Un mes sin Marta, 4 implicados y un debate abierto sobre el endurecimiento de las penas

Medio centenar de jóvenes se concentraron este lunes en la Plaza Nueva de Sevilla en recuerdo de Marta del Castillo. (EFE).
Medio centenar de jóvenes se concentraron este lunes en la Plaza Nueva de Sevilla en recuerdo de Marta del Castillo. (EFE).
Eduardo Abad / EFE

El próximo martes se cumple un mes desde que la menor Marta del Castillo saliera de su vivienda de la calle Argantonio de la capital hispalense en la tarde del 24 de enero para "arreglar unos asuntos" con su ex amigo de 19 años Miguel Carcaño, quien horas más tarde se convertiría en su particular verdugo. Sevilla entera, con su familia a la cabeza, se volcó en la búsqueda de esta joven, cuyo cuerpo fue arrojado al río el mismo día de su desaparición.

El caso dio un vuelco radical cuando en la tarde noche del día vigésimo primero de búsqueda, Miguel Carcaño confesó en sede policial que había acabado con la vida de Marta de un golpe en la cabeza y que, con la ayuda de dos amigos, Samuel Benítez y un menor de 15 años, se había deshecho del cadáver arrojándolo al Guadalquivir.

Aquella confesión realizada al derrumbarse emocionalmente el detenido después de que la Policía le mostrara pruebas contundentes que lo implicaban directamente en la desaparición de la joven Del Castillo, permitió a los investigadores atar cabos en torno al suceso que ha conmovido a todo un país. A partir de ese momento, los hechos se desencadenaron repentinamente.

El amigo Samuel del asesino confeso fue detenido en los primeros minutos del sábado día 14 y reconoció los hechos ante la Policía Nacional, si bien en la mañana del lunes dijo al juez que era "inocente" y que se había autoinculpado por la presión policial. Ese día, lunes 16 de enero, el instructor del caso envió a prisión a los dos jóvenes por su presunta relación con la muerte de la menor sevillana.

Aquella misma mañana, el hasta ese momento tercer protagonista del suceso, un menor de 15 años, alias 'El Cuco', que supuestamente ayudó a los anteriores a deshacerse del cadáver, ingresó en un centro cerrado por encubrir el crimen. La declaración de este implicado sirvió a la Policía para detener al hermano de Miguel de 40 años Javier D., también en prisión por su relación con el crimen a pesar de que el arrestado niega que el 24 de enero viera a Marta del Castillo.

Cuatro versiones, una historia

Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado llevan rastreando el Guadalquivir de manera intensa aunque sin éxito desde la mañana del sábado 14 de febrero, cuando Miguel confesó a la Policía Nacional que el cadáver de Marta había sido arrojado al río desde la pasarela de Camas. En su declaración, el eje central de la trama manifestó que mató a la menor de un golpe en la cabeza, avisó a sus amigos y, entre los tres, se deshicieron del cuerpo.

De otro lado, Samuel mantiene que no tiene nada que ver con el asunto, ya que aquella noche, según dice, no vio a Miguel y ayudó en la búsqueda de Marta del Castillo, ya que incluso acompañó al padre de la joven, Antonio del Castillo, a denunciar la desaparición de su hija.

Por su parte, en el mar de contradicciones entra como clave el menor arrestado, quien manifestó que en la vivienda de León XIII se encontraba el hermano de Miguel cuando su amiga estaba muerta. Según esta versión, sería factible que Javier D. hubiera participado de alguna forma en el encubrimiento del crimen, sin embargo, este último sujeto negó tal implicación.

A pesar de estas contradicciones, la versión oficial de los acontecimientos recoge que Miguel recogió a Marta sobre las 18,00 horas del 24 de enero y, tras varias vueltas por la ciudad, la llevó en su moto a su vivienda de León XIII, donde tras una discusión, la golpeó en la cabeza con un cenicero y avisó desde una cabina a su amigo Samuel, quien acudió al citado escenario junto a 'El Cuco' en el coche de la madre de este último. La Policía sostiene que Javier D., hermano de Miguel, estaba en el domicilio en la tarde de autos y podría haber ayudado a limpiar la sangre de la víctima.

Los tres jóvenes sacaron de la casa el cuerpo de Marta envuelto en una manta y lo llevaron hasta el viejo puente de Sevilla-Camas en el coche de la madre del menor de 15 años. Samuel y 'El Cuco' iban en el vehículo, Miguel C.D. en moto y Javier D. se quedó en León XIII limpiando los restos de sangre.

Para determinar el delito concreto al que se podría enfrentar cada protagonista es clave que aparezca el cuerpo de la joven Del Castillo, ya que por el momento se desconoce si la menor fue arrojada al río con vida, lo que convertiría en asesinos a los cómplices, o si ya había fallecido en el momento en que se desprendieron del cuerpo. No obstante, aunque no aparezca el cuerpo la Policía cuenta con pruebas fehacientes para inculpar a los encarcelados.

El error en el crimen

Según el relato oficial, Miguel C.D. estaba obsesionado con deshacerse del arma del delito y escondió en una chaqueta el cenicero con el que golpeó a la menor para, una vez en el centro de la pasarela de Camas, arrojarlo al mismo río. Aquello permitió a los investigadores que la Policía pudiera determinar que en la prenda de vestir del asesino confeso había sangre de la desparecida; restos de ADN que además se localizaron en una colcha, una silla y una mesa de ordenador del piso de Miguel.

Marta "nunca" volvió al domicilio de la calle Argantonio después de las 21,00 horas, a pesar de que una vecina apuntó durante los primeros días que se cruzó con la menor en el portal de la casa. El crimen se sitúa entre las 20,03 horas y las 20,45 horas, intervalo de tiempo en el que la Policía ha podido saber que Marta tenía 17 llamadas perdidas en su teléfono móvil.

La familia

Desde el primer momento la familia de Marta del Castillo dio la cara en los medios de comunicación para que la desaparición de esta joven, mayor de tres hermanas que cursaba 4º de la ESO, no cayera en saco roto.

El tío y portavoz de la familia, Javier Casanueva, y el propio padre,

Antonio del Castillo, fueron contando los pocos avances que de la investigación y búsqueda trascendían. En sus comparecencias públicas, desde el primer momento, sospecharon de Miguel, un chico que había mantenido una relación de un mes con Marta hacía dos años y de quien la familia no tenía buenas vibraciones.

Así pasaban los días hasta que el 14 de febrero los medios de comunicación comenzaron a llenarse de titulares que aseguraban que Miguel había confesado el crimen. Aquella tarde se vivió uno de los momentos más emotivos de las tres semanas en las que efectivos de búsqueda, familiares, amigos y periodistas mantenían una estrecha y necesaria relación.

Javier Casanueva salió del portal de su vivienda ante una expectación ciudadana para nada habitual. El tío de la menor confirmó lo que ya era un secreto a voces. "El subdelegado del Gobierno ha informado esta mañana a mi cuñado de que Miguel había confesado el crimen de Marta", sentenció.

Con palabras como "asesinos, cobardes, fríos y calculadores", Casanueva sacó fuerzas de flaquezas y calificó a los presuntos responsables de la muerte de su sobrino. En aquella escueta alocución ante los medios de comunicación informó de la familia Del Castillo-Casanueva iba a luchar "con todas sus fuerzas" para reclamar el endurecimiento de las penas y la cadena perpetua. En ese momento, las alrededor de 300 personas que escucharon con el máximo respeto a un tío que acaba de perder a su familiar gritaron al unísono: "Queremos justicia". El debate sobre el endurecimiento de las penas está servido.

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