¿Será ola u 'olita'?: Los contagios de covid crecen más despacio en la cuarta que en cualquiera de las tres anteriores

Dato de incidencia a dos semanas cada día entre marzo de 2020 y abril de 2021.
Dato de incidencia a dos semanas cada día entre marzo de 2020 y abril de 2021.
20minutos

Médicos, hosteleros, enfermos crónicos, políticos y personas de toda condición cruzan los dedos en estos momentos para que las vacunas consigan que los contagios no se desboquen por cuarta vez. Los precedentes no son buenos: las otras dos ocasiones que la epidemia toco suelo, el virus terminó por volver a dispararse de una forma trágica por todos conocida. Pero quizá esta vez sea diferente.

Esta vez, a la inmunidad natural que han dejado las tres olas anteriores hay que sumar lo que parece será la pieza que falta para resolver el rompecabezas de la pandemia: las vacunas. Un 21,5% de la población española ya ha recibido al menos una dosis de los diferentes fármacos disponibles, un porcentaje que se eleva hasta el 97,3% en el grupo de edad donde el coronavirus ha hecho más daño: los mayores de 80 años.

Aunque la inmunización en el resto de grupos de es todavía mucho menor y la puesta de segundas dosis apenas es testimonial salvo entre los más ancianos (donde alcanza el 54%), lo cierto es que la cuarta ola no termina de despegar. Y salvo que una explosión de contagios en los próximos días lo cambie, nunca una fase ascendente de la epidemia fue tan lenta como esta.

Desde que la incidencia a 14 días volviera a crecer el 17 de marzo tras un largo periodo de descenso que duró más de un mes, los contagios por población han crecido un 58% -127,8 a 202,7 casos por cada 100.000 habitantes-. Desde entonces han pasado 29 días, más de un mes.

Si tomamos como referencia esos 29 días y vemos cuál era la situación transcurrido ese tiempo desde que cada una de las olas alcanzó su punto mínimo, el crecimiento actual es el más bajo de toda la pandemia. Esto es más fácil de entender en una imagen que con palabras. 

Cada una de las zonas sombreadas representa un periodo de 29 días que comienza en el punto más bajo de cada ola. En la primera ola, al pasar a una velocidad vertiginosa de apenas tener casos a contarlos por varios miles al día -probablemente decenas de miles si se hubiera tenido la capacidad diagnóstica adecuada- el incremento fue enorme. 

Después, el confinamiento domiciliario redujo los casos prácticamente a cero y cuando volvieron a repuntar a mediados de julio lo hicieron a una velocidad más sostenida, aunque al partir de cantidades tan pequeñas el incremento porcentual es muy grande. Cuando la segunda ola parecía estabilizarse e incluso descender, un nuevo repunte -esta vez en toda Europa- catapultó rápidamente los contagios de nuevo. En 29 días la incidencia se duplicó, pasando de 254 puntos el 5 de octubre a 527,9 el 3 de noviembre.

La circulación del virus comenzó a reducirse otra vez a partir de esa fecha, pero nunca volvería a los niveles registrados antes del verano. La segunda ola entró en una fase descendente que se prolongaría hasta el primer tercio de diciembre, cuando la curva de incidencia enfiló de nuevo hacia arriba. Al principio fue a velocidad moderada, pero tras las Navidades la epidemia explotó a un ritmo no visto desde marzo. 29 días después de tocar suelo, la incidencia se había incrementado un 85,7%.

Con las hospitalizaciones e ingresos en UCI ocurre algo parecido. Desde que estos dos indicadores alcanzaran un punto de inflexión el pasado 26 de marzo (hace 20 días), el número de personas que permanecen ingresadas en camas de agudos ha aumentado incomparablemente más despacio que en anteriores ocasiones. 

Así, en los últimos 20 días las hospitalizaciones han aumentado un 26,6% y el número de ingresados en UCI, en un 17,1%. En las dos olas anteriores -en las que los hospitales partían de una situación no demasiado diferente a la actual- en los 20 días posteriores a que los ingresos tocaran mínimos los ingresados habían subido un 69% en la tercera ola y un 79% en la segunda.

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