Diego Mejía, refugiado político colombiano
Diego Mejía, en el salón de su piso en Gijón. NICOLÁS M. SARRIÉS
Con sólo 27 años, Diego Mejía ya ha tenido que huir seis veces de su casa para evitar que grupos paramilitares lo mataran por formar parte de un sindicato estudiantil en la Universidad de Nariño, al sur del país.

Éste estudiante de Sociología (aún no ha podido acabar la carrera) es uno más de los cientos de personas que ha tenido que refugiarse en otros países, acusado «sin pruebas» de ser miembro de las FARC (grupo guerrillero terrorista) y acosado «por la extrema derecha y los cárteles de la cocaína». Ésa es la situación «para todo aquel que se opone al sistema establecido», asegura. De hecho, en los últimos años ha visto morir a cinco compañeros suyos.

Ahora, Diego disfruta de seis meses de tranquilidad en Gijón. Él es uno de los 49 refugiados colombianos que han estado alojados 180 días en la ciudad. La Concejalía de Cooperación (que lleva 6 años con este proyecto pionero de acogida) le proporciona alojamiento a él y a 4 compañeros más para que permanezcan aquí hasta que la situación se calme.

Agradece el apoyo recibido, aunque reconoce que no puede evitar sentir mucha melancolía: «aquí no tengo amigos y el clima es muy frío», comenta.

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