Naturalistas
Las ganas de ver lobos en libertad condujeron a un grupo de amantes de la naturaleza a este enclave de la Sierra de la Cabrera. ASOCIACIÓN CABRERA NATURAL

Esta historia comienza en 1996 y, como todas aquellas que terminan generando un cambio, está propulsada por una pasión. "Para mí, lo mejor del mundo es estar en el monte con unos prismáticos viendo a un lobo correr. No hay cosa que se asemeje a eso". Y así fue como José Antonio Ballester, naturalista, se compró aquel año unas ruinas en Valdavido, una recóndita pedanía de León con poco más de diez habitantes.

Las ganas de ver lobos en libertad le condujeron a él y a un grupo suyo de colegas -todos ellos alicantinos dedicados a la naturaleza- a la Sierra de la Culebra (Zamora), donde se suponía que los encontrarían. Pero no hubo éxito. Sin que aquello les frenase, contactaron con un conocido que había hecho una tesis sobre estos animales en la Sierra de Cabrera (León), a la que pertenece Valdavido.

Allí sí consiguieron su objetivo y, tras el "flechazo" que tuvieron con la comarca, fueron adquiriendo con el paso del tiempo unas nueve casas en ruinas que han ido restaurando para tener un sitio al que escaparse para poder conectar con la naturaleza.

Uno de los momentos en los que José Antonio sintió esa "chispa" de unión con el entorno se produjo el pasado noviembre. "Subí a casa con mi perra. Me había acostado hace un rato y a los pocos minutos se puso a ladrar como loca. Me asusté porque no había nadie en el pueblo. Empecé a oír un sonido. Salí al balcón y tenía a unos 30 metros de mi casa a un grupo de seis lobos aullando. Se tiraron así más de cinco minutos. Los oía como si los tuviese dentro de casa. Eso, para un naturalista... No encuentro un símil con el que explicar lo que significa. Es una conexión con lo que hemos sido el 99% de nuestra historia evolutiva, cuando vivíamos en contacto con la naturaleza".

Por momentos como esos, cada vez más complicados de experimentar debido a la ruptura del hombre con el mundo natural, el grupo se marcó una prioridad cuando aterrizó en Valdavido: sacar al lobo lo más rápido posible del punto de mira de los cazadores en el pueblo. "Por aquel entonces, el plan cinegético [que es quinquenal] permitía cazar legalmente tres lobos. Participamos en la redacción del siguiente plan técnico y excluimos a los lobos de él. Desde entonces hasta hoy, en la comarca ya no se pueden cazar, por lo menos legalmente".

Y no solo eso. Desde que llegaron, gracias al espíritu conservacionista de la Junta Vecinal del pueblo, Valdavido ha conseguido convertirse en un modelo a seguir en la gestión de los recursos naturales y culturales de la zona. En todo este tiempo los vecinos se han preocupado de administrar de manera sostenible sus recursos forestales, ganaderos, piscícolas y cinegéticos, consiguiendo unos beneficios que les han permitido ser prácticamente autosuficientes. "Ingresamos dinero de multitud de recursos: el de las abejas nos paga, el ganadero nos paga, el de la caza nos paga, el de la madera nos paga... En Valdavido no debemos un duro a nadie".

Además, gracias al enclave de alto valor ecológico en el que se sitúa la pedanía, muchas entidades que se dedican a conservar la biodiversidad han firmado acuerdos de custodia del territorio con su Junta Vecinal. Se trata de una especie de convenios en los que los propietarios de los terrenos –en este caso los vecinos de Valdavido– colaboran con los 'guardianes' del medioambiente en España, que son todas aquellas personas, entidades, ayuntamientos... que desean cuidar de la naturaleza pero que necesitan ponerse de acuerdo con sus 'dueños', quienes, como sucede en este caso, en ocasiones también dedican sus esfuerzos a la protección del medioambiente. Los acuerdos están promovidos por la Plataforma de Custodia del Territorio, un proyecto de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica.

