'La templanza' paseará por el mundo el épico y desconocido Jerez del siglo XIX

  • Amazon Prime Video estrena el 26 de marzo en más de 240 países una serie basada en la novela de María Dueñas.
  • Leonor Watling y Rafael Novoa encabezan el reparto de este drama romántico que cuenta con más de 130 intérpretes. 
Leonor Watling, durante el rodaje de la serie 'La Templanza', de Amazon Prime Video.
Leonor Watling, durante el rodaje de la serie 'La Templanza', de Amazon Prime Video.
MICHAEL-OATS

Soledad Montalvo tiene 40 años y pertenece a una adinerada familia, dueña de suculentos viñedos. Fue obligada a casarse siendo muy joven con un empresario inglés mucho mayor que ella, pero es una mujer con un fuerte carácter. Mauro Larrea, de 47 años y origen humilde, se labró una fortuna en México pero lo ha perdido todo por un inesperado revés y decide regresar a España. Sol y Mauro son dos supervivientes cuyos destinos están a punto de converger y de cambiar entre los viñedos y las bodegas de Jerez, el glorioso Jerez de finales del XIX

Sobre esos mimbres, envueltos en intrigas, peligros y envidias, se desarrolla La templanza, una producción de Atresmedia Studios -ahora Buendía Estudios- que Amazon Prime Video estrenará el próximo viernes 26 de marzo de forma simultánea en más de 240 países. Esta serie española está basada en la obra homónima de María Dueñas,  la segunda novela más vendida de 2015 y que fue traducida a una decena de idiomas. Con ella, productora y escritora vuelven a formar pareja de baile tras el éxito internacional de El tiempo entre costuras

"Es para mí una alegría inmensa que la historia que surgió en mi cabeza para rendir homenaje al Jerez legendario del siglo XIX, que no había sido puesto en una dimensión conocida por el gran público, vaya a llegar a millones de personas a nivel internacional. Van a ver un mundo épico y desconocido y van a ser conscientes del patrimonio del vino que tiene esta ciudad", manifestaba Dueñas durante los últimos días de rodaje en la localidad gaditana. Una localidad que durante siete semanas volvió a su época dorada, aquella en la que su extensión de viñedos ascendía a 35.000 hectáreas. Hoy, con esa cifra reducida a 7.000, el turismo ha sustituido a la vitivinícola como primera industria pero el sector bodeguero sigue siendo esencial. 

Durante ese mes y medio de 2019, los jerezanos vieron por sus calles a Leonor Watling, en el papel de Sol, o a Rafael Novoa, en el de Mauro. También a Juana Acosta como Carola Gorostiza, o Raúl Briones como Santos Huesos. Todos ellos enfundados en trajes para los que el equipo de Pepo Ruiz ha hecho "una labor inmensa de documentación" y de confección. "Hemos confeccionado prácticamente todas las prendas de Carola y de Sol para que tuviesen el empaque que la serie necesita. Todo se ha cosido a medida para que ajustara perfectamente y aportara aire fresco. Es una época difícil de la que se ha hecho poco y tampoco había mucha ropa", explica el director de Vestuario. 

"La ropa te transporta. Te lleva a entre 1850 y 1870. Yo me pongo la vestimenta de Mauro y empiezo a vivir y a sentir aquella época", relata el intérprete colombiano, sentado junto a una Leonor Watling que corrobora sus palabras y que apostilla que el hecho de que el vestuario y los decorados estén bien diseñados facilita enormemente el trabajo de los actores. "Es un regalo", remarca a la vez que bromea con lo duro de llevar corsé durante tanto tiempo. 

Esos decorados de los que ella habla se situaron en la Plaza del Arroyo, la de la Asunción, la del Cabildo, el palacio de Campo Real, las bodegas Lustau o la escuela ecuestre, diseñada por Charles Garnier, arquitecto de la Ópera de París o del Casino de Montecarlo, y símbolo del poderío de Jerez en aquellas décadas. Se tuvieron que retirar bancos, señales de tráfico, papeleras, contenedores, se cubrieron las aceras de arena y heno y se llegó a convertir una pizzería actual en una taberna de 1860. También se acotó una zona llena de bares un viernes por la noche cuando el coronavirus y sus restricciones aún quedaban lejos. La idea era tener que eliminar digitalmente lo imprescindible, como aquella grúa de obra situada frente a la Catedral. 

En estas calles y edificios se grabaron interiores y exteriores de los instantes en los que la historia transcurre en Jerez, pero también de cuando tiene lugar en Cuba y México. Madrid, Tenerife y Dublín son las otras localizaciones de un rodaje que aspira a que la audiencia viaje igualmente hasta las tumultuosas comunidades mineras mexicanas, los elegantes salones de la más exclusiva sociedad londinense y la trata de esclavos en territorio cubano.

Un reparto multinacional

Para darle realismo a todo eso, el casting se centró en seleccionar a intérpretes españoles, hispanoamericanos y británicos, que formar un elenco que supera los 130. A ellos se suman más de 2.000 figurantes y otros cerca de 200 profesionales. "Yo interpreto al indio y en mi país todavía hay muchos pueblos originarios. Veo a muchos Santos Huesos llegar a la ciudad de México, escucho cómo hablan, cómo piensan… Tengo de primera mano, si no cómo era exactamente aquella época, sí referentes muy importantes. Tuve ese proceso de investigación a la par de la lectura del guion y del libro", explica Briones.

"A mí me ayudó mucho que los personajes ingleses los representasen actores ingleses", apunta Watling. "Esa multiculturalidad es maravillosa y muy enriquecedora. Diferentes acentos, idiomas...", comparte Acosta, que cree que gracias a las plataformas y a la relevancia que está adquiriendo la ficción española se están tendiendo puentes con zonas como Latinoamérica. "Hasta hace poco yo era de las poquitas actrices iberoamericanas que vivían en España. Ahora cada vez hay más y eso es muy importante", continúa la colombiana, quien al igual que su compañera de reparto encarna a una mujer adelantada a su momento histórico

Esta ficción, de diez episodios, está dirigida por Guillem Morales, Alberto Ruiz Rojo y Patricia Font. Entre los tres, junto a los guionistas, han traducido al lenguaje audiovisual un relato que la autora desgrana a lo largo de 525 páginas. "Lo bonito de los libros es que cada uno tiene a su propio Mauro y a su propia Sol", comenta Watling, que agrega que "existen tantas versiones como lectores y esta es solo una más": "Con ese cariño y respeto la hemos hecho todos". 

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