Entrevista | Imanol Arias: "Para mí la vida no existe antes de hoy"

  • El actor protagoniza la obra de teatro 'El coronel no tiene quien le escriba', adaptación de la novela de García Márquez.
El actor Imanol Arias posa para '20minutos'.
El actor Imanol Arias posa para '20minutos'.
JORGE PARÍS

Imanol Arias, dirigido por Carlos Saura, vuelve al Teatro Infanta Isabel de Madrid –hasta el 2 de noviembre– con El coronel no tiene quien le escriba, adaptación de la novela de Gabriel García Márquez.

¿Cuántas funciones lleva? 120 o 125. Y más que volver, pareciera que nunca nos hemos ido. Hemos estado un año dando vueltas y hemos cortado un poco la gira para hacer un esfuerzo por Madrid. Y por el teatro. En estas circunstancias, se intenta con mucha tranquilidad crear un ámbito seguro; y como el teatro se nutre de gente fiel y de gente esporádica, la fiel encuentra rápidamente que hay un espacio seguro en el que puede ejercer esa actividad que les gusta.

Hay múltiples teorías sobre la simbología del texto. ¿Ha llegado a comprenderlo en su totalidad? He llegado a comprender al coronel; la totalidad de la obra, ni conociendo como yo conocí a Gabo... Incluso en sus conversaciones tenía una multiplicidad de direcciones, era como un abanico, un hombre no concluyente, una especie de creador continuo. Como la palabra en él era tan importante, quizá el profundo conocimiento de todas las palabras, con las emociones que conllevan, me ha dado un mapa del personaje. Y yendo al personaje, se puede entender toda la simbología.

Su personaje representa la dignidad y el idealismo. ¿Nos deja la realidad ser idealistas? No mucho. Puede que sea al contrario, que estamos tan ocupados con el día a día que eso nos haga tener incertidumbre sobre el futuro, incluso en lo que uno quiere. Ahí entraría el idealismo: si no es posible, es tremendamente necesario. La realidad es demasiado chata y, además, ahora la analizamos segundo a segundo, deja de tener sorpresas, se convierte en una especie de metrónomo mecánico. Es como un ritmo musical [golpea la mesa] y, sobre ese tempo, pensar en lo importante en vez de en lo urgente hace que se pongan melodías encima.

Cartel de la adaptación teatral de 'El coronel no tiene quien le escriba' con Imanol Arias como protagonista y bajo la dirección de Carlos Saura, que se presentará en el Teatro Carrión el 5 de octubre.

imanol arias

  • Riaño, León, 1956. Actor.
Se crio en las localidades vascas de Ermua y Eibar. Ha rodado más de 50 películas. En televisión, lleva casi 20 años siendo a Antonio Alcántara en 'Cuéntame'. Tiene la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes. Está pendiente de juicio por delitos contra la Hacienda Pública: la fiscalía pide para él 27 años de cárcel y 10 millones de euros.

¿A usted le pasa también? A todos nos pasa, con diferentes edades, diferentes sensaciones frente a la vida o diferentes expectativas. Para mí la vida no existe antes de hoy. No es tan importante como lo que deseo hoy y lo que deseo para mañana y pasado. Es la única posibilidad de rozar la esperanza.

¿Ha llegado ese día, como dice la obra, en el que ya no sabemos qué es lo normal? A lo mejor, se me ocurre, quiere decir que vivíamos en una anormalidad muy confortable, inconsciente. Y amenazada por un relato que tiene que ver más con las cosas que deseamos individualmente y no colectivamente; estamos en la sociedad de yo. Noto, en general, poca decisión política, pocas leyes. ¿Cuántas ha habido en el Parlamento en esta legislatura? Ha habido dos muy importantes, el sueldo mínimo y los ertes, pero, ¿cuántas ha habido mi comunidad? ¿Dónde están las leyes concretas que yo oí? Al no haber esa expectativa, si no hay campo, uno se mete en el chamizo hasta que escampe.