Por eso, tienen establecidos este tipo de acuerdos con la Fundación Oso Pardo, pues Valdavido se ubica en una zona de expansión de la especie, o con la reserva ornitológica de SEO/BirdLife, entre otros. Gracias a este último, los vecinos llevan dos años seguidos poniendo con los críos "40 o 50 cajas-nido por el pueblo". "Al hacer las obras de restauración de las ruinas, muchas aves asociadas a los medios urbanos pierden sitios donde nidificar, y eso hemos tratado paliarlo a base de instalar estas cajas".

La Custodia, cada vez más necesaria

España es el país con más biodiversidad de toda Europa: cuenta con más de 85.000 especies, es el segundo país más montañoso del continente, alberga el 54% de los hábitats terrestres de interés comunitario, tres de los 11 grandes ecosistemas marinos están representados en España y es el país de la Unión Europea que más superficie aporta a la Red Natura 2000.

Pero toda esta riqueza, si no se protege de los diferentes actores que amenazan con destruirla -con el humano como principal exponente-, es fácil que se eche a perder. Por eso, los 'guardianes' de la naturaleza son cada vez más necesarios. Los datos de 2017 -los últimos disponibles- cifran en 148 el número de estas entidades. Tienen encomendada una tarea titánica: conservar un vasto territorio que cada vez es más frágil. El problema es que "no son suficientes", advierte Óscar Prada, coordinador de la plataforma de Custodia del Territorio, que explica a 20minutos que por eso se están viendo obligados a seleccionar "dónde hacer la custodia".

Además, aquellos que dedican su tiempo y esfuerzo a esta conservación lo hacen de manera voluntaria, aunque sí reciben beneficios como la facilitación de acceso a subvenciones y ayudas públicas; asesoramiento ambiental o de gestión; o mejoras en la conservación de la biodiversidad y estructurales de las fincas (vallados, puntos de agua, muros de piedra seca, setos, nidales, majanos para conejos, hoteles de insectos ...), entre otros.

En pocos casos reciben compensación económica para repartir entre sus integrantes y, si hay fortuna y se consiguen fondos, generalmente se emplean en acciones sobre el terreno. No obstante, hay algunas entidades que cuentan con personal profesional (por ejemplo, SEO/BirdLife) que de forma indirecta pueden recibir alguna compensación.

Matador inocente

Una de las personas que más hizo por la conservación de los lobos fue Félix Rodríguez de la Fuente, uno de los más importantes defensores de la naturaleza en España, conocido por su famoso programa El hombre y la Tierra. Él fue quien consiguió modificar la Ley de Caza del siglo XX que permitía acabar con estos cánidos salvajes durante todo el año, por cualquier método, para que pasase a ser considerado una especie cinegética sometida a un régimen de vedas anuales.

"Un superdepredador no tiene más remedio que matar para comer", explicaba De la Fuente en uno de sus capítulos dedicados al lobo ibérico, al que describió como un "matador inocente".

El divulgador también estuvo detrás del primer acuerdo de custodia del territorio que se estableció en España: propuso a la población de Riaza (Segovia) la creación de un refugio de aves rapaces tras comprobar que sus poblaciones estaban en declive. Así, en 1975 se inauguró el Refugio de Rapaces de Montejo.

El lobo, en la cuerda floja

En La Cabrera la conflictividad con el lobo nunca ha sido alarmante, "básicamente porque se despobló de humanos, lo que produjo que la ganadería cayese mucho mientras que el número de ungulados silvestres crecía. Por eso, al lobo le matan (ilegalmente) si le ven, pero no le persiguen con el odio que sí lo hacen en la cordillera Cantábrica", cuenta José Antonio a este periódico.

Precisamente, esa es una de las lacras que más han mermado las poblaciones de lobos, ya de por sí escasas debido a su naturaleza. La persecución humana que sufrieron en los años 70 los llevó al borde de la extinción, y hoy, aunque la situación está más controlada, su futuro sigue siendo frágil.

El último censo del lobo ibérico en España publicado por el Ministerio para la Transición Ecológica (2012-2015) cifra en 278 las manadas -integradas por unos 9 lobos de media- que habitan en el país. Hay que tener en cuenta que simplemente en 2017 murieron entre 500 y 650 lobos envenenados, atropellados, cazados legal e ilegalmente o eliminados por parte de la administración, según el informe Por la convivencia del hombre y el lobo, realizado por el Voluntariado Nacional para el Censo del Lobo Ibérico.