Japón cierra este martes la era "Heisei" (paz) del emperador Akihito, el periodo más pacífico que ha tenido el país en su reciente historia, y abrirá el miércoles siguiente la era "Reiwa" (bella armonía) con el sucesor Naruhito, el primer relevo en vida en el Trono del Crisantemo en dos siglos.

El emperador Akihito dijo al inicio de la ceremonia de abdicación que se siente "afortunado" de haber desarrollado sus funciones "con un profundo sentido de confianza y de respeto hacia el pueblo". Estas fueron sus últimas palabras en el cargo ante 294 participantes, incluyendo representantes de la familia real y de los tres poderes del Estado que acudieron este martes al Palacio Imperial.

"Hoy concluyo mis funciones como emperador", dijo el emperador de Japón antes de dar las gracias por sus palabras al primer ministro nipón, Shinzo Abe, quien le precedió en la ceremonia. También quiso agradecer también al pueblo nipón "por apoyarle y aceptarle en su papel como símbolo del Estado".

Antes de su intervención, los chambelanes presentaron dos de los Tres Tesoros Sagrados que Akihito ha custodiado durante sus tres décadas en el trono y que simbolizan el poder del cargo: la legendaria espada Kusanagi y una joya de jade, además de los sellos imperiales empleados para firmar documentos oficiales. El acto concluyó al abandonar la sala Akihito, acompañado por los chambelanes que portaban los cofres con los Tesoros Sagrados, y seguido por Michiko y los otros miembros adultos de la familia imperial.

El miércoles, turno de Naruhito

El miércoles, a partir de las 10.30 hora local (01.30 GMT), será el turno de Naruhito, que asumirá el trono en una ceremonia con la presencia de miembros de la Casa Imperial y altos funcionarios de los tres poderes del Estado. En ese acto se espera que Naruhito pronuncie su primer mensaje como emperador. Akihito, cuando asumió el trono, solo pronunció unas breves palabras comprometiéndose a cumplir las funciones que le marca la Constitución

Es un ritual que no está abierto a mujeres, pero en esta ocasión sí estará presente una, la única ministra del gabinete de Abe, Satsuki Katayama. Entre los ausentes se encuentran quien desde el día anterior será el emperador emérito Akihito.

Los actos de esta semana se cerrarán el sábado con la primera comparecencia en público de Naruhito como emperador, quien, en seis ocasiones, cumplirá con el tradicional saludo desde los balcones del Palacio Imperial.

Pero no será hasta el 22 de octubre cuando jefes de Estado extranjeros acudan a las ceremonias públicas por la ascensión al trono de Naruhito. Han sido invitadas unas 2.600 personas. Antes de eso, y a no ser que haya cambios de última hora, será el presidente estadounidense, Donald Trump, el primer jefe de Estado que se reunirá con el emperador Naruhito, durante la visita oficial a Tokio que comenzará el 25 de mayo.

Primera abdicación desde 1817 

Akihito, de 85 años, anunció el 8 de agosto de 2016 que por su avanzada edad y su quebrantada salud le resultaba difícil cumplir con sus funciones, pero no anunció oficialmente su deseo de abdicar, porque la ley de entonces no lo permitía. Fue necesario aprobar una ley especial, y el Gobierno anunció el 1 de diciembre de 2017 que la sucesión trono se haría entre el 30 de abril y el 1 de mayo de este 2019.

La abdicación de Akihito, que se convierte en emperador emérito desde entonces, cierra la era "Heisei", una época que precisamente ha pasado a ser el periodo más pacífico del país, iniciado en 1989 tras el fallecimiento del emperador Hirohito. La última vez que hubo una abdicación imperial en Japón fue el 7 de mayo de 1817, cuando lo hizo Kokaku. Los emperadores de entonces no solían superar los 40 años al frente del Trono del Crisantemo, pues fallecían jóvenes o eran forzados a abdicar.

Cercano al pueblo

Akihito, que en los últimos años ha sufrido dos intervenciones quirúrgicas, abandona el trono dejando un sello en su era marcada por la proximidad a su pueblo, frente al distanciamiento que han tenido sus predecesores.

Una encuesta hecha en marzo pasado por el diario Mainichi determinó que el 87% de los japoneses cree que Akihito ha cumplido cabalmente con el papel que le encarga la Constitución, la de servir como símbolo del Estado y de la unidad del país.