El primero de carrera más "frío" y "triste": "Me sigo sorprendiendo al ver a mis compañeros sin mascarilla"

  • Los alumnos que han empezado una carrera este curso aún no han experimentado ni un día sin restricciones.
  • A los profesores también les está costando conocerles: "No conozco ni a la mitad de la gente de la clase".
Laida Shimose, estudiante de primero de Ingniería Forestal en la UPM
Laida Shimose, estudiante de primero de Ingniería Forestal en la UPM
CEDIDA

Está a punto de amanecer cuando Laida Shimose se sube en su moto Honda CBF 125. Hace un frío que pela. No tarda mucho en llegar hasta la facultad y tampoco tiene problemas para aparcar. La carrera de Ingeniería Forestal no es de las más demandadas, y a eso se suma que con la pandemia los alumnos de 2.º, 3.º y 4.º tienen clases presenciales una semana sí y una no, por lo que el campus está medio vacío. Ella, sin embargo, da todas las asignaturas en persona por ser de 1.º. Como el resto de jóvenes que han empezado este curso una carrera, aún no sabe lo que es la vida universitaria sin mascarilla, sin distancia social y sin el resto de medidas antiCovid.

La primera clase empieza a las 8.15 horas: Química. Las ventanas están abiertas y Laida no piensa quitarse el abrigo. Lo bueno de que tenga que dejar un pupitre de separación con sus compañeros es que tiene donde apoyar el casco de la moto y más espacio para escribir. ¿Lo malo? Que cuando no entiende lo que el profesor escribe en la pizarra, no puede preguntárselo al de al lado, porque con la mascarilla ni la oiría bien ni la entendería. Si habla en alto, el profesor le llamaría la atención.

Laida, estudiante de 1.º de Ingeniería Forestal.
Laida, estudiante de 1.º de Ingeniería Forestal.
CEDIDA

En 1.º A no son muchos alumnos, unos 40. Ya llevan dando clase juntos desde octubre y a Laida se le sigue haciendo raro ver a sus compañeros sin mascarilla. Solo les ve la cara al completo un día a la semana, cuando se tienen que quedar a comer en la cafetería o a veces cuando comen algo entre clases. "No te llegas a acostumbrar. Me sigo sorprendiendo porque no consigues hacerte una idea clara de sus caras".

Tampoco ha salido ningún día a tomar algo con ellos, aunque eso a Laida tampoco le preocupa porque no se metió en la carrera en busca de vivir el cliché de vida universitaria. Tiene 25 años y, antes de matricularse en el grado de Ingeniería Forestal de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), hizo un grado superior. Como "no conseguía trabajo de forestal con él", decidió meterse a la carrera.

–"¿Con qué adjetivos definirías el ambiente de la facultad?".

–"Frío. En el sentido literal de la palabra, pero también como metáfora. Aparte del frío que se pasa, en plan hipotermia total, no puedes tocar a nadie, todo el rato están sacándonos del aula para desinfectar todo. En la biblioteca –en la que hay que reservar para poder ir– nos echan a las 13.00 para desinfectarla y hasta las 15.00 no podemos volver a entrar, y pierdes dos horas de estudio. Además, hay a algunos profesores a los que no te puedes acercar para preguntarles dudas. También utilizaría la palabra incómodo. Y una buena… generosidad".

–"¿Se puede sacar algo bueno de esta situación?".

–"Al tener que estar en casa sí o sí, estudias más, aunque es más deprimente".

Fernando Blasco es profesor de Matemáticas en esa misma facultad desde 1991. "Ya 29 años, voy camino de los 30", calcula al instante. Conocer a sus alumnos de 1.º, enfundados en mascarillas desde el día uno, le ha resultado casi imposible. "No conozco ni a la mitad de la gente de la clase, y en otras condiciones sí que los conocería".

Los alumnos nuevos tampoco les ponen a ellos cara de ojos para abajo. Ni nariz, ni labios, ni dientes, ni barbilla, ni muecas. Y la comunicación no verbal resulta indescifrable. "Muchas veces, te das cuenta de si alguien entiende o no entiende algo porque ves la cara que pone. Este año no lo puedes ver".

Fernando Blasco.
Fernando Blasco, profesor de Matemáticas en la UPM.
Miquel Duran

Las tutorías tampoco son lo que eran. Fernando prefiere hacerlas por videoconferencia. Está muy concienciado del peligro que supone contraer la Covid-19 y prefiere no asumir riesgos innecesarios, aunque reconoce que los profesores se están empezando a "cansar": "Cosas que antes se resolvían en 10 minutos o media hora ahora se resuelven en una hora u hora y pico".

Su adjetivo para definir la situación es triste. "La Escuela de Montes (el nombre de la facultad) no era así. Era una escuela con movida, entrabas en ella y veías vida. Los estudiantes organizaban actividades y salidas, había grupos de montaña, organizaban sangriadas, venían a jugar partidos los de la liga de deportes de la Politécnica… Todo eso se ha suspendido. El ambiente es mucho más triste".

Alberto Romera recuerda bien las sangriadas a las que se refiere Fernando, a quien tuvo de profesor de Matemáticas cuando estaba en 1.º. Eran una cita clave para fichar a los de otras clases. "Eran un chute. Iba gente solo de nuestra facultad e ibas encuadrándolos: ‘Buah, ese es muy mayor; y mira, ese debe estar ya en el máster; ese que está ahí es de tercero, el otro día hablé con él…’ Era un ambiente muy social".

Alberto Romera, estudiante de 4.º de Ingeniería Forestal en la UPM.
Alberto Romera, estudiante de 4.º de Ingeniería Forestal en la UPM.
CEDIDA

Este curso, Alberto, de 25 años, ya está en 4.º, en la recta final para sacarse la ingeniería. El primer semestre ha estado haciendo prácticas externas y apenas ha pisado la facultad. No sabe muy bien cuál es el ambiente que se respira por allí con todo esto de la Covid. Desde luego, está lejos de parecerse a la "vida de pueblo en verano" que él recuerda de su primer curso, cuando ir a tomar una cerveza después de clase era lo normal, o cuando las conferencias en la facultad eran una constante, o cuando prácticamente cada semana montaban stands  para vender "calcetines de lana merina" artesanales y otro tipo de productos en esta línea.

Incluso el precioso arboreto que rodea la escuela, todo un símbolo de identidad de la facultad, tampoco es lo que era. La borrasca Filomena dañó numerosos ejemplares de árboles, dejando un telón de fondo más acorde al "frío" y "triste" curso que están viviendo los universitarios primerizos. Por suerte, están en las mejores manos.

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