Por no hablar de la ansiedad. Es la ansiedad, sí. El trauma económico, de alguna manera, es real y ficticio. Real, porque afecta a nuestras economías y expectativas, sobre todo a ciertas generaciones. Eso tiene solución, pero lo que hay alrededor, el problema mental, la angustia, el no saber... Creo que hay una enorme responsabilidad con eso y parece que, desgraciadamente, la política empieza a tener agendas diarias; aquí es difícil saber lo que se va a determinar el viernes. Un mundo día a día es imposible, no es real.

Pasó 20 años sin pisar un escenario, pero empezó ahí. ¿Da tablas mirar a la gente a la cara? Sí, porque es el primer paso del sueño. Para mí ser actor era subirse a un escenario; todo lo más, llegar a un Estudio 1. La primera vez que yo hice uno tenía 22 años y cuando se puso la obra salí por la calle tres días seguidos: no me conocía nadie, pero iba con la sensación de 'ya estoy aquí'. Por lo visto, era muy bueno, he debido perder todo lo que tenía... Llegué a Madrid y a los tres meses estaba ya en La Zarzuela; y en el 78 fui el primer actor de la Compañía Nacional. Luego me retiré, me asusté. Eso me sirvió para para saber que tenía mucho que recorrer.

Y llegó el cine. Se desbarató todo; y no te quiero decir con los últimos 20 años, en los que ha ido sumándose la toxina de falta de teatro. Tenía tanta 'teatrolimia' que estaba ya agobiado. Ya no me conformaba, quería hablar, sudar, morirme. Esto suena así, pero es muy simple y bonito: muchos artistas tendemos a vivir de una manera casi gris, como guardando una semilla para que, en el momento del vómito en la actuación, toda tu verdad y toda tu vida salgan por ahí. Los que hemos tenido ese vicio hemos pagado un precio alto. Siempre queda la sensación de que es tu última oportunidad.

El intérprete, durante la entrevista.
El intérprete, durante la entrevista.
JORGE PARÍS

No llevaría bien el confinamiento. Casi no me he dado cuenta, excepto que no actuaba, que no sacaba. Todo era para adentro, relajarse y meditar. Muchas veces que empezaba a tener dudas sobre el texto, me pasaba toda la mañana con él, por la cocina, mientras me ponía la mascarilla y me iba a andar... Me encontraba con el maestro (Héctor) Alterio, que iba con su León Felipe. Por lo visto memoriza andando, y no sabes cómo anda ese señor de recto, aparte de que me parece uno de los hombres más guapos a esa edad que hay en la Tierra. Aunque echaba de menos la alegría en las calles.

Saura le dirige. Echanove lo definió como "tranquilo, mayor y sabio". ¿Cómo es trabajar con él? No hubiera sabido definirlo tan perfectamente. Pero sí diría que es un creador de ámbitos, con mucha experiencia. Y es verdad que es mayor, en el sentido de que tiene mucha sabiduría, pero todo parte, y lo descubrí porque presenté su biografía, de un niño que miraba continuamente. Un niño de la guerra que pasó todo lo que pasaron los demás niños, pero no encerrado, sino en el coche oficial de su familia, que eran del Ministerio de Hacienda. Lo vivió con la perplejidad de lo que veía. Esa visión le ha acompañado en el cine, en su fotografía, en su concepción de los espacios, en las imágenes de las Hurdes, en el pragmatismo de su conciencia. Tiene ojos de niño.

¿Con la edad llegan menos proyectos de cine? Es diferente en los hombres que en las mujeres; con ellas es muy dura esta profesión. A veces hay actrices que, por algún motivo, en el momento del esplendor de la flor, pegan un giro y se quedan como más... fijas. Tienen que ser muy buenas, pienso en Nathalie Poza, Blanca Portillo o Carmen Machi. Para el hombre va variando. Te vas convirtiendo en otra cosa, tienes que ir encontrando tu sitio, se reducen los personajes. En el teatro es todo lo contrario, por eso te amplía la vida.

