Mujeres en pandemia: la desigualdad continúa agravándose

  • Las consecuencias derivadas de la COVID-19 han aumentado la ya existente brecha de género. Ellas son las caras visibles de una crisis sanitaria mundial, trabajando en primera línea y estando más expuestas al virus.
Las mujeres representan el 70% del personal sanitario mundial, según la OMS.
Las mujeres representan el 70% del personal sanitario mundial, según la OMS.
ARIADNA CREUS

En 2020, el mundo se ha unido para hacer frente a una crisis sanitaria que no entiende de fronteras. La COVID-19 ha trastocado la vida de toda la sociedad y, en concreto, la de las mujeres. Las consecuencias derivadas de la pandemia han aumentado la ya existente brecha de género, haciendo que, una vez más, ellas sean las más perjudicadas.

En un Día de la Mujer un tanto extraño, donde no se verán las habituales manifestaciones multitudinarias, el tema para el #8M de 2021 es Mujeres líderes: Por un futuro igualitario en el mundo de la COVID-19, tal y como anunció ONU Mujeres. Así, este año se celebran los "enormes esfuerzos" que realizan niñas y mujeres para forjar un futuro más igualitario y recuperarse de la pandemia.

En una realidad que cada vez parece más ajena, las mujeres siguen realizando las tareas domésticas y asumiendo responsabilidades como los cuidados familiares, poniendo en riesgo los avances en igualdad. "Todo por lo que trabajamos, que ha tomado 25 años, podría perderse en un año", advertía la directora adjunta de ONU Mujeres, Anita Bhatia.

Hace casi un año, el pasado 11 de marzo, la (OMS) declaró el coronavirus como una pandemia. Llama la atención que, cinco día antes, las investigadoras británicas Rosemary Morgan, Julia Smith y Clare Wenham publicaran el estudio COVID-19: los impactos del brote en el género, en la revista científica The Lancet. En dicho informe, subrayaban la importancia de entender "cómo los brotes de enfermedades afectan de manera diferente a hombres y mujeres" para desarrollar políticas adecuadas para la recuperación.

Anita Bhatia, directora adjunta de ONU Mujeres, advertía que "todo por lo que trabajamos, que ha tomado 25 años, podría perderse en un año"

Las mujeres tienen una mayor exposición al virus debido a que representan "un porcentaje desproporcionadamente elevado" de los trabajadores en primera línea en sectores clave como el sanitario o los cuidados, tal y como advertía el Parlamento Europeo.

De hecho, representan el 70% del personal sanitario mundial, según la OMS, y el Instituto Europeo para la Igualdad de Género (EIGE, por sus siglas en inglés) señala que, de los 5,5 millones que procuran cuidado en el hogar a terceras personas en la Unión Europea, 4,5 millones son mujeres.

En primera línea

Sanitarias, limpiadoras, trabajadoras sociales, encargas del cuidado, cajeras de supermercado... todas ellas están en primera línea, pero no ocupan la misma proporción en los grupos encargados de diseñar la estrategia de actuación contra la COVID-19.

En España, ellas también están más expuestas al virus, representando un 68% de los profesionales sanitarios colegiados, de acuerdo con los datos del INE de 2018. Una cifra que alcanza el 84% en el sector de la enfermería.

La desigualdad no solo expone la salud de las trabajadoras, sino que tiene "consecuencias emocionales y psicológicas" para ellas por el estrés de la situación y los nuevos desafíos en sus tareas habituales, según advertía el Instituto de la Mujer, dependiente del Ministerio de Igualdad, en un estudio sobre género y COVID-19.

La pandemia no trata a todos por igual y, una vez más, las mujeres son las grandes perjudicadas en una crisis sanitaria que echa mano de sus trabajadoras esenciales.

Cuidadoras

El rol de cuidadora se ha asignado tradicionalmente a las mujeres: se da por hecho que ellas deben proteger y ocuparse de los enfermos, los mayores y los más pequeños. De esta manera, más de tres cuartas partes del trabajo de cuidados no remunerados los realizan ellas, siendo, además, dos terceras partes de las personas que se ocupan de los cuidados remunerados, de acuerdo con un informe de Oxfam Intermón.

