El viacrucis de la princesa Mako de Japón por querer casarse Kei Komuro, un joven plebeyo

La princesa Mako, nieta mayor del emperador Akihito, en el aeropuerto Internacional de Tokio.
La princesa Mako, nieta mayor del emperador Akihito.
Kimimasa Mayama/EFE

Una "sucesión de adversidades y pesadumbres". Así define la Real Academia Española la palabra viacrucis. También su sinónimo, calvario. Y es, desde 2017, lo que más se ajusta a lo que está viviendo la princesa Mako de Japón, que no encuentra el momento de poder casarse con su prometido por muchas y muy diversas causas que se han sucedido año tras año.

Nos remontamos a 2016, cuando se descubre que sus compañeros de la Universidad de Leicester, en Reino Unido, en los estudios de Museos de Arte y Galerías que cursaron desconocían que estaban en la misma clase que una princesa. Ella llegaría ese septiembre al acto de graduación, una vez ya era más que reconocida, y aún así mantuvo un perfil bajo. Con ello se ganó la admiración de los medios internacionales y su nombre comenzó a ser noticia.

Poco después, en septiembre de 2017, la sobrina del emperador Naruhito (y nieta del anterior emperador Akihito) da una rueda de prensa celebrada en la residencia imperial de Akasaka, en la capital del país, donde, junto a Kei Komuro, un antiguo compañero de universidad, anuncian oficialmente que se van a casar y que la ceremonia tendrá lugar el 4 de noviembre del año siguiente, 2018.

El compromiso entre ambos no tomó por sorpresa a nadie dado que la propia prensa nipona lo había adelantado desde mayo y, aunque el anuncio oficial estaba previsto para principios de aquel julio, primer problema -en este caso menor-: la Agencia de la Casa Imperial decidió posponer el acto debido a unas lluvias torrenciales que arrasaron el sudoeste del país.

Ambos tenían 25 años pero se conocían desde 2012, momento en el que Mako y Kei asistieron, puesto que eran alumnos de la Universidad Internacional Cristiana de Tokio, a una reunión informativa para estudiantes interesados en programas internacionales.

Tanto su tío como los padres de ella, el príncipe heredero Fumihito y Kiko Kawashima, dieron su consentimiento, pero esto entrañaba ciertas condiciones, dado que al casarse con un plebeyo estaba rompiendo diversas tradiciones y protocolos.

Para empezar, la princesa Mako hubo de renunciar a su estatus de realeza, debido a una normativa que rige la casa imperial nipona desde el año 1947 y que establece que las mujeres que nacen en su seno pierden su condición real al contraer matrimonio, algo que ha reducido sustancialmente el número de sus integrantes y que tiene como consecuencia directa que se trate de una institución muy avejentada y cada vez más escasa, abocada a una amplia brecha generacional.

Pero ella lo aceptó dado que tenía su trabajo como investigadora en un museo de Tokio, mientras que Komuro, que residía en la ciudad de Yokohama (capital de la prefectura de Kanagawa, al sur de Tokio, y segunda ciudad más poblada de Japón), era asistente legal en un bufete de abogados.

Sin embargo, cinco meses antes de la boda, deciden posponerla. Y los motivos parecen más una excusa que algo verdadero, dado que lo achacan a "que no hay tiempo suficiente para los preparativos". "Creemos que hemos apresurado varias cosas, debemos pensar en el matrimonio más profundamente", argumenta la joven.

Así que su idea es, a partir de ese entonces, "dedicar suficiente tiempo a pensar sobre el matrimonio y a prepararlo", aclarando la comunicación oficial que la boda tendría lugar "después de una serie de importantes ceremonias de la Familia Imperial". Se refería a la abdicación del emperador Akihito en favor de su hijo Naruhito y que tuvo lugar en la primavera de 2019.

Pero los medios inciden en la idea de que la falta de preparación es una razón muy débil y dan varios motivos: primero, que a los japoneses no les hace gracia la boda debido a la diferencia de clases entre los novios, agravada con la paga que recibe Mako del Estado como compensación por dejar la familia real.

Estas críticas son aún más incisivas cuando salen a la luz las dificultades económicas de la familia de Kei Komuro, sobre todo debido a unas disputas financieras entre la madre del novio y su expareja por un préstamo para los estudios de su hijo que aún no le había devuelto. Esto hace que los padres de Mako le pidan (o exijan) a su yerno que antes de casarse debe resolver estos problemas crematísticos o si no, no hay boda, tal y como informó The Guardian.

A todo esto hay que añadir el anuncio de que Komuro se mudaba a Estados Unidos durante tres años para cursar unos estudios de derecho que le permitirían acceder al examen para abogado del estado. Fuentes cercanas aseguraban que los novios hablaban, eso sí, con mucha regularidad y que la ceremonia seguía en pie.

Y llegamos a 2020, cuando por fin se iba a celebrar la boda y, por supuesto, no ha llegado a buen término. La razón en este caso no es que la sociedad japonesa siga con el pensamiento clasista, que también, sino el coronavirus, que hace cancelar de nuevo la boda y posponerla -sin fecha nueva hasta que el novio finalice sus estudies y regrese del país norteamericano-.

Ha tenido que ser el propio padre de la novia, hermano menor del emperador Naruhito y príncipe heredero Akishino, el que haya pedido tranquilidad porque los primeros que lo están pasando mal son los prometidos. "Yo apruebo que se casen. La Constitución dice que el matrimonio se basará únicamente en el consentimiento mutuo de ambos sexos. Si eso es lo que realmente quieren, entonces creo que es algo que debo respetar como padre", dijo en la rueda de prensa que concedió por su 55 cumpleaños.

Eso sí, con respecto a los problemas financieros del novio, sigue pensando igual: "Para que todos estén convencidos y celebren el matrimonio, es importante que se resuelva ese tema". Además, dejó caer que cree que la familia del novio no ha puesto todo de su parte.

"Tal y como yo lo veo, creo que [los novios] están en una situación con la que mucha gente no estaría satisfecha", manifestó, aun reiterando su apoyo a su hija: "Una cosa puedo decir con total seguridad, incluso si se dan las medidas para solventar [el problema económico] es necesario que ese esfuerzo sea visible".

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