La natalidad está en España en mínimos históricos y en caída libre, pero no es porque las mujeres no quieran ser madres. Todo lo contrario. Casi la mitad de las mujeres de edades comprendidas entre 18 y 55 años desean tener dos hijos en total. Los porcentajes más elevados, del 48%, se dan entre las de 25 a 29 años y entre las de 40 años y más. Por su parte, el porcentaje de mujeres que quieren tener tres hijos ronda el 25%.

Si se suman estos dos grupos, resulta que casi tres de cada cuatro mujeres quieren tener al menos dos hijos, según revela la última encuesta sobre fecundidad hecha pública este miércoles por el INE (PDF). Y apenas una de cada 10 mujeres mayores de 30 años no desea tenerlos.

El porcentaje de mujeres en España que no desea ser madre aumenta según disminuye la edad de las encuestadas. Eso sí, el 27,0% de las menores de 25 años no quiere tenerlos, aunque alegan como motivo principal que son "demasiado jóvenes".

La encuesta del INE, realizada por última vez en 1999, constata que las mujeres residentes en España tienen menos hijos de los que quisieran. E identifica los factores determinantes del bajo nivel de fecundidad actual, como los ingresos, la conciliación, las ayudas o la vida en pareja.

Permisos de maternidad/paternidad y conciliación

La mayor parte de las mujeres por debajo de 35 años todavía "espera tener más hijos". Pero a partir de los 35 años, las "razones laborales" o de "conciliación de la vida familiar y laboral" y "económicas" son las más importantes por las que las mujeres expresan que han tenido menos hijos de los deseados.

El principal incentivo a la natalidad que demandan al Estado es un aumento de la duración del permiso de maternidad y paternidad. El segundo incentivo es la "flexibilidad en el horario de trabajo para padres y madres con hijos pequeños". Asismismo, una amplia mayoría de las mujeres mayores de 30 años creen que la natalidad debe ser incentivada por el Estado.

El INE, que por primera vez ha preguntado sobre fecundidad a los hombres, ha descubierto que "no hay grandes diferencias entre el número de hijos deseados por hombres y mujeres". La mayor diferencia se da en los hombres que quieren tener tres hijos, que es un porcentaje inferior al de las mujeres. Como ocurre con las mujeres, ellos también desean tener principalmente dos hijos en total.

El desafío de la baja fecundidad en España en 2018

En 'El desafío de la baja fecundidad en España', el capítulo del Informe España 2018 de las sociólogas del CSIC Teresa Castro y Teresa Martín, que se publica el 4 de diciembre, se constata que España se sitúa "desde hace tiempo entre los países con una fecundidad más baja, tanto en el contexto europeo como en el contexto mundial".

Las autoras recuerdan que "el índice sintético de fecundidad cruzó el umbral de reemplazo generacional (2,1 hijos por mujer) en 1981 y continuó descendiendo hasta situarse en el nivel actual: 1,3 hijos por mujer. Aunque la tasa de fecundidad ha experimentado ligeras fluctuaciones –por ejemplo, un modesto ascenso al inicio de este siglo, que se vio truncado con la llegada de la crisis económica–, lo cierto es que ya lleva tres décadas por debajo de 1,5 hijos por mujer", advierten Castro y Martín.

"Tener hijos forma parte de las aspiraciones vitales de una amplia mayoría de personas y por tanto constituye una dimensión importante de su bienestar. En el caso de España, la tasa de fecundidad se sitúa bastante por debajo de las aspiraciones reproductivas individuales, ya que la preferencia por los dos hijos continúa siendo mayoritaria. Esta brecha entre deseos y realidades apunta a la existencia de una serie de barreras en la sociedad que dificultan a muchas personas hacer realidad su proyecto de familia", agregan.

Ellas aprecian, entre esas barreras: dificultades de acceso al empleo y a la vivienda, la inestabilidad y los bajos salarios en los estadios iniciales de la trayectoria laboral, la desigualdad entre hombres y mujeres en las responsabilidades asumidas en la crianza, las dificultades de conciliación y las escasas políticas sociales de apoyo al cuidado.

A su juicio, "las políticas públicas deberían reorientarse para reducir las limitaciones a las que se enfrentan en el presente las personas que desean tener hijos, con el fin de maximizar el bienestar individual y colectivo".