Ellas realizan más de tres cuartas partes del trabajo de cuidados no remunerados

Las profesionales de los servicios sanitarios, donde ellas son mayoría, han sido las caras más visibles de esta pandemia. Sin olvidar a las cuidadoras y encargadas del bienestar de las personas de la tercera edad en las residencias de mayores, el núcleo de población más amenazado por la COVID-19 y donde más fallecimientos a causa del virus se han registrado en España (29.408 hasta el 21 de febrero, según los ministerios de Derechos Sociales, Sanidad y Ciencia). Ambas figuras han estado expuestas al virus de forma continuada en sus puestos de trabajo, donde su principal tarea ha sido tratar a los enfermos de coronavirus.

Junto a estos perfiles, las empleadas y cuidadoras que trabajan como internas del hogar y que son responsables de dependientes y mayores han sufrido la exposición al virus y se han tenido que enfrentar a la imposibilidad de salir del domicilio donde desempeñan su empleo durante el confinamiento.

Una cárcel

El confinamiento que vivió España entre el 15 de marzo y el 21 de junio de 2020 fue un mazazo para todas las víctimas de violencia de género, ya que se vieron enjauladas en una cárcel sin posibilidad de escapar y obligadas a vivir con su agresor. Como consecuencia, las llamadas al teléfono de ayuda a las víctimas de violencia machista, el 016, se incrementaron: hasta el 31 de mayo, se registraron 20.732 llamadas; un 41,1% más que en el mismo periodo de 2019.

El aislamiento alejó a las víctimas de sus entornos seguros, mientras la situación de estrés y ansiedad generada por la pandemia y el confinamiento incrementaba la violencia en ellos. Las mujeres estuvieron sometidas a un control continuo y sin posibilidad de marcharse, lo que explica que 2020 fuera el año con menor número de víctimas por violencia de género (45 en total), ya que el momento más peligroso es cuando ellas deciden abandonar al agresor.

Desempleo y precariedad

La pandemia amenaza la economía de los trabajados feminizados. El retrato robot de la figura más vulnerable en esta crisis económica es una mujer mayor de 50 años que lleva buscando empleo más de un año. Algo que se explica porque, según señala el informe Diversidad de género y formación de BBVA Research, más del 50% del empleo de las mujeres se concentra en cuatro sectores: comercio, hostelería, educación y servicios sanitarios y sociales. 

Teletrabajo y conciliación

El teletrabajo no es una medida de conciliación real.
El teletrabajo no es una medida de conciliación real.
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El año pasado las familias pasaron más tiempo en casa que nunca a causa del confinamiento. Padres e hijos compartieron las 24 horas del día, pero no todas las tareas y, mucho menos, por igual: las mujeres dedicaron 13 horas a la semana al trabajo doméstico, mientras que los hombres sumaron un total de 10 horas. Los datos de IPSOS muestran cómo, durante el confinamiento, las horas de cuidado de hijos subieron 5,5 para ellos y 9 para ellas, una diferencia que evidencia cómo se abrió la brecha de cuidados.

El cierre de los centros educativos y el teletrabajo han sido un cóctel perfecto para imponerle más responsabilidades a ellas, sobre todo en las familias monoparentales, donde ocho de cada diez están encabezadas por mujeres. Aunque es cierto que los hombres han dedicado más tiempo a hacer la compra y a preparar las comidas diarias, según ha señalado el estudio COVID-19 y desigualdad de género en España de la escuela de negocios ESADE, ellas siguen llevando la carga del trabajo en casa.

Con el establecimiento del teletrabajo en muchos sectores, El Club de Las Malasmadres decidió crear la Asociación Yo No Renuncio para denunciar que tener la oficina en casa podía convertirse en otra forma de relegar a la mujer a los cuidados y dificultar aún más sus posibilidades de conciliación, alejándola de la presencialidad en la empresa.

Al final, son ellas quienes están optando por el teletrabajo, y no solo porque sus empleos estén más relacionados con la administración y los de ellos exijan más presencialidad (industria, construcción, etc.), sino porque la flexibilidad laboral recae, de nuevo, en ellas. El peligro está en pensar en el teletrabajo como una medida de conciliación real. 

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