Atentado en Bagdad
Lugar en el que Estado Islámico ha explosionado un camión bomba con el que ha provocado uno de los atentados más sangrientos en la historia de Irak. EFE

Jennifer W. es alemana y en 2014 se marchó junto a su marido iraquí a Siria para sumarse al autodenominado Estado Islámico. A sus 27 años, protagoniza el primer caso de un juicio a una militante de Estado Islámico en Alemania, que se está celebrando estos días, por supuestos crímenes contra el derecho internacional cometidos contra víctimas yazidíes.

Se le acusa de haber comprado junto a su esposo a una niña de cinco años y a su madre, ambas de la minoría yazidí y procedentes de un grupo de prisioneros de guerra, y a las que esclavizaron en su casa de Faluya (Irak). Pero aún hay más: la pequeña enfermó un día y mojó el colchón, por lo que fue castigada dejándola en la calle a 45 grados centígrados. La niña murió de sed y ninguno de los dos hizo nada por evitarlo.

Según cuenta The New York Times, Jennifer W. fue deportada a Alemania tras ser detenida en Turquía en 2016. En su país natal quedó en libertad, pero esta le duró hasta junio de 2018, cuando se subió a un coche que supuestamente le iba a llevar de vuelta a Siria pero que en realidad fue una trampa del FBI. Al conductor, colaborador de los servicios secretos, le confesó todo lo sucedido. El viaje Jennifer W. terminó en Baviera, donde fue detenida y encarcelada. Su marido, en cambio, sigue en paradero desconocido.

La madre de la niña yazidí, que tuvo que ver cómo su hija moría de sed, se llama Nora R. y ha presentado una solicitud para declarar como testigo en el juicio.

El pasado martes 9 de abril comenzó la vista oral de este juicio, cuando Jennifer W. se presentó con la cara cubierta por una carpeta y según el medio estadounidense, durante los 15 minutos que duró su comperecencia no mostró ningún tipo de emoción. La acusada se acogió a su derecho a no declarar.

Cuando Estado Islámico se extendió por el norte de Irak en 2014, miles de mujeres yazidíes fueron abducidas y vendidas como esclavas y fueron víctimas de agresions sexuales. Un crimen contra el que lucha Nadia Murad, que fue esclava sexual del EI y en 2018 ganó el Premio Nobel de la Paz por su trabajo contra la impunidad de estos crímenes.