Enrique Moradiellos
El historiador Enrique Moradiellos, durante su entrevista con 20minutos en Madrid. JORGE PARÍS

A Enrique Moradiellos (Oviedo, 1961), catedrático de Historia Contemporánea y Premio Nacional de Historia 2017, su editorial lo convenció para adaptar al público español un libro sobre Franco que había escrito para el mundo anglosajón. Tenía dudas, pero accedió. Franco. Anatomía de un dictador (Turner, 2018) sale en pleno debate sobre la exhumación de los restos del dictador del Valle de los Caídos y su problemático destino y ha metido en plena batalla mediática a su autor. "Estoy un poco sobrepasado", confiesa.

"No hice este libro en seis meses para aprovechar la coyuntura actual", explica Mortadiellos, "lo escribí pensando en Franco como un espectro del pasado, progresivamente olvidado y poco operativo en la vida real, aunque su cultura cívica y política, su venalidad ante la corrupción sigan presentes". Pero avisa que, ante las polémicas actuales, "no ofrece soluciones".

¿Hay que exhumar los restos de Franco del Valle de los Caídos?
Sí, había que hacerlo, aunque quizá se esté haciendo a destiempo y probablemente no de la mejor manera. Sus restos no deberían permanecer allí por tres motivos que no son de pasión política: Franco no fue un caído, no murió en la guerra ni en la represión, con lo que su presencia choca con la concepción del edificio; segundo, es una basílica católica y su cuerpo está en el trascoro, lo que litúrgicamente convierte la basílica en el mausoleo de Franco y le da un carácter sectario; y tercero, Patrimonio Nacional está al cargo de la custodia y mantenimiento del monumento, pero no de la tumba de Azaña, por ejemplo: no es normal que un ente público tenga a su cargo el mausoleo de Franco. Hay que resignificar el Valle, pero debe hacerse a través de políticas transpartidistas, transectoriales y transgeneracionales. Con mucho cuidado: es obligado no humillar a unos, ni enaltecer a otros.

¿Se tendría que convertir en un museo de la Guerra Civil y el franquismo?
Creo que es un monumento histórico que hay que preservar, a pesar de ser nacionalcatólico. No estoy de acuerdo con quienes quieren dinamitarlo. Me parece una locura. Preservar la memoria histórica derribando edificios es absurdo. Lo que puede hacerse es convertirlo en otra cosa, darle un sentido explicativo, de centro de memoria histórica, si se quiere, de interpretación de la guerra, todo lo equilibrado y ecuánime, no sectario, que se pueda. Eso es obra política, no es labor de historiadores o de la sociedad. No debería usarse el cortoplacismo en estos temas, porque normalmente sale mal.

Explica que los españoles no conocemos a Franco. Sorprende, con su presencia persistente en el debate mediático y político...
Depende lo que entendamos por conocer. Reconocer el nombre no implica conocimiento. El conocimiento de los españoles sobre Franco es de brocha gorda.

En España la izquierda, tradicionalmente, está muy interesada en la memoria histórica, la derecha lo está bastante menos...
En la memoria histórica sobre la Guerra Civil y el franquismo; sin embargo, en la de ETA sí está interesada. Cada uno cuenta la feria según le va en ella.

Aún así, parece que hay mucho interés en la memoria, pero menos en el conocimiento, en dar dinero para archivos, excavaciones e investigaciones.
Sí. Tengo muchas reservas con el llamado movimiento memorialista. No me refiero a buscar las fosas y exhumar los cuerpos. Eso es una anomalía con la que tiene que acabar el Estado. Pero como historiador pongo en cuestión el concepto de memoria histórica: que lo histórico sea el adjetivo del sustantivo memoria me pone muy nervioso. La historia trata de encontrar la verdad sobre el pasado basándose en pruebas testimoniales, circunstanciales y materiales. Busca dar una explicación. La memoria de las personas y los colectivos solo es un material, no una referencia sacrosanta. Además, la memoria es, por definición, individual y sobre lo que uno ha vivido. No guardo memoria de julio del 36 porque no estaba allí. Tengo conocimiento, impresión e imagen por lecturas, películas, ¿pero eso es lo mismo que memoria? Nos parece sensato hacer memoria así de la Guerra Civil, pero ¿de la guerra de Sucesión? No, eso está muy lejos. La historia es un elemento que actúa como filtro crítico y catártico. Hoy estamos en presencia del culto al testimonio de la víctima. Yo no quiero el testimonio de la víctima o del verdugo, quiero los dos. Además, una víctima puede ser luego verdugo. Los polacos fueron víctimas de la ocupación alemana, pero a su vez aprovecharon esa invasión para ajustar cuentas con los judíos. Esa es la complejidad de la historia: cuando en la Guerra Civil dejas la brocha gorda y desciendes a las particularidades descubres que había gente que había sido la base social de la UGT en un lugar y que acaban en los sindicatos verticales. ¿Por qué? A lo mejor tenían ganas de sobrevivir. La historia tiene una mirada desacralizadora, destruye la brocha gorda y el simplismo.

Pero está fuera del debate público...
Lo está, pero debería estar dentro. Una sociedad plural y democrática, con un pasado traumático como la Guerra Civil, debe tener ese debate. Pero tampoco podemos caer en el tópico hispanocéntrico, de que el caso de España es diferente. No, cronológicamente la Guerra Civil del 36 no fue la única, ni la más importante en España: te diría que lo fue más la primera Guerra Carlista, por número de muertos y otras razones. En términos geopolíticos, en la época de entreguerras hay al menos cuatro guerras civiles en Europa similares a la nuestra y que deberíamos tener en cuenta: la guerra civil rusa tras la revolución de 1917; la finlandesa; la griega; y la lucha de la resistencia francesa contra Vichy. Las películas nos han hecho creer que luchaban contra los nazis, pero sus ataques, la mayoría de veces, iban dirigidas contra otros franceses. La complejidad del fenómeno hace que tengamos que aprender mucho viendo lo que pasó en otros países.

