Cómo viste la política: del "exhibicionismo" de Aznar a la "elegancia" de Barack Obama

  • Los códigos en el vestir de aquellos que están el poder son cambiantes.
  • ¿Son conscientes los personajes públicos de la fuerza del atuendo?.
  • La imagen no verbal es clave para trasmitir su mensaje.
Carme Chacón, en el centro, durante la celebración de la Pascua Militar (EFE).
Carme Chacón, en el centro, durante la celebración de la Pascua Militar (EFE).
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Carme Chacón con esmoquin en la Pascua Militar , o el look de Esperanza Aguirre a su regreso a España tras el atentado de Bombay, la 'chompa' de Evo Morales o los calcetines con 'tomates' del presidente del Banco Mundial, Paul Wolfowitz, son imágenes que hablan por sí solas.

De forma intencionada o no. Han pasado tres décadas y aún permanecen en nuestra retina, y los expertos en comunicación política lo siguen recordando, los trajes de pana de Felipe González, más tarde la famosa 'chupa' de cuero de Trinidad Jiménez y, recientemente, el impacto del 'No a la guerra' en miles de solapas.

Hace tan sólo unos días, el 6 de enero, el atuendo elegido por la ministra de Defensa para la Pascua Militar no ha dejado indiferente a nadie.

Hay quienes piensan que se saltó el protocolo al utilizar un esmoquin en lugar del traje largo exigido, y otros que, por el contrario, creen que dio una imagen de sobriedad y modernidad.

¿Son conscientes los personajes públicos de la fuerza del atuendo? El historiador Francisco de Sousa Congosto, autor del libro Introducción a la Historia de la Indumentaria en España, sitúa en el Renacimiento los primeros signos claros de comunicación a través de la vestimenta.

"Un símbolo distintivo del poder político en el siglo XVI fue la elección del color negro para transmitir la austeridad, seriedad y rigor asociados con el reinado de Felipe II", explica a Efe Francisco de Sousa.

Valores que también se reflejaron en la evolución de los cuellos, de la complicación de las "lechuguillas" a principios del siglo XVII a la sencillez de las "golillas" (paños de seda, batista o lienzo), que se prodigaron años más tarde, hasta principios del XVIII.

La fascinación por Obama

Los expertos en Comunicación Política coinciden en que la imagen no verbal y el mensaje forman parte de un todo: la imagen. Dos componentes inseparables porque un personaje público no puede vivir sólo de apariencia o de gestos, ni de discursos.

"Disociar lo que se dice de cómo se dice sería como separar el hidrógeno del oxígeno y pretender que siga habiendo agua", explica a Efe Luis Arroyo, presidente de Asesores de Comunicación Pública.

"Mi experiencia es que no hay decisiones excesivamente complejas respecto a la vestimenta. Es una parte muy menor de nuestro trabajo habitual, y de hecho un asesor de imagen es más un asesor de mensaje que de aspecto físico", explica.

Arroyo, coautor del libro Los cien errores de la comunicación, defiende que "para ser líder es imprescindible un buen mensaje", porque si no -dice- "podría ser candidato cualquier miss o míster Universo. Por el contrario dirigentes como Ghandi, Roosevelt o Arafat no hubieron podido llegar a las responsabilidades que tuvieron".

"Asistimos -agrega- a la fascinación por Obama. Su campaña para alcanzar la presidencia de EEUU ha sido impecable en cuanto a la comunicación. Se le ve guapo y elegante... pero detrás de un porte estupendo hay un material increíble. No hay más que leer el libro que escribió hace seis años sobre su padre".

Las dudas de las mujeres

¿Cómo resuelven este aspecto los políticos y otros personajes públicos? Pedro Mansilla, sociólogo, periodista y experto en moda, cree que los hombres, a lo largo de la historia, han conseguido depurar y aligerar su indumentaria, hasta llegar al traje actual.

Sin embargo, el papel de la mujer, que hasta hace sólo 25 años era el de acompañante del hombre, "salta por los aires a partir de mayo del 68, cuando empieza a acceder a los puestos de poder político y tiene que vestirse dignamente en función de su cargo", explica a Efe este especialista.

Esa apariencia discreta que el hombre ya ha logrado, para una mujer es muy difícil porque cuando llega al poder (entre los 30 y los 50 años) muchas "no lo hacen en su mejor momento físico, a diferencia de los hombres para quienes la naturaleza es más tolerante", dice Mansilla.

Este experto ha visto de cerca a mujeres poderosas "con una angustia terrorífica porque no tienen una indumentaria tan cómoda como los hombres y su coquetería les lleva en muchos casos a no ceñirse al traje de chaqueta y a ponerse vestidos que no les favorecen".

Códigos cambiantes

Los códigos en el vestir son muy cambiantes, asegura Mansilla. Las corbatas rojas -comenta- han sido siempre de la izquierda pero ahora las utilizan los políticos del PP, "con Mariano Rajoy a la cabeza".

La izquierda, al menos el presidente del Gobierno, se ha abonado, sin embargo, a la corbata azul marino, que alterna con algunas de rayas. "El ejercicio del poder real centra mucho. El verdadero poder descubre enseguida el valor de la discreción, y esto es muy evidente en los políticos socialistas", dice el experto.

"No tanto en la derecha", asegura. "Aznar, según pasaban los años en la Presidencia del Gobierno era más ostentoso. El poder no le hizo discreto, sino más exhibicionista, siempre bien vestido, con trajes estupendos que combinaba con zapatos de borlas para dar una imagen más relajada, casi de 'sportman'", concluye.

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