¿Cuál es su personaje más querido? Uno que me costó muchísimo, porque lo disfrutaba y lo hice en dos países y con dos textos diferentes: Calígula. Lo hice con Tamayo en el 78 y una versión que le habían aceptado a un adaptador español, un profesor de literatura amigo de (Albert) Camus. Le habían pedido que rebajara algunas cosas políticas y que Calígula fuera más el de Tinto Brass, más gay. Era un espectáculo para hacerlo a lo grande. En una de las representaciones apareció una persona relacionada con Camus y me invitó a cenar. Me dijo que en España no ha habido malos Calígulas y que había una tercera versión, de su padre. Me mandó un texto que Camus corrigió y vi que se situaba en Roma y con Mussolini. Y entonces, creamos el segundo Calígula en Buenos Aires.

El actor Imanol Arias.
La obra se representa en el Infanta Isabel de Madrid.
JORGE PARÍS

Cuéntame va a cumplir un sueño, pillarnos. Como todo sueño, tiene su fundamento y su imposibilidad, porque va 29 años por detrás. Empezó hablando solo del pasado –presente para los personajes– y así estuvo hasta que empezó a haber recuerdos: la cacería con Franco, etc. Después vinieron los niños Alcántara y Merche, pero siempre faltaba una referencia a hoy. El audiovisual moderno ha ido cambiando de estructura: Cuéntame se contaba como una novela, y desde hace poco ya no hay, excepto la turca y nosotros, que tenemos las mejores. No en el sentido despreciativo, sino de la novela con estructura. Hemos pasado al relato. Y si ves Antidisturbios, hemos pasado al reel, es brutal. Existía entonces esa posibilidad de contar no solo una referencia a hoy, sino qué ha pasado con los personajes. Hay más intentos, a ver si salen.

Ana Duato y usted están pendientes de juicio por delito fiscal. ¿Cómo lo afronta? Es muy largo, con mucha calma. Y como está sub judice no puedo hablar. Cuando intento hacerlo meto mucho la pata, me reprenden y no me viene bien. Y como son muchos años, genera una especie de angustia... No consigo hacerme entender, me sale demasiada preocupación. Prefiero no dañarme más ni dañar.

Tiene dos hijos actores. ¿Cómo ve a las nuevas generaciones? Son muchos más que en la nuestra. Hay competencia, pero tienen mucha posibilidad de trabajo y ya no conciben ser actores sin prepararse. Lo van a tener muy difícil también, porque van a tener que tomar decisiones. De momento, empiezan por la televisión y se pueden producir fenómenos de desfase, como me pasó a mí con Anillos de oro, que lo veían 20 millones de personas: cuatro de cada cinco me saludaban por la calle con 26 años. Me cagué. A algunos de aquí les pasa. Entonces, tienen que empezar a ordenar su vida, defender sus historias... Los buenos van a hacer cosas muy grandes.

Nació en Riaño. ¿Ser de un sitio que ya no existe marca? Lo pensaba el otro día. Viendo una cosa que ha hecho La caña brothers para Antena 3, El instante decisivo, apareció Ermua. ETA empieza a morir en mi pueblo, con un vecino mío al que mata. Diez kilómetros más para allí no habría pasado lo que pasó, porque Ermua estaba lleno de gente emigrante, de muchos años, con hijos que se sentían vascos; Miguel Ángel (Blanco) se sentía vasco. Yo pensé: nací en un pueblo que desapareció y me crie en otro que cambió para no terminar en ninguno. Tienen una singularidad, una historia, y toda historia tiene un sentimiento. Y a mí lo que me importa es eso, la emoción. Luego he vivido 40 años en Madrid, una ciudad que no te niega, muy cómoda para integrarte, pero sin esa singularidad de mis dos pueblitos. Es una ciudad de paso para mí, yo no terminaré en Madrid. Y si termino es porque no puedo hacerlo de otra manera.

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