 2012 y 2014 contra Israel.

Evelyne (Jerusalén): "Es muy angustiante"

Hasta el momento, Hamás ha lanzado contra Israel cientos de misiles en esta nueva escalada de violencia, en lo que supone el mayor ataque de su historia y al que este ha respondido con bombardeos masivos. Aunque las ciudades más castigadas se encuentran en el sur del país, como Ashkelón y Ashdod, los cohetes también han llegado a Jerusalén, donde el pasado domingo se disparó la tensión, que ha redundado en este fuego cruzado. Allí se encuentra Virginia, nacida en Toledo y con doble nacionalidad, que vive con "miedo e inseguridad" esta situación. 

En este sentido, afirma que en Jerusalén "se puede hacer vida normal, pero se nota que hay menos actividad", especialmente a última hora, y las escuelas permanecen cerradas. Además, lamenta los enfrentamientos surgidos entre árabes y judíos en las ciudades mixtas: "Esta situación tensa las relaciones entre personas de distintos credos. Lo que se había creado en años se ha destruido en días". 

También en Jerusalén reside Evelyne, que asegura vivir "con estupor" esta coyuntura por "el alcance" de la ofensiva, en referencia a la cantidad de localidades afectadas. "Cuando una ciudad está en riesgo, en la televisión aparece una etiqueta naranja con el nombre. Al volver el martes del supermercado, media pantalla estaba llena de esos avisos", narra. Asimismo, habla sobre las dificultades para protegerse cuando se produce un ataque. "Hay domicilios, como el mío, que no tienen refugio y tenemos que ir al búnker del edificio en un minuto desde la alarma. Es muy angustiante", señala.

Artilleros israelíes toman posición en la frontera con la Franja de Gaza.
Artilleros israelíes toman posición en la frontera con la Franja de Gaza.
EFE

"En general, hay mucho nerviosismo. Entre el domingo y hoy parece que han pasado tres años, por los acontecimientos que ha habido y la actividad", añade, y confía en que la violencia no se prolongue mucho tiempo. "Es también por salud mental. Después de la pandemia, cuando parecía que empezábamos a ver la luz, volvemos a esto", apunta.

Ludmila (Tel Aviv): "Me da miedo que caiga un misil cerca de casa"

En Tel Aviv vive una situación similar. Lo explica a Ludmila mientras espera, con "miedo", a "que suene de nuevo la alarma" antiaérea en la capital. "Normalmente aquí no se siente mucho nada, es como vivir en una burbuja respecto al resto del país, pero esta vez fue muy fuerte. Muy duro, muy intenso", rememora. Y detalla que, aunque los servicios básicos están garantizados y la gente "lleva una vida normal", los colegios no están abiertos y las tiendas cierran más temprano para que la gente pueda estar en casa por la tarde, ante la posibilidad de nuevos ataques.

Esta canaria llegó a Tel Aviv hace nueve años y recuerda que, aunque había vivido experiencias similares desde entonces -como los ataques de 2012 y 2014-, "ninguna había sido de tanta intensidad". Para protegerse, relata, disponen de un búnker en casa en el que se resguarda con su marido y sus hijos cuando suenan las alarmas. "Intentamos despistar a los niños, les ponemos vídeos graciosos de Youtube para que no lo vivan con tanto miedo, porque es una experiencia muy fea. No obstante, yo estoy pendiente todo el tiempo de las noticias", añade.

"A mí lo que me pasa por la cabeza es que el escudo no funcione y caiga un misil cerca de la casa"

"Cuando estamos ahí encerrados, a mí lo que me pasa por la cabeza es que el escudo no funcione y caiga un misil cerca de la casa. Yo no sé hasta qué punto estamos protegidos", dice Ludmila, en referencia a la cúpula de hierro con la que cuenta Israel y que intercepta el 90% de los cohetes lanzados por Hamás. Hasta ahora, ella no ha vuelto al trabajo, aunque admite que la gente que ha vivido siempre ahí "lo toma con más tranquilidad. De hecho, si la violencia se prolonga, no descarta volver a Canarias hasta que cese, como ya hizo años atrás.

Una familia palestina huye de su casa durante bombardeos israelíes contra Gaza, en Shejaiya, al norte de la Franja.
Una familia palestina huye de su casa durante bombardeos israelíes contra Gaza, en Shejaiya, al norte de la Franja.
MOHAMMED SABER / EFE

Algo más al sur, en la localidad de Rejovot, vive otro ciudadano español con doble nacionalidad que llegó a Israel hace diez años y al que los bombardeos de Hamás del martes sorprendieron en su vehículo. "Iba de camino a Tel Aviv. A la mitad, los coches empezaron a pararse porque había sirenas. Vi sobre mí unos 30 misiles en todas direcciones que empezaron a explotar sobre mi cabeza", detalla. Además, como Ludmila, lamenta la experiencia que supone para los más pequeños: "La otra noche, sonaron las alarmas siete u ocho veces y nos tuvimos que encerrar en el búnker. Yo tengo tres niños pequeños y pasan miedo".

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