El Camino de Santiago en tiempos de covid-19: albergues en crisis, pocos peregrinos y casi todos nacionales

  • Los primeros peregrinos tras el confinamiento viven un Camino con menos componente social y más "tranquilidad".
  • La Catedral de Santiago ha repartido 2.835 Compostelas en la primera quincena de julio, un 81% menos que en 2019.
Paula Vela e Iván García recorren por primera vez el Camino Francés durante la pandemia del coronavirus.
Los peregrinos Paula Vela e Iván García recorren por primera vez el Camino Francés durante la pandemia del coronavirus.

Después de cuatro meses cerrados, el pasado 1 de juliolos albergues del Camino de Santiago comenzaron a reabrir sus puertas y, con ello, los peregrinos han ido regresando con cuentagotas. Eso sí, lo hacen en un contexto que nada tiene que ver a años anteriores a causa de la pandemia del coronavirus: Los hostales han reducido el número de camas disponibles y, aún y así, no terminan de llenarse. 

Según datos de la Catedral de Santiago, entre el 1 y el 14 de julio de este año se han entregado 2.835 Compostelas -un documento que acredita que los peregrinos han realizado el Camino-, mientras que en el mismo período de 2019 se llegaron a repartir 15.000, por lo que habría un 81% menos de peregrinos que el año pasado.

Paula Vela e Iván García son dos jóvenes barceloneses que salieron el pasado 2 de julio desde León para realizar el Camino Francés. Esta es su primera vez como peregrinos y la primera semana de recorrido, aseguran, no había casi nadie: “En cinco días conocimos a unas 15 personas en total. Había albergues en los que estábamos solos”, cuentan. De hecho, según datos de la Oficina del Peregrino, en julio de 2019 llegaba una media de 1.700 peregrinos diarios a Santiago de Compostela (53.319 todo el mes). Estos últimos días, no obstante, la media ronda los 300 peregrinos diarios, aún a la espera de que la cifra aumente de cara a la fiesta de Santiago Apóstol, que se celebrará el 25 de julio.

Vela y García no han recorrido el Camino que se imaginaban: “Pensábamos que íbamos a conocer a un montón de gente y no ha sido así”, dicen. No obstante, reconocen que hacerlo “solos” ha tenido sus ventajas: “Lo bueno es que no hay que ir con prisas para madrugar, porque siempre hay sitio en los albergues. Incluso algún día hemos llegado a las ocho de la tarde y sin problema, con toda la tranquilidad del mundo”. También explican que, al ser pocos peregrinos, han abierto las puertas a conocer a personas de todo tipo: “Como somos pocos, nos conocemos todos y hablamos con gente de todas las edades”, dicen.

"Lo bueno es que no hay que ir con prisas, porque siempre hay sitio en los albergues"

Con el paso de los días, la cantidad de peregrinos que se han ido encontrando ha cambiado ligeramente, especialmente a partir de Sarria (Lugo), un punto donde muchos inician el Camino porque es la distancia mínima para que puedan obtener La Compostela. “Ahora hay bastante gente comparado con los días anteriores, pero los peregrinos más veteranos nos dicen que hay muchísima menos que otros años”, cuentan Vela y García.

No obstante, ambos compañeros sostienen que merece la pena hacer el Camino igualmente: “Es una oportunidad para hacerlo de forma diferente. Los albergues tienen las medidas sanitarias correctas y en los pueblos están contentos de que vengan peregrinos, cosa que podría no ser así por el miedo a los contagios. Cuando nos ven, dicen: ¡Ay, ya empiezan a llegar peregrinos! ¡Buen camino!”, cuentan.

Iván García firma la credencial del peregrino con la mascarilla puesta.
El peregrido Iván García firma la credencial con la mascarilla puesta.

En la misma línea, Luis Gutiérrez, presidente de la Federación Española de Asociaciones de Amigos del Camino, sostiene que ha habido “un cambio radical" a como era antes de la Covid-19, pero anima a hacerlo igualmente: "El número de peregrinos no va a ser igual ni parecido al del 2019, pero seguirá existiendo la convivencia entre ellos. La comunicación no se va a perder con la mascarilla; a veces con una mirada basta”, dice. Además, considera que tras el confinamiento el Camino puede ser un buen lugar "de encuentro con las personas y la naturaleza”.

Un año "muy difícil" para los albergues

Si bien el Camino no ha perdido su esencia, el cierre de albergues por el estado de alarma y la disminución del número peregrinos se ha traducido en una crisis para los hospitaleros. Enrique Valentín, presidente de la Red de Albergues Privados del Camino Francés, explica que están sufriendo un problema económico significativo, dado que “justo cuando era el momento de iniciar la temporada, a principios de marzo, fue cuando quedamos confinados”, lamenta. .

La campaña indudablemente va a ser mala. Será un año muy difícil para los albergues”, asevera Valentín, alegando que “no hay americanos ni coreanos”.

Ahora, casi todos los peregrinos son españoles; el 80% según datos de la Oficina del Peregrino, muy distintos los de julio del 2019, cuando los peregrinos nacionales suponían el 58% del total. Este 2020, los peregrinos extranjeros son principalmente portugueses, alemanes e italianos, y quedan fuera los procedentes de los Estados Unidos, que en 2019 fue el tercer país con más visitantes y representaban el 7,5% del total de peregrinos.

El 80% de los peregrinos son españoles, mientras que en julio de 2019 solo representaban el 58%

La escasez de peregrinos tampoco se ha traducido en menos carga de trabajo, más bien todo lo contrario, dado que los albergues han tenido que adoptar medidas extraordinarias para evitar la propagación del coronavirus: “Hemos reducido al 50% la capacidad de los albergues, en la entrada tomamos la temperatura y hacemos la higiene de zapatos, damos bolsas para guardar mochilas y zapatos, sábanas desechables, mascarillas para quien no traiga, desinfectamos continuamente sanitarios y duchas, los espacios comunes se han redistribuido para evitar el contacto entre grupos o personas individuales, las cocinas están restringidas y nos aseguramos que haya distancia de 1,5 metros entre las camas. Todo esto conlleva trabajo y tiempo”, explica Valentín.

Ahora, las esperanzas para remontar la crisis de los albergues están puestas en el futuro: “Vamos a trabajar de cara al año que viene y reduciremos gastos de otro tipo para compensar”, explica el presidente de la Red de Albergues. Además, tras el cierre por el confinamiento, el hospitalero no descarta alargar la temporada: “Quizás el camino se alargue hasta noviembre y, de cara al año que viene, tenga mayor incidencia en invierno por la gente que no lo ha podido hacer en otra época. El camino en invierno es duro, pero muy bonito”, dice.

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