Las familias monoparentales, ahogadas por la crisis: "Mis padres me están haciendo parte de la compra"

Ana María, madre de dos niños.
Ana María, madre de dos niños.
Jorge París

En apenas mes y medio, Ana Marta Alonso ha perdido un trabajo, ha contraído el coronavirus y ha permanecido hospitalizada durante 10 días. La pandemia no le ha dado tregua. Esta madre soltera de 53 años y su hija de 10 están pasando, como muchas otras familias monoparentales, verdaderos apuros para salir adelante durante esta crisis y no vislumbran la solución.

Antes de la llegada de la epidemia, Ana Marta compaginaba dos trabajos a jornada parcial para llegar a fin de mes: uno como administrativa de lunes a viernes y otro de camarera los fines de semana. "Incluso así iba al ras", admite. Ahora solo conserva el primero, cuya retribución ha visto reducida por estar de baja y haber perdido las comisiones: “Lo llevo muy mal económicamente, la situación me ahoga”.

"Este mes hay parte de la compra que me la están haciendo mis padres, pero es que ellos tampoco van sobrados como para asumir nuestros gastos", comenta esta santoñesa, que pertenece a la asociación Madres Solteras por Elección, y admite que el futuro lo ve, en este sentido, "muy negro". "Mis ingresos se han visto reducidos en un 45-50%. Estoy echándome a temblar con los pagos de mayo", reconoce, al tiempo que explica que tanto la compra como las facturas de agua, luz y gas están siendo más caras.

Ana Marta y su hija de paseo.
Ana Marta y su hija de paseo.
CEDIDA

Ana Marta y su hija son uno de los casi 1,9 millones de hogares monoparentales que hay en España, de los cuales el 81% está encabezado por mujeres. De acuerdo con datos de Eurostat, casi el 50% de este tipo de familias en territorio nacional se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social. Para analizar su situación durante la crisis generada por el coronavirus, la Federación de Asociaciones de Madres Solteras (FAMS) ha realizado un sondeo que pone de manifiesto los problemas a los que están haciendo frente. 

Tras preguntar a 545 familias monoparentales -de las cuales se estudiaron las 542 lideradas por mujeres-, el 27% de estos hogares reconocía ya a fecha de 13 de abril que, como Ana Marta, no podía afrontar los gastos en alimentación. De hecho, casi la mitad de las madres (48%) afirmaron necesitar ayudas de algún tipo: económicas para pagar productos de higiene, comida o suministros; de apoyo presencial; o psicológica. 

Conciliación, una quimera

La situación de Ana Marta y su pequeña ha sido particularmente dramática estas semanas, pues a finales de marzo tuvo que permanecer diez días hospitalizada a causa del coronavirus. "Cuando acudí a Urgencias, no pensé que me fueran a ingresar. Al darme cuenta de que no iba a volver a casa, llamé a mi hermano para que se hiciera cargo de mi hija", relata. Al regresar, era su madre quien les hacía la compra y dejaba la bolsa en la puerta para evitar el contacto. Ahora, todavía no respira bien y se cansa con facilidad, pero se recupera poco a poco.

"¿Qué hago con la niña? ¿Con quién la dejo? Mis padres no son una opción"

Cuando reciba el alta y se reincorpore a su puesto, se enfrentará a un nuevo problema: conciliar. Probablemente, explica, deberá acudir presencialmente -a 70 kilómetros de su domicilio- y no podrá teletrabajar, lo que le generará una nueva preocupación: "¿Qué hago con la niña? ¿Con quién la dejo?”. Sus padres no son una opción, pues rozan los 80 años y pertenecen a la población de riesgo, y tampoco puede permitirse pagar a nadie.

Esta es la situación a la que se enfrentan muchos hogares monoparentales: teletrabajar con los pequeños en casa es una quimera y hacerlo fuera implica que deben permanecer ese tiempo con alguien. Según la FAMS, "prácticamente la totalidad" de las mujeres que participaron en el sondeo reconocieron que su vida laboral se había visto "afectada seriamente" por la crisis sanitaria. Es el caso de Ana María Miranda, madre de un niño de 6 años y otra de 2.

Como Ana Marta, ella también ha contraído el coronavirus en estos días, pero no ha necesitado hospitalización y ha permanecido en casa con sus pequeños todo este tiempo. Empleada en la parte administrativa de un supermercado, da gracias por no tener problemas económicos y cuenta que teletrabajó durante las primeras semanas del confinamiento, pero lo recuerda con amargura: "Era complicadísimo, una locura total y absoluta. Mis hijos sobrevivían"

"Era complicadísimo, una locura total y absoluta. Mis hijos sobrevivían"

"El desgaste psicológico de pasar las 24 horas sola con los niños es brutal. Es un estado de ansiedad continuo, no tienes ni una hora al día para ti, para dejárselos a tu pareja. Eso de hacer ejercicio, yoga, pilates... Nada. A mí no me da la vida con las labores del hogar", apunta. Además, cuando se recupere y deba volver a su puesto, duda que le permitan teletrabajar y teme que deberá gastar sus vacaciones o pedir una excedencia para cuidarlos. Por eso, reclama medidas que ayuden a la conciliación.

Ana María: "Ir a comprar era horroroso"

En este sentido, incide en que la red de apoyo de los hogares monoparentales es "muy corta, muy limitada", y muchas veces se basa en padres, hermanos y amigos con el mismo tipo de familia. "El Estado no piensa en estos modelos, no está preparado para cubrir tus necesidades en caso de urgencia", insiste. Por eso, el apoyo psicológico y emocional es otro de los aspectos mencionados por muchas madres en el sondeo, tanto para ellas como para sus hijos. 

"El Estado no está preparado para cubrir tus necesidades en caso de urgencia"

Otra de las grandes inquietudes de las familias monoparentales durante esta crisis sanitaria ha sido el miedo al rechazo al ir a comprar con niños, a los que no podían dejar solos en casa. De acuerdo con el estudio, el 27% de ellas, sin ser preguntadas directamente, expresó "mucha preocupación" ante la posibilidad de quedarse sin comida y que sus hijos no pudieran acompañarlas al supermercado por la hostilidad del resto de clientes.

Ana María con sus dos hijos.
Ana María con sus dos hijos.
Jorge París | Jorge Paris

"Ir a comprar era horroroso, lo pasaba muy mal. Era muy difícil controlar al de 6 años. Una vez una dependienta me echó la bronca y me dijo que era una irresponsabilidad ir con niños", recuerda, aunque admite que ahora los pequeños están menos estresados al haber podido salir a la calle. Ana Marta también rememora con resignación las "miradas asesinas" de sus vecinos y la ansiedad que sentía su hija al ver las noticias o el miedo a que la gente supiera que supiera que su madre hubiera pasado la enfermedad.

De cara al futuro, ambas mujeres tienen miedo de lo que vendrá, de que pueda llegar una segunda oleada de la enfermedad y el país continúe sin estar preparado. En esta línea, Ana María lamenta que ni colegios ni empresas están listas para encarar algo así. "Ahora ya no vas a ahorrar para irte de vacaciones, sino por si te ves de nuevo en una situación así", lamenta.

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