La ingeniosa Mafalda se queda huérfana

Quino posa en su estudio de Madrid.
Quino posa en su estudio de Madrid.
JORGE PARÍS

"La humanidad no es más que un sándwich de carne entre el cielo y la tierra". Mafalda, la niña deslenguada a la que el planeta le parecía un "manicomio redondo", se ha quedado huérfana. Su dibujante, el argentino Joaquín Salvador Lavado, Quino, ha fallecido este miércoles en Mendoza -su ciudad natal- a los 88 años, tres después de perder a su esposa, Alicia Colombo. 

Fue poco después de casarse con ella, en 1964, cuando recibió un encargo publicitario que nunca vio la luz y que le cambió la vida: nació así un icono que reflexionaba como nadie sobre la vida y lucía un enorme lazo en el pelo. Ella y sus amigos han arreglado el mundo durante décadas.

Adiós a Quino
Adiós a Quino
NANI

Quino era hijo de padres emigrantes andaluces y a los tres años ya quería dibujar. "Es lo único que sé hacer", decía. En 1945 entró en la Escuela de Bellas Artes de Mendoza, pero cuatro años después dejó los estudios para pasarse al mundo gráfico y la historieta. El semanario Esto es le publicó su primera página de humor gráfico en 1954; tras años de colaboraciones, en 1963 lanzó su primer libro, Mundo Quino. Y de repente... Mafalda, personaje al que Umberto Eco, que la dio a conocer en Europa, describió como "un héroe de nuestro tiempo". Cuando llegó a España (1970), la censura franquista obligó a advertir de que era "para adultos".

No en vano, sus enseñanzas eran profundas, atemporales, válidas para hoy y mañana. "Lo urgente no deja tiempo para lo importante". Y su asco infinito por la sopa era una metáfora "sobre el militarismo y la imposición política", según el autor. Bebía de Charles M. Schulz y Peanuts (Snoopy), entre otros, y era feminista. Quino demostró a través de su única hija -no tuvo descendientes- que los niños "son los depositarios de la sabiduría", explicó Gabriel García Márquez. Lo decía también por Felipe, Susanita, Manolito y Guille, siempre al lado de la filósofa, igual que sus padres, destinatarios de terribles preguntas existenciales.

En 1973, Quino dejó de dibujar las tiras de Mafalda, que había pasado por las páginas de Leoplán, Primera Plana, El Mundo y Siete días, aunque a ella la rescató varias veces para colaborar con campañas institucionales y sociales (Unicef, el Ministerio de Educación español, Cruz Roja, etc.), para varios libros recopilatorios y hasta para cortos y dibujos animados. Durante su trayectoria y al margen de este personaje también publicó una veintena de libros de humor, el último de ellos en 2016, titulado 'Simplemente Quino', otra recopilación. Desde hace años arrastraba problemas de movilidad y visión, de hecho, en 2014 recogió el Premio Príncipe de Asturias de la Comunicación en silla de ruedas.

También fue reconocido con la Medalla de la Orden de la Artes y las Letras de Francia y la Encomienda de Isabel la Católica de España. Al morir su esposa, dejó su residencia en Buenos Aires para volver a Mendoza con los suyos. El pasado mes de julio celebró su último cumpleaños con ellos, con torta de dulce de leche, pastas y vino

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