Patricia González no podrá acercarse a su hija de 10 años a menos de 500 metros. También tendrá que acudir cada 15 días a los juzgados. ¿Por qué? Esta mujer de 44 años, que ha quedado en libertad por decisión de la titular del Juzgado de Instrucción 53 de Madrid, está investigada por presuntamente haber secuestrado a su hija, lo que se conoce como delito de sustracción de menores.

El sábado la detuvieron en La Cabrera, un municipio de la Sierra Norte de Madrid, donde se encontraba con la niña. Desde 2017 se hallaba en paradero desconocido: alquiló su casa, se pidió una excedencia en el trabajo y dejó de llevar a la menor al colegio. El padre, Daniel I. Aguirre, que explicó su versión de lo ocurrido a través de El Mundo –medio en el que trabaja como periodista–, ahora es quien se encarga de ella. Este hombre sostiene que desde que empezaron los problemas en 2014 (tres años después de separarse), ha acumulado "unas 200" denuncias contra Patricia.

Pero el detonante que ha agilizado todo el proceso de detención se dio el mes pasado. Después de que se publicase la noticia de la detención de María Sevilla –la presidenta de la asociación Infancia Libre que tuvo secuestrado a su hijo durante dos años en una finca de Cuenca–, Daniel se puso en contacto con los agentes que investigaron el caso, pertenecientes a la Unidad Adscrita de Policía Nacional a los Juzgados. Al haber tantas similitudes entre ambos acontecimientos [pues la mujer de Daniel también pertenecía a la asociación Infancia Libre], los agentes comenzaron a tirar del hilo para dar con el paradero de Patricia. En ambos casos, los padres fueron denunciados falsamante por abusos sexuales (tan solo el 0,011% de las denuncias por violencia de género que se han presentado desde 2009 son falsas, según la última memoria anual de la Fiscalía General del Estado).

"Han sido años de angustia"

Patricia comenzó incumpliendo en numerosas ocasiones el régimen de visitas. Más tarde tuvo lugar un acontecimiento que marcó el antes y el después:"Estando en mi casa, la niña se había puesto a jugar con la silla de ruedas que tenía frente al ordenador, y cogiéndola por el respaldo daba vueltas sobre sí misma con la mala fortuna de que perdió el equilibrio y al caer arrastró la silla hacia ella, que le pisó con la rueda en los genitales". El padre le aplicó una pomada por recomendación de sus tías, que son pediatras, pero la madre, tras ver el hematoma, la llevó al hospital y le dijo a Daniel que fuese "a dar explicaciones": "A saber qué le has hecho". Este enseñó el vídeo de la caída, pues justo cuando se produjo el incidente estaba grabando a la cría.

En otra ocasión, Patricia llamó a Daniel. "Dile, dile lo que me has dicho", le pedía a la pequeña, que respondió: "Que me has mordido en el menene y no quiero ir contigo...". Tras llamar a su abogada, Daniel denunció el epidosio. Más tarde llegó la denuncia por abusos, que se archivó después de que los médicos forenses examinasen a ambas. "Han sido años de angustia", lamenta Daniel, que recomienda a todo aquel que pase por una situación similar "seguir luchando y tener fuerza" porque "los niños no tienen la culpa".