¿Fue Franco un dictador fascista?
No. El régimen franquista fue una coalición de tres patas: el ejército, la Iglesia católica y la Falange, que era el elemento propiamente fascista y que empezaría a perder protagonismo a partir de 1942 en favor del nacional catolicismo. Pero el pilar más importante siempre fue el ejército, que le dio a Franco la victoria en el 36. La sublevación no fue fascista, sino militar y reaccionaria. Y decir eso no rebaja la dureza del régimen. Pero Franco tuvo la suficiente inteligencia política para no apoyarse solo en el Ejército, no solo fue un portavoz de los militares como Videla o Pinochet. Logró ampliar sus bases y recibió un vital apoyo de otra fuerza bien engrasada durante siglos en España: la Iglesia católica.

Así que, ¿el Valle de los Caídos no es un monumento fascista?
No, es nacional católico. ¿Iban a construir Oswald Mosley, Primo de Rivera, Mussolini o Hitler una abadía benedictina con una cruz inmensa? El fascismo es un movimiento secular, casi neopagano. Buscaban, en todo caso, iglesias integradas.

El ejército español parece limpio, en su mayoría, a día de hoy de la influencia franquista, ¿y la Iglesia católica?
Creo que también, pero hay que comprender que la Iglesia española no fue colaboradora del franquismo, fue parte del franquismo. Supuso el segundo pilar del régimen: encumbraron a Franco como enviado de la providencia, le aplicaron el derecho divino. Franco logra amalgamar a todas las derechas bajo su liderazgo y se pone al frente de los tres pilares del Estado: es jefe del Estado ante Dios y ante la Historia. El caudillo, la traducción española de Führer.

A los españoles que no vivieron el franquismo, ¿qué deberían tener claro sobre ese tiempo por cultura democrática?
Debería saber que el franquismo es incomprensible sin la Guerra Civil: fue la institucionalización y el disfrute de la victoria militar durante 40 años. Fue un derecho de conquista similar al del Partido Comunista Chino. Franco en esa guerra encarnó los deseos y temores de aquella España reaccionaria que veía en la democracia de la Segunda República un sistema débil que iba a abrir la puerta a la revolución. Deberían saber que su causa estuvo bendecida por la Iglesia. Por último, deberían comprender que Franco encarnó, durante su régimen, la soberanía nacional y que se reservó todos los poderes del Estado.

¿Por eso no sobrevivió sin él?
En regímenes tan personalistas se sabe quién manda ahora, pero no quién manda luego. Puedes transformarlo en un régimen carismático o racionalizarlo de modo plebiscitario, que es lo que acabó pasando. Otros como Corea del Norte logran crear una dinastía comunista, de padres a hijos. A Mubarak y a Gadafi ese intento les salió mal.

Y ¿muerto el líder, acabó el régimen?
Las transformaciones sociales de España habían sido tan grandes y tan similares a las del resto de Europa occidental que la estructura política resultaba anacrónica. Era una España teóricamente nacional católica en que la lectura favorita de los universitarios era Sartre y que las mujeres consumían la píldora: había un desfase entre la realidad política y la social. Pero la política tenía que esperar a que muriera el caudillo, porque no quiso retirarse. Y duro muchísimo para la época, tuvo una salud de hierro. La Transición fue compleja pero relativamente fácil porque fue el remate político a una transformación social que ya se había producido. Los españoles ya éramos europeos en gustos, valores políticos y repudio a la violencia porque eso había llegado por el turismo, el cine, las lecturas, los emigrantes... La élite supo que sin Franco no había franquismo y el rey no heredaba los poderes ilimitados del dictador.

¿Cómo valora el auge de los partidos de extrema derecha por toda Europa y el caso de Vox en España?
No creo que estemos ante un resurgimiento del nazismo, del fascismo o, en este caso, del franquismo. Los problemas de estos movimientos tienen que ver con el fracaso de algunas democracias para mantener el nivel de vida o las expectativas de futuro o de no resolver temores de parte de la población ante la globalización o la inmigración. La gente, asustada, como siempre, suele buscar con su voto alternativas no contaminadas o que ofrecen soluciones rápidas y simples, aunque se equivoquen. La democracia se basa en el derecho a votar, pero no implica que siempre se acierte.

¿Y eso no es lo mismo que pasó antes?
Fíjate en Brasil: qué horror que en un país tan poblado, la mitad de ellos haya votado por Bolsonaro. ¿Quiere decir que la mitad de los brasileños se han vuelto fascistas? No, quiere decir están hartos de los anteriores y que no ven soluciones. Probablemente han comprado el mensaje de mano duro ante la inseguridad y han pensado: vamos a probar. Y lo mismo con los alemanes, ¿están volviendo otra vez a ser nazis? Ellos saben bien qué pasó con el nazismo, pero están preocupados por sus salarios, los inmigrantes, los cambios culturales que implican... Y eso, suele atraer a los extremos. Hay que mirar más al presente que al revival del pasado con estos fenómenos. Los que se consideran hoy neofranquistas dan por hecho y están de acuerdo con cosas como el divorcio que el franquismo no habría tolerado ni por asomo.